Contaminación lumínica en Europa

El mapa de la contaminación lumínica en Europa

La contaminación lumínica es un serio problema medioambiental en Europa, donde buena parte de la población no puede ver el cielo nocturno.
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Cuando hablamos de contaminación solemos pensar en humo, residuos, petróleo, plástico o incluso ruido. Pocas veces nos acordamos de la luz, pese a que es una de las formas de contaminación más evidentes, sobre todo por la noche. De  hecho, según el estudio “El nuevo atlas mundial de brillo artificial del cielo nocturno”, publicado en 2016 por un grupo de investigadores liderados por Fabio Falchi, miembro del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Contaminación Lumínica italiano, el 99% de los ciudadanos europeos viven bajo cielos nocturnos contaminados y el 60% no puede ver la Vía Láctea.

A pesar de los datos, no existe consenso acerca de qué se considera y qué no contaminación lumínica. Para algunos, cualquier fuente de luz artificial es perjudicial para el medio ambiente en tanto en cuanto afecta al estado natural de los ecosistemas; para otros, este tipo de contaminación solo incluye determinadas luces que por su intensidad, color, dirección o horario son innecesarias para la realización de actividades en su zona de cobertura.

Sus consecuencias más directas son el desperdicio de energía y el exceso de emisión de gases de efecto invernadero durante la producción de la electricidad; los deslumbramientos, que afectan a la seguridad vial y dificultan el tráfico aéreo y marítimo; el ocultamiento del cielo estrellado, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2008; y, sobre todo, la alteración de los ciclos biológicos de algunos animales y plantas. En cualquiera de los casos, esta es una cuestión de alcance prácticamente mundial.

La sobreiluminación nocturna afecta especialmente a insectos, aves, murciélagos y tortugas marinas, ya que interrumpe su reloj interno y altera sus rutinas de alimentación, reproducción y migración. También tiene un impacto negativo en la salud de los humanos, ya que al alterar el ciclo entre luz y oscuridad, la contaminación lumínica genera cansancio, nerviosismo e incluso trastornos en el estado de ánimo.

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En su conclusión, “El nuevo atlas mundial de brillo artificial del cielo nocturno” afirma que “la contaminación lumínica es un problema mundial”, y que por tanto debe ser abordada como tal: “La mayor parte del mundo está afectado por este problema y la humanidad ha envuelto nuestro planeta en una niebla luminosa que impide que la mayoría de la población de la Tierra tenga la oportunidad de observar nuestra galaxia. Esto tiene un impacto potencial en la cultura de una magnitud sin precedentes”.

Aunque se trata de un problema que puede ser mitigado al instante apagando la luz, no existe posibilidad ni intención de atajarlo de raíz y sus consecuencias son más a largo plazo. Las medidas más efectivas para reducir la contaminación lumínica son la colocación de pantallas alrededor de las luces, de forma que no emitan luz en direcciones o áreas para las que no han sido instaladas, utilizar la intensidad de luz mínima necesaria, apagar o reducir el nivel sustancialmente cuando la zona no está en uso y disminuir el número de fuentes instaladas.

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En definitiva, en lugar de alumbrar una calle con cien farolas y durante toda la noche, se podría optimizar la distribución y reducir la densidad de las fuentes de luz y automatizar su encendido cuando se detecte movimiento en los alrededores para ahorrar energía y reducir su impacto en el medio ambiente.

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1 comentario

  1. Expandir comentario

    Es una pena que en mapas de este tipo se excluya una parte de España.