El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) es la agencia encargada de “fortalecer la seguridad fronteriza y prevenir el movimiento ilegal de personas, bienes y fondos hacia, dentro y fuera de Estados Unidos”. Fue creado en 2003 y cuenta con 20.000 empleados repartidos por todo Estados Unidos y otros países, y un presupuesto de 8.000 millones de dólares anuales. Aunque también lleva a cabo operaciones antiterroristas y contra el crimen transnacional, el ICE es conocido por sus controles migratorios.
El presidente Donald Trump, precisamente, está impulsando esta agencia como parte de su política antiinmigratoria. Bajo el objetivo de deportar a millones inmigrantes, los agentes del ICE han llevado a cabo redadas masivas que generaron grandes protestas en Los Ángeles o San Francisco. En esa línea, Trump firmó una ley el pasado 4 de julio que aumentará el presupuesto de esta agencia en unos 100.000 millones de dólares hasta 2029, que la podrían convertir en la mayor fuerza policial de Estados Unidos.
De la guerra contra el terror a Donald Trump
El ICE fue fundado en 2003 con la fusión del Servicio de Aduanas y el Servicio de Inmigración y Naturalización. El Gobierno de George W. Bush comenzaba la guerra contra el terror, en la que el ICE apoyaría al FBI para identificar y capturar a los sospechosos de terrorismo. En este contexto, los agentes actuaban con impunidad: podían ir con la cara tapada, sin identificación y hasta detener sin orden judicial.
Este tipo de competencias no fueron exclusivas del ICE, sino que coincidieron con una serie de mandatos a nivel nacional que fomentaron métodos drásticos y, en algunos casos, contra los derechos humanos. Por ejemplo, la llegada del primer avión con detenidos a la cárcel de Guantánamo en 2002 o la aprobación de algunos métodos de tortura para los interrogatorios del Pentágono a los miembros de Al Qaeda.
Con los años y el cambio del contexto internacional, las prioridades del ICE fueron cambiando. Sus operaciones se centran en detener y deportar a inmigrantes indocumentados en territorio estadounidense. En teoría, sólo deben deportar a aquellos que hayan cometido algún crimen. Sin embargo, el objetivo de Trump de deportar a 3.000 migrantes diarios ha propiciado redadas masivas y arrestos indiscriminados. De hecho, la detención de migrantes sin cargos judiciales ha aumentado un 1.270% en el último año.
El ICE en la era Trump
Trump advirtió en campaña que llevaría a cabo el mayor número de deportaciones en la historia de Estados Unidos. El récord lo tiene Barack Obama, con más de tres millones entre 2009 y 2017. En 2015, 91% habían sido declarados culpables de algún delito. En 2024, bajo el Gobierno de Joe Biden, fue el 21%, mientras que la mayoría acababan de cruzar al país. En cambio, con la vuelta de Trump, los agentes detienen en casas, puestos de trabajo y espacios públicos de forma conjunta y sin estudiar cada caso.
Durante los primeros cien días de Trump tras su regreso a la Casa Blanca en 2025 se llevaron a cabo 135.000 deportaciones, según afirma la Administración, aunque los datos oficiales no se han publicado. El equipo de investigación Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC) de la Universidad de Siracusa (Nueva York) estima que son 72.000. Pese a ello, los migrantes detenidos sin cargos judiciales aumentaron de un 6% en enero a un 23% en junio, y los vuelos de deportaciones hasta un 56% en mayo.
Para identificar a los posibles detenidos de forma más eficiente, el ICE depende de la cooperación de las fuerzas locales. Pero en Estados Unidos existen los estados, ciudades y hasta cárceles “santuario”, que ofrecen una protección adicional a los migrantes al no cooperar con los agentes del ICE. Tradicionalmente, los inmigrantes en estas ciudades apenas sufrían deportaciones. Sin embargo, eso ha cambiado con la vuelta de Trump. De hecho, en una de ellas, Los Ángeles, se iniciaron las protestas el pasado junio contra las redadas masivas del ICE, que provocaron el envío de la Guardia Nacional. La represión policial y el toque de queda extendieron las protestas a otras ciudades como San Francisco, Nueva York o Chicago.
En Estados Unidos la seguridad interna es asunto de cada estado, pese a la existencia de agencias federales como el FBI. Esa falta de competencias limitaba las intenciones de Trump. Sin embargo, con el aumento del presupuesto del ICE, el magnate republicano busca centralizar las competencias policiales. Como ya señalan analistas y reporteros, la amenaza de fondo es la creación de un Estado policial a gran escala.







