Apple y Google aún ni imaginaban sus sistemas iOS y Android cuando Nokia se convirtió en la marca de teléfonos móviles más grande del mundo en 1998. La popularidad de la compañía finlandesa se disparó con la venta de terminales que conectaron con los jóvenes gracias a diseños coloridos y las primeras aplicaciones. Nokia posicionó sus móviles como accesorios de moda y parte de la cultura popular. Sus productos aparecieron en películas como Matrix (1999) o Transporter 2 (2005) y eran objetos de deseo para los amantes de los juegos arcade. En 2009, el famoso Snake estaba instalado en 350 millones de sus teléfonos, un número equivalente a la suma de la población actual de Rusia y Brasil.
En su apogeo en 2007, Nokia alcanzó el 51% del mercado mundial de la venta de teléfonos móviles, una cifra récord incluso hoy. La líder del mercado actual es Samsung, con una cuota cercana al 23%. Sin embargo, aquel ascenso estuvo seguido por un desplome igual de estrepitoso. En seis años, Nokia redujo casi cuatro veces su volumen de ventas y despidió a la mitad de su plantilla. Entonces pareció impensable un resurgimiento como el actual.
La caída contra los nuevos gigantes
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