El problema de la tierra en Latinoamérica es la base de muchos de los males que azotan la región. América Latina es la región del mundo con mayor desigualdad en la distribución de la tierra, con pequeñas minorías que acaparan grandes latifundios y la mayoría de campesinos sin tierras o explotando pequeños minifundios.
Según el informe de Oxfam de 2016 sobre la tierra y la desigualdad en Latinoamérica, la región es la más que registra la mayor inequidad del planeta. Aplicándose el coeficiente de Gini (donde 0 es homogéneo y 1 completamente desigual), América Latina obtiene un 0,79 en la distribución de la tierra, frente al 0,57 de Europa, el 0,56 de áfrica o el 0,55 de Asia. Aunque los datos de Oxfam puedan parecer antiguos, la falta de reformas profundas en el sector agrario es la norma en gran parte de los países latinoamericanos, donde apenas se han registrado cambios durante las últimas décadas.
En toda la región, el 1% de las explotaciones agrarias concentran algo más del 50% de las tierras agrícolas disponibles, aunque esta distribución tampoco es homogénea a lo largo y ancho de Latinoamérica. Los países andinos tienden a tener unas concentraciones de la tierra en manos del 1% con más tierra superior al 60 o 70%, mientras que los países menos extensos (como Uruguay y los Estados de Centroamérica, pero también Ecuador) suelen tener una distribución de la tierra más equilibrada.
En los extremos se encuentran Colombia y Uruguay, el primero con el 1% de los grandes propietarios de tierra acaparando el 81% de la superficie agraria, mientras que en el segundo país ese 81% de la tierra es propiedad del 99% de las explotaciones más pequeñas.
El mapa de la cuenca del río Paraná, la república global de la soja
El acaparamiento de tierras en Latinoamérica suele concentrarse además en las tierras más fértiles y productivas, y orientarse a productos de exportación como los plátanos, el cacao, el café o la soja. Es decir, se trata de un modelo económico dominado por el extractivismo. Mientras, la mayoría de los propietarios agrícolas de Latinoamérica se reparten no solo menos tierras, sino tierras marginales y menos productivas; muchas veces destinadas al consumo interno o al autoconsumo.
El problema de la tierra ha sido durante décadas el gran problema latinoamericano. El acceso a la tierra por parte de masas campesinas, o la lucha contra estas para preservar los privilegios de las élites, está en el origen de numerosos conflictos, golpes de estado y revoluciones en Latinoamérica. Destacan, por ejemplo, la aparición de grupos armados como las FARC en Colombia o la guerrilla sandinista en Nicaragua, la intervención de la CIA y EE. UU. en distintos países o la colonización de nuevas tierras, con la consiguiente presión sobre territorios indígenas y tierras vírgenes.
En Colombia, la desigual distribución de la tierra está en el origen del conflicto armado que ha sufrido el país durante cerca de medio siglo. Los pequeños campesinos se fueron organizando en territorios marginales de la selva mientras que la ideología comunista iba impregnando sus reclamaciones frente a un Estado hostil. En este contexto surgirían las FARC y otro puñado de organizaciones criminales. Con pequeñas explotaciones poco rentables, el cultivo de coca se volvió una salida viable a la pobre situación de muchos agricultores. Mientras que grupos insurgentes y cultivadores de coca se iban entremezclando, la presión del Estado llevó a la colonización de nuevas tierras, dando inicio a un círculo de deforestación, cultivo de coca y guerrillas que todavía sacude los territorios periféricos de Colombia.
La colonización de nuevas tierras se ha dado por toda Latinoamérica, frecuentemente con enfrentamientos con los pueblos indígenas que las habitan. Este es el caso de Brasil, que ha fomentado la colonización de la cuenca amazónica para reducir la presión social, pero a costa de crear una extensa región sin ley donde colonos e indígenas entran en conflicto por la tierra.