Pedro Sánchez visita China en un momento de gran tensión geopolítica. España busca profundizar los lazos comerciales y celebrar el cincuenta aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas con Pekín, pero será inevitable hablar de la guerra de Ucrania. Hace solo una semana Xi Jinping visitó Rusia, donde demostró la buena sintonía que tiene con Vladímir Putin y defendió el plan de paz propuesto por China, que pide el fin de las hostilidades desde la equidistancia y sin concretar medidas específicas.
Aunque Occidente ve con suspicacia el plan chino y la alianza entre Pekín y Moscú, la reunión de Xi y Sánchez es una oportunidad para ambos. China quiere presentarse como país mediador en el conflicto y España situarse como un actor relevante en las negociaciones aprovechando que va a ocupar la presidencia rotatoria del Consejo Europeo, la cumbre de líderes de la UE, en la segunda mitad del año. A la visita de Sánchez le sucederán las de otros líderes europeos, lo que demuestra que, frente a la postura de confrontación de Estados Unidos, Reino Unido o Polonia, tanto a China como a la UE les interesa mantener buenas relaciones de cara a una futura paz.
China no quiere aislarse junto a Rusia, quiere mediar
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