China ha necesitado de una incesante producción minera para sostener y abastecer el constante crecimiento de su industria, la base de todo su sistema económico. Para ello el gigante asiático ha tenido que recurrir por un lado a la importación de una ingente cantidad de materias primas (minerales y no minerales) de países como Australia, Chile, Rusia o Argentina, condicionando todo el mercado mundial de materias primas, y por otro a la explotación de los recursos de su propio mapa minero.
Existe un importante contraste entre el norte y sur de China. El sureste en una región montañosa antigua, muy erosionada, dominada geológicamente por estructuras del mesozoico y paleozoico con algunas grandes zonas proterozoicas, mientras que el sudoeste está formada por la meseta del Tíbet, otra estructura antigua elevada y rejuvenecida por la interacción entre la placa índica y la euroasiática y la elevación del Himalaya. Sin embargo, la mitad norte de China está dominada por grandes cuencas sedimentarias cuaternarias recientes con algunas colinas y montañas periféricas antiguas.
Vulcanismo, orogénesis, presión o calor: la mayoría de depósitos minerales requieren procesos largos para producirse y concentrarse. Por eso muchos minerales solamente se encuentran en el corazón de antiguas montañas. Así, el mapa geológico y minero de China es desigual, con una mayor concentración de los minerales estratégicos en la mitad sur del país y solo algunos yacimientos periféricos en la mitad norte.
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