En la noche del pasado 13 de abril, una tormenta de más de 300 misiles y drones se precipitó sobre Israel en un ataque iraní sin precedentes que duró cerca de cinco horas. Sin embargo, el Estado hebreo no sufrió ninguna baja y afirmó haber interceptado todos los proyectiles a excepción de siete, gracias a una sofisticada red de defensa aérea compuesta de varias capas que ha blindado los cielos israelíes. El sistema fue desarrollado con ayuda estadounidense a partir del bombardeo que sufrió Israel por parte de la Iraq de Sadam Huseín en 1991, durante la guerra del Golfo, y cuenta con la Cúpula de Hierro como su pieza central y más conocida.
La estructura de defensa antiaérea de Israel cuenta básicamente con tres capas. La primera, operativa desde 2002, recibe el nombre de sistema Arrow, cuenta con un alcance de hasta 2.400 kilómetros y opera fuera de la atmósfera, por lo que es utilizada para derribar objetivos antes de que penetren en el espacio aéreo israelí. Fue la encargada por tanto de repeler la mayor parte de los misiles lanzados por Irán en abril o de neutralizar los ataques que los hutíes han enviado ocasionalmente desde Yemen.
La capa de protección intermedia la ofrece desde 2017 la Honda de David, diseñada conjuntamente por la empresa estatal israelí Rafael Advanced Defense Systems y la estadounidense Raytheon. Su alcance es de hasta 300 kilómetros y puede derribar misiles de alcance medio, como los de Hezbolá en Líbano. La capa intermedia de la estrategia de defensa de Israel cuenta también con las baterías Patriot, un sistema de misiles tierra-aire fabricado en Estados Unidos desde 1981 empleado para derribar aviones y drones enemigos.
Por último, el núcleo del sistema está reservado para la Cúpula de Hierro, una red de unidades móviles distribuida estratégicamente por el territorio israelí y dirigida a través de un radar contra cohetes, misiles y morteros de corto alcance de hasta setenta kilómetros de distancia, como los que emplea Hamás. Desarrollada igualmente de forma conjunta entre Estados Unidos e Israel tras la guerra de Gaza de 2006 y operativa desde 2011, la Cúpula de Hierro es la capa más conocida y utilizada de la defensa aérea israelí y ha interceptado miles de misiles durante la última década —las autoridades israelíes afirman que tiene una tasa de acierto del 90%—.
Una de sus grandes ventajas es su capacidad para discernir si un misil enemigo supone una amenaza. De esta forma, si el proyectil se dirige contra una zona deshabitada o el mar, el sistema no lo repelerá, lo que le permite centrarse en objetivos prioritarios en escenarios de ataques de «saturación», es decir, oleadas masivas de misiles con trayectorias distintas que pretenden distraer e inutilizar la infraestructura defensiva de Israel.
En cuanto a los encargados de probar esa infraestructura, Hezbolá, el actor no estatal más armado del mundo, e Irán, la principal potencia balística de Oriente Próximo, son las grandes amenazas de Israel una vez que la intervención en Gaza ha limitado la imprevisibilidad y capacidad de organización de Hamás. La milicia libanesa cuenta con un arsenal de 130.000 misiles y cohetes, según el think tank estadounidense Center for Strategic & International Studies, mientras que el de Irán incluye miles de misiles balísticos y de crucero, algunos de los cuales pueden golpear Israel e incluso el sureste de Europa.












