Madrid, 30 de mayo. En el Palacio de Vistalegre, el pastor estadounidense Franklin Graham —hijo de Billy Graham, figura clave de la expansión evangélica y gran apoyo de Donald Trump— sale a una suerte de púlpito y comienza a predicar en su habitual estilo televisivo. Habla de perder la esperanza, de los pecados (entre ellos el aborto y la homosexualidad) y de cómo esa noche, y ninguna otra, es la única oportunidad para las más de 10.000 personas reunidas allí de lograr que Dios las perdone. No hace falta ningún intermediario ni sacerdote, ni confesarse ni cumplir penitencia; lo único necesario es poner tu fe en Jesucristo como salvador, lo que te concederá ayuda sobrenatural. También, acercarse al escenario a rezar con Graham, porque “cuando vienes a rezar conmigo, estás viniendo a Jesucristo”. No se trata de nada parecido a una misa católica al uso: antes de la predicación, el público se deleitó de cerca de dos horas de actuaciones musicales, desde una apertura con el coro góspel Living Water hasta la estelar aparición de Michael W. Smith, ganador de tres Grammys y buen amigo de Bush padre e hijo.
Este era el Festival de la Esperanza, uno de los dos eventos religiosos masivos que reunió en mayo a la población evangélica de España. Otro fue The Change, que acogió a principios de mayo a más de 35.000 fieles en el estadio Metropolitano. Ambos eventos fueron solo una muestra de un fenómeno evangélico mayor que es cada vez más recurrente en España. En redes y en política, se multiplican los comentarios sobre la predicación en espacios públicos. Las iglesias evangélicas proliferan por toda la geografía nacional, especialmente en grandes ciudades como Madrid. Se estima que hay más de 600 millones de cristianos evangélicos en el mundo y creciendo. En España, aproximadamente el 2% de la población es cristiana evangélica y, con 4.770 iglesias —446 de ellas en Madrid—, es la segunda confesión religiosa con más lugares de culto del país, únicamente por detrás del catolicismo.
Pero el cristianismo evangélico no es un monolito, y no todos comulgan con las mismas ideas. Cuando se habla del poder del Espíritu Santo para curar enfermedades milagrosamente, se está hablando de un fenómeno concreto dentro del cristianismo evangélico: el (neo)pentecostalismo. Y los dos eventos de Madrid fueron la viva imagen de la teología que predica esta corriente religiosa. En poco más de un siglo, se ha convertido en el movimiento que más rápido crece dentro del cristianismo (35.000 nuevos conversos en el mundo cada día) y el principal motor detrás del auge protestante en América Latina.
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