Mapa imperio otomano

El mapa del Imperio otomano

Con origen en la región de Anatolia, el dominio otomano llegó a abarcar una extensión de 5,2 millones de km2 a finales del siglo XVII
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El Imperio otomano fue una gran potencia que duró más de seis siglos, entre 1299 y 1922, y que llegó a estar presente en tres continentes: el europeo, el africano y el asiático. Con el objetivo de expandir su poder y el islam llegaron a controlar una superficie de 5,2 millones de kilómetros cuadrados en el siglo XVII, su momento de máxima expansión.

El éxito del Imperio residió en su estructura centralizada, bajo el poder del sultán, y en su territorio, ya que se encontraba cerca de las principales rutas comerciales más importantes de la época y controlaba importantes puertos marítimos en las costas de los actuales Argelia, Egipto, Sudán o Eritrea,  lo que le permitió dominar el comercio. Estas características, unidas al gran poder militar de los otomanos, hizo de este imperio uno de los más poderosos de la historia. 

El origen del Imperio otomano se remonta al siglo XIII en la región de Anatolia, en la actual Turquía. Aquí, el Imperio mongol venció a la dinastía selyúcida, una dinastía túrquica musulmana que gobernaba Anatolia, lo que debilitó su poder y permitió que las tribus túrquicas locales ganaran autonomía. Una de estas tribus nómadas tenía como líder a Osmán I, quien comenzó a invadir territorios que pertenecían al Imperio bizantino, el cual mostraba ya indicios de debilidad. A finales de siglo, en 1299, Osmán I se autoproclamó líder de Asia Menor y sus descendientes continuaron con la anexión de nuevos territorios.

Estos descendientes recibieron el nombre de otomanos y fueron quienes, en 1453, lograron hacerse con el control de Constantinopla, capital del Imperio bizantino considerada inconquistable. Tras la toma de la ciudad, los otomanos le dieron el nombre de Estambul y la convirtieron en la capital de su imperio. Además, esta victoria supuso el fin definitivo del Imperio romano y un impulso para seguir conquistando nuevos territorios por parte de los otomanos. Así, lograron expandir sus fronteras hacia el norte de África, los Balcanes y Oriente Próximo.

El mapa del Imperio romano

El Imperio otomano estaba dirigido bajo un sistema político de monarquía absoluta. Sin embargo, el único puesto hereditario era el del Sultán. El resto de mandos se repartían entre la élite otomana independientemente de la familia a la que pertenecieran. A lo largo de su historia, el Imperio otomano contó con importantes sultanes: Mehmed II conquistó Constantinopla; Selim I convirtió al imperio en el más poderoso de Oriente Próximo y el norte de África; y con el hijo de este, Soliman “El Magnífico”, los otomanos alcanzaron su máxima extensión, que duraría hasta 1683, al conquistar el reino húngaro y reforzar sus dominios europeos.

Con la expansión del Imperio otomano, los territorios conquistados se integraban en el sistema imperial adoptando diferentes formas de administración. Algunos se organizaban como eyalatos (provincias) bajo control directo del gobierno central; otros conservaban cierto grado de autonomía como provincias autónomas gobernadas por élites locales; y otros, especialmente en regiones periféricas, se mantenían como Estados vasallos, con mayor independencia aunque debían reconocer la soberanía otomana y pagar tributos. 

Entre 1362 y 1864, las provincias recibieron el nombre de eyalatos y eran la principal unidad territorial del imperio. Sus gobernadores eran nombrados por el Gran Visir, el asesor político del monarca. Los eyalatos se subdividían en sanjacados y, a su vez, en timars, kadiluks y zeamets. Entre 1861 y 1866 los eyalatos fueron abolidos y el territorio que ocupaban fue dividido en valiatos.

29 de mayo de 1453: la toma de Constantinopla por los otomanos pone fin al Imperio bizantino

La expansión del territorio otomano se encontró con resistencia por parte de potencias europeas dando lugar a la Gran Guerra turca en 1645. En ella se enfrentaron a la Liga Santa formada por el Sacro Imperio germánico, el Imperio ruso o el Imperio español entre otras. En 1683 los otomanos trataron de sitiar Viena por segunda vez, en un intento desesperado de conseguir una nueva victoria militar. Sin embargo, el fracaso de la conquista de Viena supuso un punto de inflexión a partir del cual el Imperio otomano comenzó a perder territorios, empezando por Hungría y Transilvania. Además, esta derrota supuso también la pérdida de recursos militares y una decadencia en la disciplina propia del Imperio otomano. 

A pesar de algunas reformas introducidas en el siglo XIX para mejorar la situación del Imperio, los conflictos internos continuaron. Así, en 1876 y en plena crisis económica y administrativa, el grupo de los Jóvenes Turcos cesó al sultán e instauró una monarquía parlamentaria que únicamente duraría un año. Sin embargo, esto abrió paso a un auge del sentimiento nacionalista de los pueblos que se encontraban dentro del Imperio. Muchos de estos movimientos acabaron con pérdidas de territorio para los otomanos como la isla de Creta o la autonomía de territorios en Egipto y Siria. Estas tendencias nacionalistas fueron apoyadas por las potencias europeas para beneficiarse del declive del Imperio otomano.

Abdul Hamil, sultán del Imperio entre 1896 y 1909, trató de frenar el auge nacionalista y dar unidad a su Imperio, pero una nueva rebelión de los Jóvenes Turcos evidenció aún más el debilitamiento interno, lo que se unió a la pérdida de territorios como Serbia o Bosnia y Herzegovina.

Las alianzas de la Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, los otomanos se aliaron con los Imperios Centrales: Alemania y Austria-Hungría. Los otomanos se centraron en la frontera del Cáucaso con Rusia y en la región de Armenia, en la cual el Imperio cometió lo que es considerado como el primer genocidio del siglo XX. La deportación de armenios hacia Mesopotamia y Siria, los más de 25 campos de concentración en las fronteras sirias e iraquíes, y el millón y medio de víctimas son muestra de la persecución sufrida por el pueblo armenio. 

Con la derrota otomana en la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles en 1918, el Imperio se disolvió y quedó dividido en territorios controlados por las potencias vencedoras y otras regiones que lograron su independencia. Sin embargo, debido a una serie de conflictos, no fue hasta la firma de los tratados de Sevres y Lausana, en 1920 y 1923, cuando los límites de la República de Turquía quedaron oficialmente delimitados.

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