Tras catorce años con Evo Morales en el poder y una relativa estabilidad en medio de una región tormentosa, Bolivia estalló a finales de 2019. Los intentos de perpetuación en el poder del mandatario y las acusaciones de manipulación electoral acabaron en un golpe de Estado que puso el país patas arriba. En ese contexto, la existencia de dos mundos paralelos, fuertemente enfrentados entre sí, quedó más evidenciada que nunca. La geopolítica de Bolivia no podría entenderse sin esa marcada división geográfica que parte el país en dos mitades y determina su funcionamiento diario.
Así, por un lado, la región de Los Llanos, la más oriental, es la parte tropical de Bolivia, con un clima más húmedo y cálido. También conocida como “la media luna”, esta región acoge a la élite blanca y rica boliviana, la oposición más firme a Evo Morales desde que este llegara al poder en 2005. Su músculo petrolífero, así como agroganadero, ha sido explotado por su población para hacer valer sus intereses, amenazando incluso con declarar la independencia.
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En el lado opuesto se erige la región andina, dominada por el altiplano y hogar de la mayoría indígena de Bolivia ―el 40% de la población nacional―. Es en esta zona donde el Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales cosechó más apoyos, fruto de sus medidas sociales y en apoyo al colectivo indígena, así como a las plantaciones de coca, una medida que levantó recelo en la comunidad internacional ante la proliferación del tráfico de drogas a través de Bolivia. La región andina concentra también los ricos recursos minerales de los que dispone el país. No en vano, Bolivia posee las reservas más grandes del mundo de litio, la mayoría de ellas en el salar de Uyuni, así como importantes reservas de oro, plata, cobre e incluso estaño.
Al otro lado del altiplano son los hidrocarburos, sobre todo el gas natural, los que sostienen la economía regional. En los alrededores de Santa Cruz y Río Grande fun...