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La Segunda Enmienda a la Constitución de Estados Unidos es aquella que avala el derecho a que los ciudadanos del país puedan portar armas. Forma parte de la Carta de Derechos de los Estados Unidos, una serie de artículos adicionales aprobados en 1791 sobre la Constitución de 1787, que apenas definía la organización política del país. Esta Segunda Enmienda indica que “una milicia bien organizada es necesaria para la seguridad de un Estado libre» y que «el derecho del pueblo a poseer y portar armas no se violará».
La redacción escueta y ambigua ha dado pie a distintas interpretaciones. La más literal y extendida sostiene que la Segunda Enmienda protege el derecho de los estadounidenses a poseer sus propias armas, mientras que la más restrictiva argumenta que garantiza el derecho a que exista una milicia armada. También existen interpretaciones a medio camino, que apuntan al derecho individual a portar armas sólo dentro del deber o la responsabilidad de defensa de la comunidad o si se pertenece a la milicia.
El origen colonial de la Segunda Enmienda
Más allá de interpretaciones, la Segunda Enmienda recoge dos elementos fundamentales en la sociedad y las dinámicas políticas previas a la creación de Estados Unidos: la autodefensa y la milicia. Las colonias británicas de Norteamérica tenían un fuerte componente rural. Mucha gente vivía en pueblos pequeños, ya fuera de la agricultura, la ganadería o los bosques. En estos entornos, tener un arma daba cierta seguridad. Las amenazas para el colono de entonces podían abarcar desde la fauna salvaje hasta ladrones, pasando por tribus nativas, con las que había conflictos frecuentes por las tierras o recursos naturales.
Por otro lado, las colonias británicas tenían cierta autonomía. Eso hacía posible que las localidades contasen con una pequeña milicia, formada por colonos, que se podía reclutar en caso de necesidad. Parte de esa milicia se rebeló contra el dominio británico y provocó el estallido de la guerra de Independencia en 1775. La actual Guardia Nacional de Estados Unidos es la evolución de esa fuerza armada.
Estas tradiciones reforzaron la lógica de la Segunda Enmienda en el contexto de 1791. También influyó la disputa entre quienes defendían una mayor centralización del poder frente a quienes apoyaban un modelo descentralizado, temerosos de que el centralismo derivase en una suerte de monarquía o régimen autoritario. De ahí que la Carta de Derechos de los Estados Unidos mezclara demandas de ambas facciones.
Un país armado
El derecho a portar armas que avala la Segunda Enmienda ha tenido consecuencias. Una es que en algunas zonas de Estados Unidos se generó una cultura e identidad política alrededor de las armas de fuego. Otra es que, por ese derecho, Estados Unidos se ha convertido en el único país del mundo con más armas de fuego que personas, unas 120 por cada cien habitantes. El resultado directo es que en 2021 casi 49.000 personas murieron por un arma de fuego. Más de la mitad no fueron homicidios, sino suicidios con un arma.
Aunque prohibir la tenencia de armas no es posible en Estados Unidos, la Décima Enmienda permite a los estados regular o acotar ese derecho. Los estados más conservadores y rurales del sur y el centro del país han implementado pocas limitaciones a la tenencia de armas. Por el contrario, los estados más progresistas como California o los del noreste han llevado a cabo más restricciones.
Algunas de las limitaciones más habituales son aumentar la edad mínima para adquirir un arma hasta los veintiún años, limitar al máximo llevar las armas de fuego en público o prohibir las armas de asalto. Estas últimas suelen ser las responsables de muchos tiroteos masivos y masacres ocurridas en el país. Sin embargo, a menudo la efectividad de estas medidas es limitada cuando otros estados cercanos son muy permisivos.
En la actualidad no se plantea la derogación de la Segunda Enmienda en Estados Unidos. Sí existe un debate sobre ampliar o no las restricciones actuales, pero no hay consenso ni una opinión mayoritaria en un sentido. Según datos del Pew Research Center, en junio de 2023 un 58% de los estadounidenses afirmaba que se deberían endurecer las leyes de armas. La encuestadora Gallup arrojaba en octubre un dato similar, del 56%, ante la misma pregunta.