Pedro Sánchez visita China en un momento de gran tensión geopolítica. España busca profundizar los lazos comerciales y celebrar el cincuenta aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas con Pekín, pero será inevitable hablar de la guerra de Ucrania. Hace solo una semana Xi Jinping visitó Rusia, donde demostró la buena sintonía que tiene con Vladímir Putin y defendió el plan de paz propuesto por China, que pide el fin de las hostilidades desde la equidistancia y sin concretar medidas específicas.
Aunque Occidente ve con suspicacia el plan chino y la alianza entre Pekín y Moscú, la reunión de Xi y Sánchez es una oportunidad para ambos. China quiere presentarse como país mediador en el conflicto y España situarse como un actor relevante en las negociaciones aprovechando que va a ocupar la presidencia rotatoria del Consejo Europeo, la cumbre de líderes de la UE, en la segunda mitad del año. A la visita de Sánchez le sucederán las de otros líderes europeos, lo que demuestra que, frente a la postura de confrontación de Estados Unidos, Reino Unido o Polonia, tanto a China como a la UE les interesa mantener buenas relaciones de cara a una futura paz.
China no quiere aislarse junto a Rusia, quiere mediar
China está reforzando su papel en la guerra de Ucrania. En los primeros meses de conflicto se mantuvo en un segundo plano, adoptando una equidistancia incómoda: no condenó la invasión pero tampoco defendió a Rusia. Pero ahora quiere acercarse más a Moscú: se ha convertido en uno de sus principales compradores de hidrocarburos ante el veto europeo y le está proveyendo de material de doble uso no sujeto a sanciones, como drones. A China le interesa Rusia por este vasallaje comercial y la presión contra Estados Unidos que pueden ejercer juntos.
Pero China no se limita a acercarse a Rusia, sino que se está presentando como defensora del diálogo y la paz. Así lo demuestra el plan de doce puntos que presentó en enero, donde defendía el respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados, el fin de las hostilidades y de las sanciones unilaterales, y la apuesta por la diplomacia. Sin embargo, no condena explícitamente la invasión y critica de forma implícita el expansionismo de la OTAN. Para Estados Unidos y la UE la propuesta china se queda corta. De hecho, Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, afirmó que “había que hacer un esfuerzo intelectual para verlo como un plan de paz”.
La estrategia diplomática china coincide con el aumento de tensiones con Estados Unidos. Washington ha insinuado que China se estaba planteando apoyar militarmente a Rusia, aunque admiten que todavía no hay pruebas de ello. Mientras tanto, Pekín ahonda en sus intentos de tejer redes de influencia globales. Prueba de ello es que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, haya invitado a Xi Jinping a visitar Kiev. Otras muestras de esta estrategia fuera de Europa son que Honduras haya retirado su apoyo a Taiwán, los planes para un encuentro entre el presidente de Brasil, Lula da Silva, y Xi Jinping o la inversión china de 240.000 millones de dólares para rescatar a países endeudados por la Nueva Ruta de la Seda.
España sigue ganando presencia internacional
El Gobierno español también espera beneficiarse de esta cumbre: para Madrid, es una prueba de que China reconoce el peso internacional de España. Sin embargo, la visita no tratará sobre la guerra: se agendó el pasado noviembre en la reunión del G20 en Bali y es de carácter bilateral. Las conversaciones se centrarán en la relación económica entre los dos países, que ha aumentado en los últimos años. China se convirtió en 2022 en el mayor proveedor de importaciones de España, por delante de Alemania, y a principios de 2023 es el país que más crece como exportador a España. No en vano en el primer día de su viaje, Sánchez participó en el Foro Económico de Boao, considerado la alternativa china al Foro de Davos.
Aun así, la guerra estará presente en el debate. Sánchez ha reiterado que apoya la postura de Ucrania, pero también que quiere “contribuir a estos esfuerzos” de China por abrir vías de diálogo. Ocupar la presidencia rotatoria del Consejo Europeo entre julio y diciembre posicionará a España como un actor relevante en futuras negociaciones, especialmente si la guerra se estanca. Además, España también ha lanzado una política exterior muy activa en Europa desde el fin de la pandemia. Prueba de ello son sus logros en materia energética, como la aprobación de la excepción ibérica al gas, o su propuesta de una cumbre entre la UE y América Latina, que se celebrará en julio. Sánchez también hace un cálculo interno: reforzar su imagen en política exterior puede beneficiarle de cara a las elecciones municipales, autonómicas y generales de este año en España.
Esta visita bien podría haber perjudicado a Sánchez, como le ocurrió al canciller alemán, Olaf Scholz, cuando viajó a China en noviembre. Scholz fue criticado por priorizar la economía alemana sobre la seguridad europea, profundizando su dependencia del gigante asiático. Sin embargo, la cumbre española se enmarca en una gira de varios líderes europeos por lo que el mensaje es de coordinación entre socios, y llega después de que China propusiera su plan de paz. De hecho, será más importante la visita conjunta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente francés, Emmanuel Macron, en las próximas semanas, que se prevé que trate más sobre la guerra. También es posible que la presidenta italiana, Giorgia Meloni, y el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, visiten China pronto.
Europa compite pero no confronta
Los contactos bilaterales sino-europeos prueban que Bruselas no comparte la estrategia de confrontación de Estados Unidos o el Reino Unido. Por el contrario, la UE cree que hay que escuchar a China. Ya lo demostraron las visitas de Scholz y del presidente del Consejo Europeo Charles Michel a finales de 2022 y lo reforzarán las de Sánchez, Von der Leyen, Macron, Meloni o Borrell. Si la guerra se estanca, las divisiones dentro de la Unión sobre el futuro de Ucrania se harán más evidentes. Y ahí la propuesta de China podría ganar importancia.
También hay que tener en cuenta el propio contexto europeo. Frente a Estados Unidos, un único país con una una única política exterior, la UE aúna los intereses dispares de veintisiete países. Esto también se refleja en las relaciones con China. Si bien el gigante asiático es el principal socio comercial de la UE, su influencia varía de país a país. Todos los socios coinciden en señalarlo como competidor, pero países como Italia, Alemania o España tienen una postura más conciliadora mientras que otros como Lituania son más críticos. Aunque esto puede lastrar la autonomía estratégica europea, también demuestra una visión más completa de la actualidad internacional. Sentarse con China y escuchar lo que tiene que decir, sin necesariamente aceptarlo, es establecer cauces diplomáticos que pueden ser beneficiosos a futuro.