Las elecciones presidenciales de 2016 supusieron un enorme varapalo para el Partido Demócrata en Estados Unidos. A pesar de que Hillary Clinton ganó a Donald Trump en voto popular, no fue suficiente en la complejidad del sistema electoral estadounidense para que la ex secretaria de Estado se alzase con la victoria al carecer de los votos necesarios por parte de los delegados del colegio electoral.
Esta derrota llevó al partido a un proceso de reorientación de su estrategia, de crítica interna y de replanteamiento sobre qué valores deben encarnar los demócratas frente a los que se habían mantenido hasta ahora. La mayor carencia que se percibió en la derrota fue una candidata demasiado alejada de la realidad, muy del aparato demócrata y con un perfil de establishment que no cautivaba; además, tampoco fue hábil peleando los estados claves y fiando la estrategia a una victoria por saturación y no quirúrgica, como sí hizo Trump centrando sus esfuerzos en los llamados estados bisagra —como Ohio, Pensilvania o Florida—, que acabaron resultando determinantes.
Para ampliar: “La crisis del Partido Demócrata”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2017
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento