Durante estos días, casi todas las miradas del mundo se centrarán en el Vaticano. El país más pequeño del mundo acoge estos días el cónclave que elegirá al próximo papa, líder de la Iglesia católica y de sus 1.400 millones de fieles. A pesar de contar con un mapa de apenas 0,44 km² de superficie y una población de 882 personas —con la media de edad más alta del mundo, 57 años—, la influencia política y el poder diplomático de la Ciudad del Vaticano es comparable con el de grandes potencias.
Situado en la ciudad de Roma y rodeado por completo de territorio italiano, el micro-Estado católico está delimitado por una muralla que cuenta con tres entradas principales, la de Perugino, San Ufficio y Santa Ana, todas ellas vigiladas por la Guardia Suiza Pontificia, que se encarga de la seguridad de la ciudad y del pontífice.
La Ciudad del Vaticano es el último resquicio de los Estados Pontificios, creados en el año 756 d.C. y que fueron absorbidos por el Reino de Italia con su unificación en el siglo XIX. En 1929, y gracias a la firma del Tratado de Letrán entre la Santa Sede y la Italia fascista de Mussolini, se otorga independencia política al Estado de la Ciudad del Vaticano y se restablecen las relaciones entre la Santa Sede y la nación italiana, suspendidas desde que en 1870 los Estados Pontificios fueran anexionados. Tras el reconocimiento de su soberanía se establece que el papa sea el jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, convirtiéndose así en la única teocracia de Europa.
Aunque Santa Sede y Ciudad del Vaticano en ocasiones se utilizan como sinónimos, no son términos equivalentes. La Santa Sede se encuentra dentro de la Ciudad del Vaticano y, aunque ambas comparten líder —el pontífice—, la Santa Sede es la que mantiene relaciones diplomáticas con el resto de Estados mientras que el Vaticano es el actor que sostiene su soberanía.
Su riqueza arquitectónica y urbanística ha hecho que la Ciudad del Vaticano sea considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo el único país que tiene este reconocimiento en todo el mapa de su territorio. La basílica de San Pedro, que ocupa el 7% del territorio vaticano, es considerada uno de los lugares más sagrados dentro de la religión católica y en ella están enterrados la mayoría de los pontífices. Sin embargo, antes de su fallecimiento, el papa Francisco mostró su deseo de ser enterrado en Santa María la Mayor, un área extramuros del Vaticano.
Frente a la basílica se encuentra la plaza de San Pedro, un lugar de encuentro y unión de los fieles. Además de su gran interés turístico, los creyentes acuden a ella para rezar, atender a los anuncios de la Santa Sede —como el famoso habemus papam—, escuchar las bendiciones del pontífice o acudir a misas solemnes como la del Domingo de Ramos, la Pascua o la de inauguración del papa. Pese a que se trata de un Estado con actividad política, cualquier tipo de manifestación que no sea de carácter religioso está prohibida en la plaza de San Pedro.
Además de San Pedro, el mapa del Vaticano cuenta con muchos edificios emblemáticos como es la capilla Sixtina, decorada con frescos de artistas renacentistas como Miguel Ángel o Sandro Botticelli. Esta capilla es, además, la sede del cónclave, en la que se reúnen los cardenales con derecho a voto para elegir al siguiente pontífice. La capilla Sixtina forma parte del palacio Apostólico, la residencia oficial del papa, si bien Francisco renunció a residir en estos aposentos. En cambio, optó por asentarse en el hospicio de Santa Marta, edificio colindante a la sacristía de San Pedro y que también funciona cómo residencia de los cardenales durante el cónclave.
La ultraderecha internacional espera un nuevo papa alineado con sus intereses
Más de la mitad del territorio vaticano, unas 23 hectáreas, las ocupan los jardines de la Ciudad del Vaticano. Estos parques y jardines fueron establecidos en la época del Renacimiento y del Barroco, y están decorados con fuentes y esculturas dedicadas en su mayoría a la Virgen María.
A pesar de su limitado tamaño, la Ciudad del Vaticano cuenta con una línea de ferrocarril, que une la estación del Vaticano con la de San Pietro en Roma. Dentro del territorio vaticano la línea ocupa únicamente 300 metros, estableciéndose como la red ferroviaria más corta del mundo. Los encargados del ferrocarril italiano son los responsables también de la línea vaticana. Además del tren, el Vaticano cuenta con un helipuerto que da acceso al país por el aire. Se utiliza para viajes breves del papa o para recibir a jefes de Estado, pero también para emergencias sanitarias y trasplantes de órganos dirigidos a un hospital pediátrico de Roma, gracias a un acuerdo firmado entre el hospital y el Vaticano.








¡Me encanta este plano de El Vaticano!