Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán tienen mucho en común. Los cinco países se ubican en Asia Central, no tienen salida al mar y no son democracias. En su historia compartida formaron parte de la Ruta de la Seda, fueron anexionados por el Imperio ruso y se convirtieron en la frontera sur de la Unión Soviética. Hoy enfrentan retos comunes como la escasez del agua, los conflictos fronterizos y el tráfico de opiáceos desde Afganistán.
Pero las diferencias también han pesado. Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán son países túrquicos, mientras que Tayikistán comparte el carácter persa con Irán. Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajistán son productores importantes de petróleo y gas; en cambio, Kirguistán y Tayikistán no destacan por su sector energético. Y aunque Europa demuestra que no ser una región homogénea no tiene por qué obstaculizar la integración, el futuro de la Unión Centroasiática es incierto.
De Unión Soviética a Unión Centroasiática
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