Con la guerra devastando Ucrania y la perspectiva de que pueda acabar durando años, la guerra psicológica y de cifras está jugando un papel cada vez más importante en el conflicto. Su misión no es tanto desmotivar al enemigo, que también, sino reducir el desgaste de la moral interna y movilizar a simpatizantes. Así, tanto Rusia como Ucrania inflan el número de bajas enemigas mientras que minimizan y ocultan las propias.
Resulta complicado rastrear y confirmar los muertos ucranianos. Al ser el país donde se libra la guerra, estos se mezclan con bajas civiles, y con una población armada y movilizada el límite entre los civiles y las milicias puede ser ambiguo. Más sencillo resulta en el caso de Rusia, donde la llegada de ataúdes puede ser rastreada con mayor facilidad. Mediazona, junto con la BBC, ha localizado el lugar de origen de 15.004 combatientes rusos caídos en Ucrania. Es solo una fracción del total de bajas mortales rusas, pero son muchas más que las 5.937 que reconoce el Kremlin.
Ucrania, por su parte, cifraba los muertos rusos el pasado febrero en 140.460, y EE.UU. hace tiempo que asigna más cien mil combatientes muertos en cada bando. Pero, ¿quiénes eran esos muertos? ¿De dónde venían y por qué acabaron en la guerra? Cuando Rusia decretó la movilización parcial, las redes se llenaron de videos de Daguestán y Buriatia y de minorías étnicas siendo reclutadas. ¿Era esta percepción real?
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