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Estados Unidos, China y el golfo Pérsico: así funciona la inversión extranjera en el fútbol europeo

Algo más de un tercio de los equipos de las principales ligas de fútbol europeas cuenta con inversores de fuera del continente
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La primera vez que los Glazer, la familia estadounidense que compró el Mánchester United en 2005, visitaron Old Trafford tuvieron que hacerlo escondidos en una camioneta en mitad de cánticos que pedían su muerte. Dieciséis años después, en mayo del pasado año, la situación no era mucho mejor: cientos de fans invadieron el campo para demandar por enésima vez su dimisión antes de un partido contra el Liverpool y con las gradas del estadio cerradas por la pandemia.

El origen de ese desdén se remonta al momento mismo de la compra del equipo. En una maniobra financiera, los Glazer cargaron sobre el club los préstamos que solicitaron para hacerse con su control y en cuestión de días el United pasó a estar fuertemente endeudado. El movimiento, claro, no gustó a los aficionados de los diablos rojos, que tras más de una década de abandono y desplantes de la propiedad estadounidense volvieron a sentirse estafados con el intento de involucrar al club en la fallida Superliga Europea.

Ya sea por interés económico, capricho o afición, en los últimos años decenas de multimillonarios extranjeros han desembarcado en el fútbol europeo. Jeques procedentes del golfo Pérsico —como Nasser Al Khelaïfi en el PSG—, oligarcas rusos —Dmitri Rybolóvlev en el Mónaco — o magnates chinos —Steven Zhang en el Inter— son algunas de las personalidades que copan ahora los palcos de las mejores ligas europeas, pero si hay una nacionalidad extranjera que puede presumir de controlar el fútbol del Viejo Continente esa es la estadounidense.

Ni jeques ni oligarcas, el fútbol europeo lo está comprando Estados Unidos

De acuerdo con los datos recopilados por El Orden Mundial, casi una quinta parte de los clubes de primera y segunda división de Inglaterra, España, Francia, Italia y Alemania tienen inversores estadounidenses. Y aunque la Premier League británica y la Serie A italiana son las ligas donde más han pescado los millonarios llegados desde el otro lado del charco, ninguna competición se libra de su presencia. Entre su cartera de equipos, de hecho, se encuentran históricos como el Arsenal, el Mánchester United, el Liverpool, el Olympique de Marsella, la Roma o el Milán, y su expansión está lejos de frenarse.

Su próxima adquisición, sin ir más lejos, va a ser el Chelsea. Las sanciones impuestas al oligarca ruso Roman Abramóvich le han obligado a desprenderse del club, y cómo no ha sido un consorcio estadounidense —formado entre otros por el dueño del equipo de béisbol Los Ángeles Dodgers y el fondo de inversión californiano Clearlake Capital— el que ha presentado la mejor oferta: 2.500 millones de libras.

El trato confirma dos tendencias que están transformando los despachos del fútbol europeo: por un lado, el creciente interés de los inversores extranjeros, especialmente de los estadounidenses, en el deporte rey del Viejo Continente y, por otro, la viabilidad del fútbol como campo de inversión y especulación, cuando no de influencia política.

Por su gran visibilidad y el vínculo que generan con sus seguidores, los clubes deportivos son plataformas muy poderosas desde las que lanzar campañas de relaciones públicas y de construcción de marca. El caso del City con Emiratos Árabes Unidos es también el del PSG con Catar, el del Newcastle con Arabia Saudí o el del Milán con el antiguo primer ministro italiano Silvio Berlusconi, propietario del equipo durante tres décadas. Las ambiciones geopolíticas también son otro factor a tener en cuenta, sobre todo con los países del golfo Pérsico o China, que promueven la inversión de sus magnates en el fútbol europeo para mejorar su posicionamiento empresarial y político.

Y no solo se trata de la compra de equipos. Estados Unidos, China y el golfo Pérsico también se han convertido en destinos recurrentes para la celebración de algunas competiciones nacionales, especialmente las supercopas.

Todas las principales ligas europeas han sucumbido a la inversión extranjera a excepción de las alemanas, donde rige una regla conocida como 50+1 que exige que al menos el 51% de los derechos de voto permanezcan en manos de los socios del club. La cláusula impide, en otras palabras, que un agente externo pueda hacerse con el control mayoritario de un equipo. Solo hay una excepción: que una persona o compañía haya financiado sustancialmente a un club al menos durante veinte años, en cuyo caso el inversor en cuestión sí puede contar con una participación mayoritaria, como ocurre con el Bayer Leverkusen —propiedad de la farmacéutica homónima— o el Wolfsburgo —Volkswagen—.

Por el contrario, si bien la Premier League es la competición nacional más potente y por tanto más jugosa, el alto valor de sus equipos —las compras del United, el City y el Liverpool superaron el medio millón de libras— y la enorme inversión que requiere poder competir en una liga tan exigente provocan que muchos magnates opten por opciones más económicas en otros países.

En España la situación de LaLiga es parecida a la de la Premier —tasaciones altas y dominación clara de un puñado de equipos—, pero su gran nivel y la tendencia a la propiedad única o muy concentrada ha atraído recientemente a multitud de inversores. También a sus principales clubes: tras la llegada del singapurense Peter Lim a Valencia, grupos estadounidenses se han hecho con participaciones minoritarias en el Sevilla y el Atlético de Madrid —en este último caso junto con otro israelí—.

Pero es en la parte baja de la tabla o incluso en la segunda división donde la inversión extranjera ha penetrado con más fuerza en España. De hecho, en cerca de una docena de equipos como el Espanyol, el Mallorca, el Elche, el Granada o el Alcorcón el capital extranjero posee la mayor parte del club.

Por su parte, la liga francesa es cada vez más atractiva para los inversores no europeos por sus precios y su potencial de crecimiento. Sin ir más lejos, el PSG pasó a manos cataríes a cambio de apenas 100 millones de euros en 2011 —ahora se estima que vale más de 1.000 millones—, y gran parte de los equipos que luchan por las primeras posiciones están controlados por extranjeros —Mónaco, Olympique de Lyon u Olympique de Marsella—. La Ligue 2, con 9 equipos con capital no europeo, tampoco ha pasado desapercibida.

En Italia, por último, el país donde por el momento han desembarcado menos inversores extranjeros a excepción de Alemania, la crisis que vive la competición ha impedido que se firmen más ventas. Aun así, todavía es un destino apetecible para millonarios y empresas extracomunitarias, tanto por el exitoso pasado de su fútbol como por su implantación social, y varios de sus equipos más laureados están ya controlados por capital extranjero —Inter, Milán, Roma o Fiorentina—.

¿Y qué pasa con los aficionados?

El fracaso de la Superliga Europea ha vuelto a poner en el foco las luchas de poder que tienen lugar en las altas esferas del fútbol. Lo que todavía no está tan claro es quién se terminará lucrando. El fútbol del Viejo Continente, acostumbrado durante décadas a magnates locales con sus propios intereses, está ahora virando hacia hombres de negocios y especuladores cada vez menos relacionados con los equipos y sus aficiones.

La familia Glazer y su controvertida dirección del Mánchester United constituyen uno de los ejemplos más evidentes, pero no es ni mucho menos el peor. Y si no que le pregunten a los aficionados del Málaga o el Valencia en España o a los del Girondins de Burdeos en Francia, que a punto estuvo de ser obligado a descender el pasado año tras la espantada de su propietario estadounidense.

Pero si para algo ha servido la Superliga Europea ha sido para terminar de enfadar a los aficionados, que no dudaron en salir a la calle para reclamar una vuelta al fútbol popular que cada vez suena más a antaño. En el caso del United, para apaciguar a las masas, los Glazer se comprometieron a crear un nuevo esquema de acciones de aficionados para que los seguidores pudieran aumentar su influencia en el club.

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Metodología

Se ha contabilizado como inversores extranjeros a aquellos accionistas que poseen al menos el 5% de un club y cuya fortuna ha sido amasada fuera de Europa (Rusia ha sido considerada como extranjera). En este sentido, si un propietario ha nacido en un país pero ha desarrollado su carrera profesional en otro distinto, ha sido este segundo el que se ha tenido en cuenta.

Este es el caso, por ejemplo, del pakistaní dueño del Fulham inglés, Shahid Khan, que se mudó con 16 años a los Estados Unidos y ha levantado su imperio económico sobre una empresa automotriz constituida también en Norteamérica. O el de Rocco Commisso, el dueño de la Fiorentina nacido en Italia pero emigrado con 12 años a Estados Unidos y fundador de Mediacom, una de las mayores compañías estadounidenses de televisión por cable.

Distinto es el del Valladolid y del exfutbolista Ronaldo Nazario. El brasileño desarrolló la mayor parte de su trayectoria deportiva en Europa y tras su retirada ha construido una cartera de inversiones muy diversificada, también presente en Brasil. Por esta razón, al no poder unir su patrimonio a un país concreto, en su caso sí se ha tenido en cuenta su origen.

En El Orden Mundial hemos analizado la propiedad de los equipos de las dos primeras divisiones de las cinco ligas europeas más importantes (Inglaterra, España, Francia, Italia y Alemania).

En este gráfico cada cuadro simboliza uno de esos clubes.

En total, hay 69 equipos con al menos un 5% de propiedad no europea —en 61 de ellos mayoritaria—.

 

En total suponen el 34% de los 202 equipos analizados, el 42% si no se tiene en cuenta a Alemania, donde ninguna escuadra está en manos extranjeras.

Inglaterra es con diferencia el país donde más peso tiene la inversión extranjera.

 

En el caso de la Premier League afecta al 70% de los equipos y en el de la Sky Bet Championship, al 63%.

Por nacionalidades, los inversores del golfo Pérsico (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Baréin) son el tercer grupo más numeroso.

Juntos tienen presencia en el 13% de los equipos europeos con propiedad no europea (9 clubes).

Los inversores chinos

Los inversores chinos poseen acciones en el 19%, 13 equipos.

Los inversores de Estados Unidos...

Pero en Europa nadie compite con el capital procedente de Estados Unidos.

Sus millonarios han invertido en hasta 35 equipos en las grandes ligas europeas, el 17% del total y el 51% de aquellos con dueño extracomunitario.

En total…

En las dos primeras ligas inglesas la propiedad no europea es mayoritaria.

 

Solo en Londres hay 6 equipos con capital extranjero.

En España los dos grandes, Madrid y Barcelona, están controlados por sus socios.

 

Pero el resto de equipos sí han sido susceptibles al desembarco de este tipo de inversores.

En Francia los dos equipos capitalinos tienen propiedad extranjera.

Y en Italia la inversión no europea está claramente dominada por la fortuna estadounidense.

Inversión extranjera en equipos de Europa

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