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La tecnocracia es un sistema de gobierno en el cual los expertos en áreas técnicas o científicas toman las decisiones. Puede darse en democracias y autoritarismos, con expertos en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas ocupando puestos clave y con la idea de que pueden ofrecer mejores soluciones para los problemas de la sociedad. Este enfoque busca maximizar el bienestar general usando los avances tecnológicos y científicos como base para el desarrollo de las políticas públicas.
Ingenieros y científicos al poder
Un precursor de la idea de tecnocracia fue el filósofo francés Henri de Saint-Simon. A principios del siglo XIX, propuso que los científicos, ingenieros e industriales debían gestionar la sociedad, ya que los consideraba los generadores de riqueza y progreso. Otro defensor de la tecnocracia fue el ingeniero estadounidense William H. Smyth, quien acuñó el término en 1919. Preocupado por la ineficiencia y el despilfarro que percibía en el capitalismo y la política, abogaba por que la producción de bienes estuviera organizada mediante ciencia y tecnología para asegurar la eficiencia y un reparto equitativo de recursos.
La primera propuesta de tecnocracia también fue estadounidense: el Movimiento Tecnocrático, fundado por el ingeniero Howard Scott en los años treinta. Scott argumentaba que los expertos técnicos debían estar a cargo de la economía y la sociedad para garantizar la máxima eficiencia. El movimiento se presentaba como una respuesta a la Gran Depresión. En la misma época, el sociólogo y economista Thorstein Veblen abogaba por un enfoque similar. Cuestionaba la eficacia de los sistemas políticos y económicos tradicionales y promovía la idea de una sociedad dirigida por una élite de ingenieros y científicos.
La tecnocracia por el mundo
La tecnocracia ha sido un rasgo en Gobiernos autoritarios y democráticos. Un ejemplo ha sido Singapur. Desde su independencia en 1965, el país se transformó de pequeño puerto comercial a una economía avanzada. Este cambio fue en parte gracias a una gobernanza tecnocrática, donde la planificación urbana, la educación y el desarrollo económico quedaron en manos de expertos, aunque conllevó la restricción de libertades. Otro ejemplo fue Chile bajo la dictadura de Augusto Pinochet. Los conocidos como “Chicago Boys” implementaron políticas neoliberales que coincidieron con las violaciones a los derechos humanos.
Por otro lado, la Unión Soviética implementó una tecnocracia enmarcada en su sistema comunista. Bajo el mandato de Leónid Bréznev, por ejemplo, ingenieros, científicos y otros expertos tenían roles prominentes en la planificación y administración de la economía y la sociedad. Sin embargo, el trasfondo era de lealtad política e ideológica. Asimismo, China giró hacia el pragmatismo y la experiencia técnica sobre la ideología, especialmente en materia económica y tecnológica, a partir del mandato de Deng Xiaoping.
En contraste, las democracias occidentales y en general han incorporado la idea de la tecnocracia al nombrar expertos y científicos en puestos clave. Es frecuente en la gestión económica, energética y de infraestructuras, pero también frente a desafíos como la crisis financiera global, el cambio climático o la pandemia de la covid-19. Sin embargo, también existen tensiones entre las decisiones basadas en conocimientos técnicos y las exigencias de la representatividad política y la rendición de cuentas.
Autoritarismo y ‘big tech’
Mientras que la tecnocracia se presenta como una solución eficiente para la democracia, se le critica que desatiende o minimiza elementos de la misma. La visión tecnocrática podría llevar a una gobernanza en la que las decisiones son tomadas por pocos expertos, lo cual no evita sesgos y puede ir en detrimento de la participación ciudadana, la transparencia y la rendición de cuentas. Además, esta concentración de poder puede aumentar el riesgo de corrupción y abuso de poder. Otra crítica a la tecnocracia es que tiende a adoptar una perspectiva tecnológica frente a problemas que también tienen dimensiones sociales y éticas.
Con todo, el debate sobre la tecnocracia se ha extendido de los Gobiernos a las grandes plataformas tecnológicas. El primer caso fue Facebook. Bajo la dirección de Mark Zuckerberg, la red social ha implementado algoritmos para regular el contenido y la interacción entre los usuarios, influyendo en la experiencia individual en línea, elecciones políticas y movimientos sociales sin una supervisión o regulación transparente. A ello se han sumado Instagram, Google, Amazon, Apple y X (antes Twitter).
El dueño de esta última, Elon Musk, ha emergido como figura ya no sólo representativa sino promotora de la tecnocracia. Dueño de empresas como la automotriz Tesla o SpaceX, de exploración espacial, su influencia se extiende más allá de las empresas que dirige. Sus declaraciones y posturas afectan a las regulaciones internacionales, los debates sobre la propiedad del espacio exterior o a la misma democracia.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.