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“Quiero agradecer a aquellos soldados y comandantes del Grupo Wagner que en el último momento pararon y evitaron un derramamiento de sangre”. Solo 48 horas después de la rebelión más grave de la historia reciente de Rusia, el presidente Vladímir Putin alababa a los rebeldes. La purga ya ha empezado: ha sido detenido uno de los comandantes más prestigiosos de la guerra de Ucrania: el general Serguéi Surovikin. Pero el líder de la insurrección, Yevgueni Prigozhin, ha salido indemne por ahora. Y sus hombres, en vez de ser castigados, podrán incorporarse al Ejército.
Aunque Prigozhin asegura que no pretendía desafiar a Putin, ha sacado a la luz todas las debilidades del Kremlin. El Gobierno necesita recuperar la legitimidad perdida: una insurrección así no podía quedar impune. Pero lanzar una gran purga y acabar con el Grupo Wagner también tendría un alto coste. Putin se enfrenta a varios dilemas: cómo castigar a Prigozhin, qué hacer con Wagner y cómo saber si hay más traidores mientras mantiene un Ejército eficaz en Ucrania… Si falla, puede que estemos ante el principio del fin de su régimen.
Un Ejército purgado es un Ejército menos poderoso
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