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El Plan Dalet fue la estrategia sionista de expulsar a la población árabe de Palestina para controlar el territorio y establecer el Estado de Israel. Se implementó a principios de 1948 y el objetivo era ocupar esos pueblos para ampliar las fronteras del futuro Estado judío. El Plan Dalet recibe su nombre de la cuarta letra del alfabeto hebreo, y siguió la estela de los planes Alpha, Bet o Guimel, que desarrollaban la estrategia para la ocupación forzosa de Palestina.
Una expulsión deliberada
Los judíos europeos habían migrado a Palestina desde finales del siglo XIX huyendo del antisemitismo. Con la Declaración Balfour de 1917, el Reino Unido apoyó la causa del movimiento sionista: crear un Estado judío en Palestina. La migración aumentó con el establecimiento del Mandato británico de Palestina en 1920 y la Segunda Guerra Mundial, lo que causó conflictos con los árabes locales. Para solucionarlos, la Organización de Naciones Unidas propuso en 1947 un plan de partición de Palestina, que dividía el territorio en un Estado judío, otro árabe y Jerusalén bajo control internacional.
Los sionistas aceleraron entonces la creación de su Estado. La Agencia Judía para la Tierra de Israel, representante de los judíos en el Mandato británico, encargó a principios de 1948 el Plan Dalet para que lo ejecutara la Haganá, la organización paramilitar y de autodefensa judía. El plan estableció la expulsión de los árabes de las localidades ocupadas que se resistiesen o que estuviesen en lugares estratégicos, e incluso cuáles debían ser despobladas y destruidas. La asociación académica internacional Palestine Land Society, por ejemplo, documentó 531 localidades palestinas despobladas y 662 parcialmente despobladas en 1948.
Ante el fin del Mandato británico, los sionistas declararon en mayo la independencia del Estado de Israel. Los países árabes vecinos respondieron atacando el nuevo país en la primera guerra árabe-israelí, que terminaría en 1949. Según la historia oficial de Israel, el éxodo masivo de los árabes palestinos por la guerra, conocido como Nakba, fue voluntario e incitado por sus propios líderes. Sin embargo, investigadores como Walid Khalidi han demostrado que fue parte de un plan de quienes promovían el Estado israelí. El objetivo era expulsar a los pueblos árabes para conseguir un Estado homogéneo y propio, y el Plan Dalet fue el conjunto de operaciones militares para conseguirlo.
Además de las operaciones militares, la retórica del movimiento sionista ha establecido a los árabes como enemigos de los israelíes por defecto y les culpa por resistirse a la ocupación. Con el mito propagandístico de que los palestinos se fueron por voluntad, les achacan la responsabilidad moral y la obligación de responder, y desvían la atención de sus acciones. Usan términos como “transferir” en lugar de «expulsar», para influir la percepción internacional de estas operaciones. Incluso han llevado a cabo ataques clandestinos para que los árabes respondiesen y poder atribuirles la responsabilidad. Un caso fue la masacre de la refinería de Haifa ya en 1947, cuando jornaleros árabes mataron a varios trabajadores judíos como respuesta al asesinato de varios de ellos por las granadas de una organización paramilitar judía.
Del Plan Dalet a los refugiados sin retorno
La consecuencia directa de la expansión del Estado de Israel ha sido el asesinato y desplazamiento de la población palestina. Con la anexión progresiva de territorios tras las guerras árabe-israelíes y el propio conflicto con los palestinos, más de 5,9 millones de personas tienen a día de hoy el estatus de refugiados de Palestina. Quienes sufrieron la Nakba y sus descendientes no han podido regresar a sus hogares por las leyes israelíes que lo impiden y su bloqueo de la Franja de Gaza y Cisjordania, los territorios palestinos.
Israel, por tanto, ha seguido implementando las directrices del Plan Dalet. Para colonizar el territorio palestino ha construido asentamientos que la ONU considera ilegales, expulsando a grandes grupos de población, destruyendo sus viviendas y desviando recursos naturales, en una violación sistemática de los derechos humanos. Por ello, el relator especial de la ONU sobre la situación de Palestina ha pedido que los asentamientos israelíes sean considerados crímenes de guerra.