El sur del mapa Europa está marcado por un mal estructural, el paro, e Italia no escapa de esta dinámica. Aunque el desempleo lleva descendiendo desde que tocó techo en 2014 (con el paréntesis de la pandemia de Covid-19 en 2020), todavía un 9,5% de los trabajadores italianos están desempleados y en búsqueda de un nuevo trabajo.
No obstante, en la provincia autónoma de Bolzano, o Tirol del sur, en el extremo norte del mapa de Italia, se alcanza el pleno empleo. Es decir, hay un pequeño porcentaje de paro friccional ―del 3,8%― debido a la propia actividad social y económica, sufrido por personas que están coyunturalmente en situación de cambio de empleo.
Mientras, en Campania (cuya capital es Nápoles), en el sur, la tasa de paro es del 19,3%, el doble de la media nacional, una de las tasas de paro más altas de la UE, con una importante economía sumergida marcada por las mafias y la corrupción. Y Sicilia (18%) y Calabria (18,7%) no le andan muy a la zaga.
Entre el pleno empleo de la provincia alpina de Bolzano y el casi 20% de Campania hay todo un país de distancia, y grandes contrastes internos. Aunque también hay otras regiones con más de un 10% de paro: Lacio (Roma) y Molise superan esta cifra por poco y Apulia roza el 15%, generando un salto de 4 puntos entre el centro y el sur de la Península.
Así, Roma se encuentra casi en la media del país, el sur con valores muy superiores y el norte con cifras de paro bajas. Este contraste se repite en infinidad de variables socioeconómicas de Italia. La causa está es un sistema socioeconómico desequilibrado donde el productivo e industrial norte se adapta rápidamente a los cambios, sin experimentar crisis importantes, generando abundante empleo estable. Mientras, el sur conserva un importante peso agrario y unos servicios poco especializados, adaptándose despacio y siendo muy vulnerable a los cambios. Esto se traduce en un empleo inestable que se destruye rápidamente ante cualquier crisis y que tarda mucho tiempo en recuperarse.
Los distritos industriales situados en el valle del Po (Padania) constituyen la región noreste del país, la de menor paro, seguidas de otras regiones industriales en la periferia de esta como Piamonte o Toscana. Y es que, pese a ser Italia una economía de servicios, el norte mantiene una potente base industrial sobre la que se han construido los servicios especializados que ahora caracterizan a la región y que la otorgan gran estabilidad laboral.
Este mismo mapa del paro en Italia se repite con el desempleo juvenil, pero entre los jóvenes la situación es aún más dramática, doblándose prácticamente las cifras de paro. Aunque los mayores aumentos se dan también en el sur. Por ejemplo, en Sicilia el paro juvenil supera el 40%, y en Campania o Calabria supera el 37%. Mientras, en el valle del Po solo Piamonte (Turín) alcanza el 15%.
Pese a esto, también hay bolsas con más y menos paro que están condicionadas por la dinámicas migratorias. Regiones rurales con una red urbana descompuesta y escasas oportunidades, como Basilicata, son un foco de emigración, y al emigrar la población en edad de trabajar, generalmente buscando mejores oportunidades laborales, desciende notablemente la tasa de paro. En el lado opuesto se encuentran algunos grandes núcleos urbanos que reciben más migrantes de los que su mercado laboral puede absorber, aumentando su tasa de desempleo, como Lacio (Roma).