«Aquel que domina el mar domina el comercio; aquel que domina el comercio del mundo domina las riquezas del mundo y, en consecuencia, el mundo mismo». Esas palabras fueron pronunciadas por el marino y político inglés Walter Raleigh en 1616, pero bien podrían haber sido obra de Xi Jinping, el actual presidente chino. No en vano, pocos han sabido entender y aprovechar el poder del mar tan bien como lo han hecho él y su país en los últimos años.
A base de inversiones millonarias y diplomacia, China ha construido una red de puertos a lo largo del mundo que, según el análisis de El Orden Mundial, ya abarca al menos 88 terminales con propiedad, inversión o derechos de explotación de empresas chinas en 44 países distintos. Muchos de ellos figuran en la lista de los puertos comerciales más importantes a nivel internacional: de los cien más transitados, 32 cuentan con algún tipo de control del gigante asiático, a los que habría que sumar otros 25 que se encuentra dentro de la propia China. Nadie puede competir con esa infraestructura.
El Gobierno chino no cuenta con ninguna plataforma oficial que recopile la participación de sus empresas en puertos de ultramar, pero la información que comparten los tres grandes operadores portuarios del país permite cuantificar su hegemonía. Se trata, en concreto, de China Ocean Shipping Company (COSCO), China Merchants Group (CMG) y CK Hutchison Holdings. Las dos primeras son públicas, mientras que la última es una compañía privada basada en Hong Kong alineada con los intereses de Pekín.
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