¿Qué es el síndrome de La Habana?

El síndrome de La Habana es como se conocen los incidentes de salud anómalos que han denunciado cientos de diplomáticos estadounidenses. Los casos empezaron en Cuba en 2016 y luego hubo en otros países. La inteligencia norteamericana ha descartado un ataque extranjero, pero una nueva investigación apunta a Rusia
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¿Qué es el síndrome de La Habana?
Sede de la Embajada de Estados Unidos en Cuba en 2007. Fuente: Wikimedia Commons

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El síndrome de La Habana es un conjunto de síntomas médicos que diplomáticos estadounidenses han manifestado desde 2016. Empezó en la Embajada de Estados Unidos en Cuba, cuando veintiún personas experimentaron náuseas, mareo, dolor de cabeza y de oído y fatiga tras escuchar un sonido agudo. Al principio creyeron que el Gobierno cubano estaba detrás, pero en 2018 ocurrió lo mismo en la Embajada estadounidense en China. Desde entonces se han reportado cientos de casos en distintos países.

Aunque la causa del síndrome de La Habana se desconoce, se han barajado explicaciones. La más extendida durante años fue un ataque con un arma sónica, pero también se ha sugerido una enfermedad por sugestión. Después de distintas investigaciones, la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos informó que “las pruebas del síndrome de La Habana apuntan lejos de un adversario extranjero”, y los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses no hallaron evidencias de daños cerebrales en un estudio reciente. Sin embargo, una nueva investigación periodística internacional apunta al Directorio Principal del Alto Estado Mayor de las Fuerzas Armadas (GRU), la agencia de inteligencia militar rusa.

Cuba, Rusia y la supuesta arma sónica

Cuando los primeros casos de síndrome de La Habana aparecieron a finales de 2016, el entonces presidente Donald Trump retiró a más de la mitad del personal de la Embajada de Estados Unidos en Cuba porque creía que era un ataque del Gobierno de Raúl Castro. El entonces líder cubano desaprobaba el endurecimiento de la política de Trump hacia la isla después de la apertura con Barack Obama. Aunque Cuba negó cualquier responsabilidad, Washington cambió de opinión dos años después, cuando aparecieron casos en Rusia, China, Austria, Alemania, Serbia o Francia.

Las sospechas se volcaron contra Rusia tras el viaje del entonces agente de la CIA Marc Polymeropoulos en 2017 al país. En su hotel escuchó un sonido agudo y punzante, y después sintió náuseas y vértigo extremo. Esto le valió a Washington para desconfiar de Moscú, ya que solo se habían reportado casos del síndrome de La Habana en Cuba. Un año después, un informe de la Revista de la Asociación Médica Estadounidense reveló que los afectados presentaban anomalías cerebrales, y la Academia Nacional de Ciencias afirmó en 2020 que podían estar causadas por algún tipo de energía dirigida contra ellos. Las autoridades pensaron entonces que Rusia podría estar usando armas sónicas, como en la Guerra Fría.

Durante este periodo, Estados Unidos y la Unión Soviética exploraron el uso de armas sónicas para fines militares, en concreto armas de microondas. Creían que la energía electromagnética de baja frecuencia que irradiaban podía confundir al cerebro y convencerle de que escuchaba sonidos normales, como palabras, aspirando así al control mental. De hecho, Moscú dirigió ondas de baja frecuencia contra la Embajada estadounidense desde 1953 hasta 1976, pero sólo causó mareos, jaquecas y dolores de oído a su personal.

El síndrome de La Habana, ¿una enfermedad por sugestión?

Algunos expertos, en cambio, creen que el síndrome de La Habana está motivado más por la sugestión que por un ataque real. Por ejemplo, el sociólogo médico estadounidense Robert Bartholomew sostiene que los síntomas son comunes y compatibles con el estrés prolongado, como el que pudieron vivir los diplomáticos al reabrir la Embajada de Estados Unidos en Cuba después de 55 años. Además, afirma que la petición de Washington a sus agentes de estar alerta contribuye a generar un ambiente de sugestión colectiva.

Bartholomew también defiende que no es la primera vez que unos síntomas como los del síndrome de La Habana se reproducen globalmente por sugestión. En un libro que publicó en 2020 con el neurólogo Robert Baloh explican que, tras la Primera Guerra Mundial, soldados estadounidenses que nunca habían pisado el campo de batalla experimentaron los mismos síntomas que los que sí que habían combatido. Estos incluían trastornos del sueño, convulsiones musculares o pérdida del habla. A estas personas se les diagnosticó neurosis de guerra, una enfermedad psicógena causada por escuchar sus consecuencias en boca de otros.

La inteligencia estadounidense apunta a otros factores

Con todo, la CIA descartó en 2022 que el síndrome de La Habana fuese resultado de una operación extranjera. La investigación apuntaba a que la mayoría de casos estaban provocados por causas ambientales, condiciones médicas no diagnosticadas o estrés, aunque tampoco descartaba la injerencia externa para una docena de casos. Washington siguió investigando, mientras que los afectados recibieron cobertura médica y ayudas por la Ley de La Habana que el presidente Joe Biden había aprobado en 2021.

En esta línea, las agencias de inteligencia comunicaron en 2023 que “los síntomas notificados por el personal estadounidense eran probablemente resultado de factores ajenos a un adversario extranjero, como enfermedades preexistentes, convencionales y factores ambientales”. Además, identificaron factores médicos, ambientales y sociales que pueden explicar muchos de ellos. La última evaluación de la Comunidad de Inteligencia, publicada el pasado febrero, ve muy improbable que sea un ataque extranjero, y el estudio de los Institutos Nacionales de Salud, publicado en marzo, no halló daños cerebrales.

Sin embargo, una nueva investigación publicada por la cadena estadounidense CBS, el medio digital The Insider, gestionado por opositores rusos en el exilio, y el diario alemán Der Spiegel apunta al GRU de las Fuerzas Armadas rusas. Según la publicación, la Unidad 29155 de esta agencia militar ha experimentado con la misma arma energética que los expertos consideran una posible causa de los síntomas que han sufrido los diplomáticos estadounidenses. En esa línea, la investigación muestra que agentes rusos de esta unidad han estado en países donde después ha habido afectados, como Alemania, China o Georgia.

Ana Raya

Madrid, 1998. Graduada en Relaciones Internacionales (UCM) y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos (UC3M). Interesada en conflictos espaciales, fronteras, mapas y geopolítica crítica.