China y su camino hacia la nueva ruta del Ártico

El deshielo de la banquisa ártica, impulsado por el calentamiento global, abre nuevas vías marítimas que Pekín quiere aprovechar
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El 13 de octubre de 2025, un buque portacontenedores chino completó la travesía del Ártico entre China e Inglaterra en solo 20 días, marcando uno de los trayectos más rápidos jamás realizado por un barco comercial en esta ruta sin la asistencia de un rompehielos. El viaje, impulsado por los efectos del calentamiento global en la región, es un nuevo paso para la consolidación de esta conexión a través del Polo Norte, mucho más barata y el doble de rápida que las vías marítimas tradicionales, como el canal de Suez o el cabo de Buena Esperanza.

El deshielo acelerado de la banquisa —el hielo marino— está transformando el vasto e indomable espacio natural del Ártico en uno de los epicentros de la geopolítica moderna. Ahora que el océano es navegable durante casi tres meses de verano, se abren nuevas oportunidades económicas clave, tanto por la apertura de estas nuevas vías marítimas como por la accesibilidad a recursos naturales inexplotados.

 

Mapa ruta ártico China def

 

Ante esta situación, los países árticos han intensificado sus reclamaciones territoriales sobre la región, mientras que otras potencias mundiales buscan influir en sus asuntos y decisiones. Este es el caso de China, que desde hace unos años ha intensificado su presencia e inversiones en el Ártico mediante el desarrollo de estrategias nacionales específicas en este territorio.

El creciente interés de la potencia asiática coincide con un aumento de las tensiones entre los países árticos, que luchan por la soberanía y el control de los recursos y las vías marítimas. Noruega, por ejemplo, ha situado el Alto Norte como su prioridad de política exterior y concentra sus operaciones militares en el norte del país. 

Rusia, por su parte, posee una estrategia ártica muy desarrollada y su presencia militar en la región data de hace décadas. En los últimos años, Moscú ha otorgado una importancia renovada a esta zona: está invirtiendo en la construcción de un ejército especializado en el Ártico y en la reapertura y modernización de múltiples bases militares a lo largo de su frontera polar. Estados Unidos, que hasta ahora había descuidado la región, ha aumentado de forma exponencial su interés en el Ártico e incluso Trump ha manifestado su intención de anexionar Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca. 

 

Las disputas en el Ártico

 

En la actualidad, las reclamaciones más importantes sobre el Ártico se fundamentan en la legislación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Este tratado otorga derechos económicos exclusivos (ZEE) a los Estados con costa ártica hasta 200 millas náuticas, permitiendo extender la explotación de recursos hasta 350 millas náuticas si se demuestra la extensión de su plataforma continental. Esta cláusula es el punto crucial que fomenta las disputas territoriales, como ilustran las tensiones entre Rusia y Noruega por el control de zonas estratégicas como el mar de Barents y las islas Svalbard.

La diplomacia ártica de China

Ante la creciente escalada de las tensiones por el control del Ártico, Pekín está desarrollando estrategias para garantizar su participación en la toma de decisiones relativas a su explotación. China mantiene un notable interés en la exploración y extracción de los recursos naturales árticos, incluyendo las significativas reservas de petróleo y gas, los depósitos de minerales metálicos y los recursos pesqueros. 

Sin embargo, su objetivo primordial sigue siendo asegurar y dominar la navegación a través de las rutas marítimas del océano Ártico, vitales para su seguridad energética y comercial. Este enfoque se debe a que el comercio marítimo representa uno de los pilares más cruciales y fructíferos del éxito económico de China. Por ello, ha integrado formalmente esta nueva ruta marítima, la Ruta Polar de la Seda, dentro de su proyecto global de infraestructuras (Belt and Road Initiative, por su siglas en inglés).

A pesar de no tener reivindicaciones territoriales directas en el Ártico, China se ha visto obligada a desarrollar estas estrategias para legitimar su presencia en la región, con el objetivo de asegurar su influencia sobre esta vía marítima. Una de las justificaciones que ha usado para ello es considerarse como un «Estado cercano al Ártico», como recoge su libro blanco sobre el Ártico de 2018. La potencia asiática se apoya en la proximidad geográfica del círculo polar ártico y argumenta que “los cambios en el Ártico tienen un impacto directo en el clima y el medioambiente ecológico de China y en sus intereses económicos”.

 

 

Otra estrategia clave para legitimar la presencia de China en el Ártico es su estatus como miembro observador del Consejo Ártico, el principal foro intergubernamental que aborda los asuntos de la región. Este estatus le permite participar en diversos proyectos y debates sobre el desarrollo y la toma de decisiones en el Polo Norte, además de ayudarle a situarse como una potencia fiable y un promotor de estabilidad y desarrollo económico en el Ártico. 

Al mismo tiempo, y para potenciar esta imagen, China ha intensificado su cooperación económica y su inversión directa en países árticos clave como Finlandia o Noruega, lo que también le permite suavizar las reticencias ante su creciente influencia regional. En última instancia, esto también le facilita la obtención de las autorizaciones de navegación necesarias para su Ruta Polar de la Seda.

La estrategia de cooperación china

El libro blanco de 2018 establece la base de la estrategia Ártica de China, que pretende mejorar sus capacidades de investigación científica en la región. En línea con esto, Pekín ha creado proyectos de cooperación y establecido infraestructuras como el Observatorio Ártico China-Islandia y una base científica en Noruega. Además de la ciencia, China está llevando a cabo inversiones para la explotación de recursos, como los proyectos de minería en Groenlandia.

Para asegurar la navegación continua en las difíciles condiciones de la ruta polar, la potencia asiática también está planeado la construcción de rompehielos de última generación —como los de propulsión nuclear, similares a los rusos—. 

 

 

Para la industria china, la ruta polar representa una alternativa estratégica que elude la tradicional ruta del mar de la China Meridional —un punto de alta tensión geopolítica en el Pacífico—, lo cual, sumado a la mejora en los tiempos y la reducción de los costes de los envíos hacia Europa, potencia significativamente sus relaciones comerciales con el Viejo Continente. 

Este es el gran incentivo que tiene China para cultivar buenas relaciones con Rusia. La convergencia de intereses entre ambos países ha dado lugar a una alianza estratégica en el Ártico. Rusia necesita inversiones importantes para el mantenimiento y desarrollo de sus vastas infraestructuras árticas. A su vez, China requiere autorizaciones de navegación en la ruta marítima del Norte, una vía que transcurre a lo largo de la ZEE rusa y sobre la que Moscú ejerce un control casi total.

El difícil papel de Estados Unidos

La creciente alianza entre Rusia y China ha dejado a Estados Unidos en una posición precaria en el Ártico. Pese a ser una nación ártica que controla el estrecho de Bering, EE.UU. operó de facto como una “nación ártica sin una estrategia ártica” tras la Guerra Fría, creando un vacío estratégico que China ha aprovechado en el contexto de su creciente disputa geopolítica con Washington.

Así, por ejemplo, en la década del 2000, mientras Rusia mantenía docenas de bases militares y la presencia china crecía, Estados Unidos mostró poco interés y solo contaba con una flota de rompehielos relativamente obsoleta en la región. Además, la persistente negativa de la potencia norteamericana a ratificar la convención del mar complica su capacidad para hacer valer legalmente sus reclamaciones marítimas en las aguas en disputa. 

 

Mapa de la geopolítica de Groenlandia

 

Solo recientemente, y como reacción directa a la creciente asertividad de China y la alianza rusa, EE.UU. ha comenzado a abordar este déficit histórico: en 2022, su Estrategia Nacional para la Región Ártica representó un reconocimiento explícito de la urgencia para recuperar el retraso acumulado. Este cambio se ha manifestado en movimientos simbólicos, como el interés de la Administración Trump en adquirir Groenlandia, y prácticos, incluyendo el acuerdo con Finlandia para la adquisición de once nuevos rompehielos, cruciales para recuperar la competitividad polar.

Este creciente interés de las potencias mundiales en el Ártico y la intensificación del tráfico marítimo también tiene efectos sobre la propia estabilidad climática de la región: la explotación de gas y otros recursos en un ecosistema tan frágil e inalterado agravará el calentamiento global y el deshielo.

Las consecuencias de esta explotación serán asumidas por las poblaciones indígenas del Ártico, cuya supervivencia depende de este ecosistema. El deshielo ártico contribuye al aumento del nivel del mar, lo que resultará en inundaciones más severas en regiones costeras y países vulnerables como Tuvalu, Países Bajos o Bangladesh en las próximas décadas.

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2 comentarios

  1. Expandir comentario
    Xavier Martín Birding SLL

    Buenos días. Desconozco que China domine alguna de las islas Aleutianas, según se desprende de este texto: «La potencia asiática se apoya en la proximidad geográfica de las islas Aleutianas, bajo su dominio y cercanas al estrecho de Bering». Pensaba que el dominio era de EEUU, y de Rusia, las islas más occidentales. ¿Pueden ampliar esta información» . Gracias.