¿Qué es la doctrina Monroe?

Estados Unidos proclamó la doctrina Monroe para asegurar su influencia sobre el continente americano en el siglo XIX. Sin embargo, mantuvo el intervencionismo durante la Guerra Fría y hoy en día ha vuelto con fuerza en política exterior de Trump
EOM explicaGeopolíticaEstados Unidos
¿Qué es la doctrina Monroe?
Caricatura de 1904 de la diplomacia estadounidense bajo la presidencia de Theodore Roosevelt. Fuente: Picryl

Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. Suscríbete por solo 5€ al mes.Guardar artículo

Escucha este artículo

La doctrina Monroe fue el principio de política exterior estadounidense de no permitir la intervención de potencias europeas en países americanos. Establecía que cualquier caso se vería como un ataque a Estados Unidos (EE.UU) y conllevaría una respuesta inmediata. 

La doctrina fue ideada por el secretario de Estado y futuro presidente John Quincy Adams, y enunciada por el presidente James Monroe ante el Congreso en 1823. Washington resumía así su apoyo a la independencia del continente con la postura “América para los americanos”. Con el paso de los años, la idea fue mutando: lo que comenzó como un rechazo al colonialismo de las monarquías europeas se convirtió en una doctrina imperialista que justificó ocupaciones en varios países a finales del siglo XIX. Tas el fin de la Segunda Guerra Mundial, el precepto volvió en forma de una ola de intervenciones contra el comunismo en el contexto de la Guerra Fría. A día de hoy, la visión de que Washington debe tener una zona de influencia propia se ha convertido en un eje fundamental tras la vuelta de Donald Trump al poder.

Una base para el intervencionismo estadounidense

El Gobierno estadounidense adoptó la doctrina Monroe porque aún no poseía fuerza militar para defenderse de la presencia de potencias europeas en países cercanos. Por ejemplo, temía que los intentasen recuperar las colonias perdidas con el apoyo de la recién creada Santa Alianza. La doctrina pronto pasó a pretender influir en los países latinoamericanos, recién independizados, pero no tuvo mucha repercusión al inicio. Estados Unidos no actuó frente a la ocupación británica de las islas Malvinas en 1833 o frente a la ocupación española de República Dominicana entre 1861 y 1865. Incluso apoyó la primera intervención francesa sobre México entre 1838 y 1839, pero apoyaría a los mexicanos en la segunda en los años sesenta.

En el largo plazo, la doctrina Monroe sí se aplicó. Estados Unidos la usó para justificar sus intervenciones en Latinoamérica y su expansión por el hemisferio. La modificó mediante los llamados “corolarios”, enmiendas de los diferentes Gobiernos estadounidenses. Algunos fueron el corolario Hayes de 1880, el corolario Roosevelt de 1904 o el corolario Kennan de 1950. El corolario Hayes establecía a Centroamérica y el Caribe como zona de influencia exclusiva estadounidense, por la cual controlaría cualquier canal que se construyese en la región para evitar la injerencia europea. Fue el caso del canal de Panamá, inaugurado en 1914, y la ocupación de Nicaragua entre 1912 y 1933.

El corolario Roosevelt fue redactado a raíz del bloqueo naval de Alemania, Reino Unido e Italia contra Venezuela entre 1902 y 1903. Proclamaba el derecho y el deber de Estados Unidos de intervenir en los países americanos ante conflictos o deudas con potencias extrarregionales. Este corolario dio inicio a la política del ‘Gran Garrote’, que mezclaba pactos e intervenciones militares. Washington lo aplicó al apoyar la separación de Panamá de Colombia en 1903 o al ocupar Cuba entre 1906 y 1909. La política también fue criticada como imperialista en Latinoamérica. Por ejemplo, el presidente mexicano Porfirio Díaz lanzó su propia doctrina, que defendía la libertad y la autodeterminación de los pueblos. Las críticas se redujeron ante la guerra de Estados Unidos con España en 1898, pero los países se acercaron a sus pares europeos.

La doctrina Monroe, entre dictaduras y golpes de Estado

La doctrina Monroe también fue inseparable de la estrategia estadounidense en Latinoamérica durante la Guerra Fría. Washington intervino y apoyó golpes de Estado como el de Guatemala, dictaduras como las de Chile y Argentina, o contrarrevoluciones como la de Nicaragua para frenar el avance del comunismo. También promovió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, firmado en 1947, para la actuación conjunta ante amenazas a la paz en el continente. Se ha convocado en distintas ocasiones, y a Washington le sirvió para conseguir la suspensión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962.

Con el fin de la Guerra Fría, la doctrina Monroe se mantuvo a través de instituciones diplomáticas, organismos económicos y ayudas humanitarias. En 2013, el secretario de Estado de Barack Obama, John Kerry, declaró ante la OEA el fin de la doctrina, pero Washington siguió influyendo en la región. Por ejemplo, después se supo que la postura del Comando Sur estadounidense estaba alineada con el intento de golpe de Estado en Venezuela en 2015 contra el régimen de Nicolás Maduro. Donald Trump retomó la doctrina Monroe en su discurso, y su secretario de Estado y su consejero de seguridad reivindicaron su vigencia.

La Doctrina «Donroe»

En su segundo mandato, Donald Trump ha retomado la doctrina Monroe sin tapujos, acuñando el término “doctrina Donroe” y recalcando la supremacía de EE.UU. en su hemisferio. La Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre de 2025 ya indicaba un claro giro hacia el hemisferio occidental, donde el objetivo es reafirmar su control sobre la zona de influencia y limitar la presencia de potencias extrarregionales, especialmente China. El retorno a esta doctrina responde en gran medida al aislacionismo del trumpismo, que busca restaurar la grandeza de EE.UU. en el hemisferio a través de una guerra de aranceles que funciona como chantaje económico y apelando a supuestas amenazas como el narcotráfico, la inmigración y la injerencia extranjera en recursos estratégicos.

La captura de Nicolás Maduro se puede considerar la acción más contundente del retorno a esta estrategia, pero no ha sido la única. En su afán de proteger a sus aliados políticos y reducir la influencia de China, EE.UU. anunció un ‘rescate’ de 20.000 millones de dólares a la economía argentina como gesto de apoyo al Gobierno de Milei antes de las elecciones legislativas de octubre de 2025. 

Además, la Administración estadounidense ha intentado interferir en la justicia brasileña al amenazar con aranceles al país por la condena del expresidente Jair Bolsonaro. También, ha amenazado con tomar el canal de Panamá, destituir al presidente colombiano, atacar a los cárteles en suelo mexicano o intervenir en Cuba. Su interés en anexionar Groenlandia sigue esta misma doctrina; controlar el hemisferio y sus recursos y asegurarse que nadie más lo haga.

Natalia Ochoa

Toledo, 2000. Estudiante de Relaciones Internacionales y Economía en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Interesada en la geopolítica, la economía, los movimientos sociales y la cultura.

Candela Pons

Madrid, 2003. Graduada en Política y Relaciones Internacionales por la Universidad de Warwick (Inglaterra). Interesada en derechos humanos y relaciones de poder en el sistema internacional.