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La Política Europea de Vecindad es una estrategia de relaciones exteriores de la Unión Europea para fomentar la estabilidad, seguridad y el desarrollo económico y político en los países de sus fronteras orientales y meridionales. Busca intensificar la cooperación y el diálogo entre la UE y sus vecinos, promoviendo reformas, democracia, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos. A través de la Política Europea de Vecindad, la Unión da apoyo financiero y técnico a los países que se comprometen a realizar reformas y a cumplir con los principios democráticos y de libre mercado. Es una política bilateral con cada país, junto con la Asociación Oriental y la Unión por el Mediterráneo como iniciativas regionales.
Una respuesta a la ampliación europea
La Política Europea de Vecindad fue planteada en 2003 de cara la ampliación prevista de la UE, que incorporaría diez nuevos Estados miembros en 2004. Esta ampliación generaría nuevas fronteras en Europa oriental, el Cáucaso meridional y la región mediterránea. La Comisión Europea propuso entonces que se creara una política para gestionar las relaciones con estos países. La idea era crear un espacio de prosperidad y buena vecindad, fortaleciendo la cooperación en seguridad, comercio o cultura.
El lanzamiento oficial de la Política Europea de Vecindad tuvo lugar en 2004, con la adopción de una estrategia comunicada por la Comisión. Esta estrategia enfatizaba la importancia de la colaboración con los países vecinos para promover la estabilidad y el desarrollo en toda la región. La Política Europea de Vecindad se diseñó para ser flexible, permitiendo adaptar las relaciones con cada país vecino, pero siempre teniendo en cuenta los cambios geopolíticos y las prioridades del bloque como ejes de su política exterior.
La Política Europea de Vecindad abarca a dieciséis países. En la zona oriental están Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania, que para la UE juegan un papel crucial en la seguridad y estabilidad de la región, con los tres últimos aspirando a entrar en la Unión. En la zona meridional, la Política Europea de Vecindad se extiende a Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Palestina, Siria y Túnez, esenciales para las cuestiones de migración, seguridad y cooperación económica.
A lo largo de los años, la Política Europea de Vecindad ha dado lugar a acuerdos entre la UE y los países vecinos. Estos incluyen los acuerdos de asociación y los planes de acción, que establecen marcos de cooperación en comercio, seguridad, medioambiente y cultura. Los principales instrumentos para financiarlos han sido el Instrumento Europeo de Vecindad (2014-2020) y el Instrumento de Vecindad, Cooperación al Desarrollo y Cooperación Internacional (2021-2027), con un presupuesto de casi 80.000 millones de euros. Además, programas de la UE como Europa Creativa y Horizonte 2020 se han extendido a países de la Política Europea de Vecindad, facilitando el intercambio cultural y la colaboración científica.
La Política Europa de Vecindad, a prueba
La Política Europea de Vecindad enfrenta desafíos en cada región. En el este, la inestabilidad política y los conflictos en Georgia y Ucrania por las intervenciones militares rusas han puesto a prueba la promoción de la estabilidad y la seguridad. En el sur, la migración irregular y el terrorismo han exigido abordar no sólo la llegada de migrantes, sino sus causas, como la pobreza, los conflictos y la falta de oportunidades. Además, las diferencias en la percepción de los derechos humanos entre la UE y algunos vecinos suponen un desafío en el diálogo y la cooperación, especialmente sobre la reforma institucional y la gobernanza democrática. En esa línea, la Política Europea de Vecindad ha reflejado el cambio de prioridad de la UE en la última década, del respeto a sus valores a su propia seguridad, ante dos regiones vecinas en crisis constantes.
Este artículo fue redactado con ayuda de Jasper, un asistente de redacción de inteligencia artificial. Después fue revisado y corregido por un editor de EOM.






