Una tarde de enero de 1989 la mujer del ex primer ministro belga Paul Vanden Boeynants se extrañó del tiempo tardaba su marido en entrar en casa. Fue a buscarlo al garaje y allí solo encontró su pipa y un zapato, ni rastro del que había sido el líder del Gobierno del país. Al poco tiempo, un grupo llamado Brigadas Socialistas Revolucionarias anunció su secuestro y exigió un rescate. Tras el pago de unos 1,8 millones de dólares, Boeynants fue liberado.
Posteriormente se supo que las supuestas Brigadas eran una tapadera de la banda de Patrick Haemers, un conocido delincuente belga especializado en violentos asaltos sobre furgones de seguridad. El plan fue elaborado por Basri Bajrami, un albanokosovar miembro de la banda de Haemers, que estaba indignado por los altos impuestos del Gobierno sobre el juego. Aunque el papel de Bajmani pasó casi desapercibido, fue el primer indicador de las ambiciones y alcance de los criminales albaneses. Desde entonces, la mafia albanesa se ha expandido de forma asombrosa preocupando tanto a Gobiernos como a otros grupos criminales por todo el mundo.
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