¿Legalizar el aborto? “Para nada”. ¿La eutanasia? “Tampoco estoy de acuerdo”. ¿El matrimonio igualitario? “Peor todavía, primero la familia”. ¿La marihuana? “Por supuesto que no”. Fueron respuestas de Pedro Castillo, autodenominado marxista-leninista y católico, y nuevo presidente de Perú desde el pasado 28 de julio. El mandatario seguirá la estela de figuras de la izquierda regional como Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador o Evo Morales en Bolivia y, más en la actualidad, el mexicano Andrés Manuel López Obrador, todos en contra de los derechos reproductivos o el matrimonio igualitario.
Desde su auge a principios de siglo, un amplio sector de la izquierda latinoamericana ha abrazado el tradicionalismo moral. Los Gobiernos de Ecuador, Venezuela o Bolivia se autodenominaron “revolucionarios”, con el antiimperialismo, la unidad regional y el rechazo al neoliberalismo como banderas, pero al mismo tiempo adoptaron posturas conservadoras influidas por el peso de la religión en sus países. Estos líderes cargan con la contradicción de saberse de izquierdas, pero anteponiendo la fe a una agenda del todo progresista y laica.
Sin embargo, el nuevo ciclo electoral ha comenzado y se alargará hasta 2024. Aunque ahora las consecuencias de la pandemia copan la agenda, la región está polarizada, entre otras, por el auge del evangelicalismo, una doctrina más conservadora y a la derecha que el catolicismo, y por la movilización social y la desafección por la política tradicional. Mermada por la corriente derechista de 2014 a 2018, la izquierda en Latinoamérica puede resurgir en medio de ese panorama.
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