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El peronismo es un movimiento político en Argentina ligado a la figura del general y presidente Juan Domingo Perón. Perón fue presidente de Argentina de 1946 a 1955 y de 1973 hasta su muerte en 1974, y el peronismo ha evolucionado desde su llegada al poder hasta la actualidad con diferentes corrientes que lo hacen un movimiento heterogéneo. Pese a ello, la doctrina peronista se ha basado en tres principios: independencia económica, soberanía política y justicia social.
Un movimiento personalista
La evolución del peronismo estuvo ligada primero a la trayectoria política de Perón. Militar de carrera, participó en el golpe de Estado de 1943 que finalizó la llamada Década Infame, de dominio conservador. Como secretario del Trabajo, impulsó las jubilaciones, las vacaciones pagadas o los convenios colectivos. Se ganó el apoyo de los sindicatos, pero también el recelo de los empresarios agropecuarios. Este rechazo provocó que Perón renunciara y fuera arrestado en 1945. Como respuesta, una marcha liderada por sindicalistas y obreros consiguió que el Gobierno lo liberara y que hablara ante la multitud en la Plaza de Mayo. Aquel 17 de octubre, conocido como Día de la Lealtad, fue el momento fundacional del peronismo.
Cada vez más popular, Perón ganó las elecciones y llegó al poder en 1946. Ya en el cargo, fundó el Partido Peronista, el antecedente del actual Partido Justicialista. El peronismo basó su modelo económico en el intervencionismo, la industrialización y el consumo interno. Nacionalizó sectores estratégicos e impulsó la obra pública, la universidad gratuita y las ayudas para la vivienda. Estas medidas se combinaron con autoritarismo y verticalismo, que le valieron acusaciones de antidemocrático y fascista. El movimiento también impulsó una rama sindical y otra femenina liderada por Eva Perón, la primera dama, que promovió el voto femenino.
Perón fue reelegido en 1952 tras abolirse la restricción de mandatos. Sin embargo, su segundo gobierno estuvo marcado por la crisis económica y tuvo que facilitar la llegada de capital extranjero. Tras la muerte de Eva Perón en 1952 se agravaron los problemas internos y las tensiones con los opositores, en especial la Iglesia católica, que había sido su aliada. Los enfrentamientos con el antiperonismo desembocaron en el golpe de Estado de 1955, que provocó el exilio de Perón y la proscripción de su movimiento.
Perón regresó definitivamente al país en junio de 1973 y, tras ganar las elecciones en septiembre, asumió la presidencia que el peronismo había recuperado meses antes con Héctor Cámpora tras casi dos décadas de proscripción y varios gobiernos militares. En ese último breve mandato, que concluiría con su muerte al año siguiente, tuvo que gestionar la crisis del petróleo y las disputas dentro del movimiento, en las que se posicionó contra los grupos de izquierda. Tras su fallecimiento, le sucedió su tercera esposa, Isabel Perón, por su condición de vicepresidenta. Su Gobierno impulsó un giro derechista y aumentó la represión, hasta que fue derrocada con un nuevo golpe militar en 1976.
Las mil caras del peronismo
Desde su origen, el peronismo ha tenido diferentes etapas y facciones. Primero predominó el peronismo ortodoxo de base sindical. Perón defendía la soberanía nacional frente a las injerencias externas y buscaba la armonía entre clases a través de políticas redistributivas. Su discurso populista se dirigió hacia los sectores populares —principalmente obreros y sindicatos— frente a las oligarquías, asociadas a empresarios, terratenientes y facciones conservadoras del Ejército. En el ámbito internacional, el peronismo reivindicaba una tercera posición entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético.
Tras el exilio de Perón, surgieron ramas que lo reivindicaron. Incluso hubo corrientes que apostaron por un “peronismo sin Perón”. Sin embargo, una de las más fuertes fue la izquierda peronista, encarnada por la Tendencia Revolucionaria. Este conglomerado de organizaciones y guerrillas marxistas abogaba por una revolución socialista liderada por Perón. Sus pugnas con el peronismo tradicional contribuyeron al auge de grupos parapoliciales anticomunistas en los gobiernos peronistas de 1973 a 1976, como la Triple A.
Con la restauración democrática en 1983, el peronismo perdió peso, pero después surgieron dos corrientes antagónicas: el menemismo y el kirchnerismo. El primero alude al presidente Carlos Menem (1989-1999), que defendió las privatizaciones, liberalizó la economía y se alineó con Estados Unidos. El kirchnerismo surgió frente a la crisis económica del cambio de siglo. Lo impulsaron los presidentes Néstor Kirchner (2003-2007) y su mujer, Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Sus principales líneas han sido la intervención estatal, la redistribución de la riqueza, la defensa de los derechos humanos y la integración latinoamericana.
En los últimos años, han emergido sectores no kirchneristas dentro del peronismo. El presidente Alberto Fernández lidera el Partido Justicialista, mientras que el ministro de Economía, Sergio Massa, encabeza la escisión Frente Renovador y es candidato para las elecciones de 2023. Con todo, la mayoría de facciones han compartido el personalismo, la vocación hegemónica y la identificación con el pueblo y la nación del peronismo. Hoy en día sigue siendo el principal movimiento político de Argentina.