Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) fueron ocho grupos de metas globales que los jefes de Estado y de Gobierno formularon en la ONU para alcanzar antes de 2015. Estos eran acabar con la pobreza y el hambre, la mortalidad de los niños y ciertas enfermedades, mejorar la igualdad de género, la salud de las madres, la educación y la sostenibilidad, así como conseguir una alianza mundial para el desarrollo. Se consiguieron avances significativos, pero no todo lo esperado, así que los Estados miembros de la ONU decidieron reformularlos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.
La Declaración del milenio
La Asamblea General de Naciones Unidas convocó en 1998 la Cumbre del Milenio con el objetivo de formular un proyecto común para el nuevo siglo. Se celebró del 6 al 8 de septiembre del 2000. Tras las reuniones, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 55/2, más conocida como Declaración del milenio. Estableció valores y principios fundamentales para las relaciones internacionales: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto de la naturaleza y responsabilidad común.
En su tercer apartado, los líderes globales se pusieron de acuerdo en temas de desarrollo y erradicación de la pobreza. Las negociaciones resultaron en la formulación de distintas acciones que pueden resumirse en los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, con diferentes metas para 2015. También se estableció el Grupo Inter-Agencial de Expertos en indicadores ODM, coordinado por la División de Estadística de Naciones Unidas con el fin de hacerles seguimiento.
Para cumplir los ODM se fijaron veintiún metas de cara a 2015. Incluían reducir a la mitad las personas en situación de pobreza extrema y hambre y conseguir el pleno empleo, enseñanza primaria para todos y que sea igualitaria entre sexos. También reducir dos tercios la mortalidad infantil y un 75% la de las madres, reducir la propagación de enfermedades y conseguir el acceso universal a sus tratamientos. Todo ello debía alcanzarse de manera sostenible, ayudando a reducir la pérdida de especies, el número de personas sin acceso a agua potable y el número de personas que habitan en barrios marginales. Por último, la alianza mundial para el desarrollo implicaba un sistema comercial y financiero abierto, sobre todo ayudando a los países menos desarrollados y con problemas de deuda.
A su vez, los ODM pusieron de manifiesto la dependencia entre el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible. También la necesidad de la democracia, del Estado de derecho y del respeto a los derechos humanos la paz y seguridad. La formulación de los ODM fue histórica, ya que los países establecieron por primera vez un discurso común para alcanzar objetivos cuantificables y realistas para el desarrollo global.
Los ODM ayudaron, pero fueron insuficientes
Entre 1990 y 2015 se consiguieron varios logros a nivel mundial en relación a los ODM. El número de personas hambrientas se redujo a menos de mil millones, la pobreza extrema pasó de 50% a 14% y la proporción de personas desnutridas se redujo casi a la mitad. Asimismo, los niños que no acudían a la escuela pasaron de cien a 57 millones, y se eliminaron diferencias de género en educación, política y mercado de trabajo. Las tasas de mortalidad de menores de cinco años y por maternidad se redujeron en torno a la mitad. Además, la infección de VIH se redujo en un 40% y la malaria en un 47% entre 2000 y 2013. Todo ello contó con el respaldo del aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo, que aumentó en 66%.
Sin embargo, no se cumplieron todas las metas o faltaron avances significativos en algunos objetivos. Por ello, cuando terminaba el plazo para conseguirlos, los países vieron la necesidad de reemplazarlos. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, también conocida como Río+20, lo puso de manifiesto en 2012. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fue aprobada en 2015 por los 193 Estados Miembros de Naciones Unidas y estableció diecisiete objetivos y 169 metas.