Cuando Cristóbal Colón llegó a América un 12 de octubre de 1492, en el continente ya vivían entre 40 y 60 millones de personas, las cuales hablaban cerca de 1.200 lenguas y se organizaban en sociedades cuya sofisticación superaba en algunos casos a las europeas. La colonización española esquilmó gran parte de las formas de vida y las estructuras que construyeron estas antiguas civilizaciones, dificultando enormemente la labor de antropólogos y arqueólogos para saber quién y cómo vivía en la América precolombina, pero un renovado interés por conocer ese legado está desmontando poco a poco el mito del «descubrimiento» de América.
El «nuevo mundo» era antes de la llegada de Colón un lugar diverso, dinámico y complejo, con un profundo dominio de la ingeniería —la ciudad azteca de Tenochtitlán tenía agua corriente y era más grande que cualquier ciudad europea del momento— y la agricultura —la domesticación del maíz es considerada la primera hazaña de ingeniería genética de la historia—.
Esa es la principal conclusión del libro 1491: Una nueva historia de las América antes de Colón, publicado en 2005 por el periodista estadounidense Charles C. Mann, que argumenta que la población nativa era mucho más numerosa, más antigua y poseía un mayor dominio de su entorno que lo que los investigadores tradicionales habían defendido hasta la fecha.
Las grandes civilizaciones precolombinas
Con cerca de 24 millones de habitantes, Centroamérica estaba dividida en grandes imperios y pequeños Estados independientes. A finales del siglo XV, cuando llegaron los españoles, el Imperio azteca o mexica se encontraba en su época de máximo esplendor gracias a la alianza suscrita entre las ciudades-Estado de Texcoco, Tacuba y Tenochtitlán. Esta última, su capital, era incluso más grande que París —se estima que podría haber alcanzado las 250.000 personas—, y albergaba un sofisticado sistema de canales y presas que regulaba el suministro de agua que llegaba desde las montañas.
Los grandes enemigos de los aztecas, los tarascos, habían logrado levantar también un imperio que se apoyaba en tres ciudades-Estado, con capital en Tzintzuntzan, aunque en su caso el poder estaba menos centralizado. La metalurgia fue su especialidad: fueron los primeros en crear un sistema estatal de extracción y trabajo del metal.
La otra gran civilización de Centroamérica era la maya, aunque la mayoría de sus ciudades se encontraba ya en plena decadencia por aquellos tiempos. Al igual que en la antigua Grecia, el Imperio maya se dividía en ciudades-Estado que compartían una cultura y una lengua comunes pero competían entre sí. El debilitamiento de sus reinados, sin embargo, permitió que el control de las ciudades pasara a ser más comunal y las rutas comerciales se despejaran, de forma que la población en su conjunto se hizo más rica. Los mayas destacaron, además de por su dominio de las matemáticas, por sus conocimientos astronómicos.
En Sudamérica, por otro lado, vivían cerca de 25 millones de personas en 1492, organizadas bajo regímenes muy distintos. El Imperio inca era por aquel entonces el más grande del mundo: con una extensión comparable únicamente con la del Imperio romano, descansaba sobre una puntera infraestructura vial que conectaba todas sus conquistas. La técnica agrícola del cultivo en terrazas y la organización económica de las ciudades, en la que los recursos se dividían entre el Estado, el soberano y el pueblo, fueron claves en el mantenimiento de esa hegemonía.
También en los Andes se hizo fuerte el Imperio chimú, pero se desmoronó hacia 1470 probablemente por entrar en guerra con los incas. Junto a ellos, en Sudamérica también existían pueblos amazónicos o los mapuches —con los que los españoles no entraron en contacto hasta el siglo XVI—. Estos últimos se enfrentaron con los colonizadores a principios de 1540 cerca de la Patagonia, y resistieron más que cualquier otro pueblo precolombino. Los españoles, de hecho, tuvieron que firmar un tratado de paz en el que se comprometieron a respetar su territorio.
En Norteamérica, por último, se estima que había cinco millones de personas cuando llegaron los europeos, organizadas normalmente en comunidades igualitarias en las que el poder de las autoridades estaba muy limitado y que ocupaban amplias franjas de territorio, como las culturas haudenosaunee, misisipianas o pueblo.








Artículo súper interesante. Especialmente después de haber visitado recientemente el museo de Arte e Historia de Bruselas, en la sección Preeuropea.
El título del libro ‘1941: Una nueva historia de las América antes de Colón’ tiene el año incorrecto. Es 1491.
Muchas gracias por el apunte, Carlos. Ya está corregido el error.