La nación del freestyle: cómo las batallas de gallos están uniendo a la juventud hispanohablante

El freestyle en español, batallas de gallos improvisadas entre raperos, ha trascendido fronteras hasta formar una gran comunidad hispanohablante. Los medios digitales facilitaron la divulgación de una expresión artística cada vez más compleja en la que la unión, el respeto y el intercambio cultural se anteponen a la competencia.
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La nación del freestyle: cómo las batallas de gallos están uniendo a la juventud hispanohablante
Mustafá Yoda en Niceto Pub. Fuente: Circuito Fora do Eixo (Flickr)

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Las plataformas digitales han facilitado que el freestyle ya no sea solo un fenómeno underground de parques y plazas. Ahora millones de personas pueden seguir desde cualquier lugar las batallas de gallos en las que los participantes improvisan rap atacando a su adversario. Estos eventos se han convertido en un éxito del streaming hispanohablante,  formando una gran comunidad internacional más interconectada en redes sociales que las comunidades de otros idiomas.

La Red Bull Internacional de 2015 en Chile supuso un punto de inflexión tras viralizarse la batalla de Arkano vs. Dtoke, que ahora suma más de 45 millones de reproducciones en YouTube. Desde ese año, la comunidad del freestyle hispanoamericano no ha parado de crecer y los grandes eventos acumulan millones de vistas. Este año la Red Bull Internacional regresa a Chile con la vuelta del público tras la pandemia de la covid-19, la primera mujer competidora desde 2007, Marithea, y la intención de batir nuevos récords de audiencia. 

Del undergound a fenómeno de masas

Las batallas de gallos se han popularizado hasta el punto de que se asocia el freestyle a estas competiciones, pero el estilo libre o improvisado siempre ha sido una forma más de cualquier expresión artística. De hecho, también es popular en otra manifestación de la cultura hiphop: el break dance. Sin embargo, el freestyle siempre ha estado relegado a un segundo plano detrás del rap escrito. Su naturaleza dificultaba divulgarlo, por lo que se limitó a plazas y clubs, hasta que llegaron los teléfonos móviles, internet y, sobre todo, las grandes productoras.

La explosión del freestyle llegó con la película 8 Millas, de 2002. Protagonizada por el estadounidense Eminem e inspirada en su vida, narra los intentos de un rapero por dedicarse a la música mientras se hace un nombre en competiciones de freestyle. Su éxito mundial acercó las batallas del hiphop underground de Estados Unidos a otros rincones, influyendo en los freestylers actuales. Entonces, la marca de bebidas energéticas Red Bull, interesada en patrocinar los eventos de freestyle que se organizaban en Hispanoamérica, ideó una competición que introdujo el concepto de las peleas de gallos a las batallas de rap improvisado, mientras reivindicaba la herencia de la improvisación en la cultura hispanohablante. La primera Red Bull Batalla de los Gallos internacional se celebró en 2005 en Puerto Rico, donde la cultura hiphop estaba más asentada por su vínculo con Estados Unidos.

El circuito transnacional del freestyle en español fue creciendo y, aunque Red Bull decidió cancelar la competición en 2009, para entonces ya había una comunidad asentada que recibió con fuerza su vuelta en 2013. En esta segunda etapa las batallas pasaron de ser un pasatiempo donde los raperos promocionaban su música a todo un modo de vida. Cada vez más marcas patrocinaban el freestyle, permitiendo que empresas como Urban Roosters creasen la liga profesional Freestyle Master Series (FMS), con su propio reglamento, y surgida en España en 2017. El freestyle entonces se empezó a aproximar a una disciplina deportiva y se profesionalizó, al garantizar un sueldo mensual a los competidores que consiguiesen ascender a la liga. El formato FMS se fue extendiendo desde España a varios países latinoamericanos  y en 2020 llegó la FMS Internacional. 

La industria detrás de este fenómeno, que cada vez mueve más masas, financia la movilidad, permitiendo eventos internacionales que sirven de conexión entre países. “Muchísimo amor para todas las naciones; esto es una unión de cultura, no de separación”, gritaba el host Bekaesh en la FMS Internacional 2021. Los eventos de freestyle son ya un hermanamiento cultural. No en vano la presentación de la Red Bull International de 2019 de España se celebró en la Casa de América de Madrid, una institución pública centrada en promover la relación entre España y Latinoamérica, lo que supuso el reconocimiento de la cultura hiphop hispanohablante y su valor como nexo a ambos lados del Atlántico.

En la comunidad del freestyle no importan las fronteras

Sin embargo, en el circuito de competición también hay tensiones nacionalistas que contradicen ese espíritu de hermanamiento. El patriotismo y las críticas a la historia colonial son un recurso más para atacar al oponente durante la batalla. Además, en la mayoría de las competiciones internacionales los freestylers participan representando a su país natal, lo que puede fomentar actitudes tóxicas por parte de algunos de los seguidores y fenómenos como la localía, cuando el público apoya más al participante local para decantar el resultado a su favor.

Como respuesta, la tendencia ha sido defender el freestyle como disciplina artística para disfrutar de la batalla sin centrarse en la nacionalidad de quien participa. En la última FMS Internacional las redes se llenaron de mensajes en clave nacionalista, por lo que el mismo evento trató de contrarrestar ese odio con un mensaje de amor por la cultura del free. El formato FMS ofrece a cada competidor unos minutos de libre expresión al inicio, en la presentación. Mientras no hay batalla los ataques no son necesarios, así que muchos participantes aprovecharon para lanzar mensajes positivos, reforzando los valores de unión y respeto. “Hoy gana el freestyle porque no quiero otro movimiento racista”, rapeaba el chileno Acertijo en la final de septiembre. El español Mnak, por su parte, expresó que tenía “el micro como bandera”.

A pesar de los ataques entre competidores, cuando acaba la batalla y, por tanto, la ficción, son constantes las muestras de apoyo ya no solo al rival, sino también a su país y su pueblo. Tras su batalla en la Red Bull Internacional de 2019, el colombiano Valles-T mostró su respeto a Chile por las movilizaciones que vivió el país ese año, así como “a toda la gente de Latinoamérica que está despertando”. Su adversario, el chileno Jokker, se despidió con un “Piñera, renuncia”, en referencia al presidente de su país. Así, visibilizaron las protestas latinoamericanas a las 17.000 personas que llenaron el estadio WiZink Center de Madrid y a sus millones de seguidores en streaming.

Cada evento de free es un intercambio cultural que difunde expresiones y referencias de una región hasta el otro lado del mundo, despertando el interés del público por los lugares de procedencia de los competidores. Además, la esencia del freestyle es verbalizar aquello que ronda la mente, desde inquietudes personales a denuncias sociopolíticas. De esta forma, las batallas en ocasiones sirven para reivindicar la precariedad en la que los raperos vivían antes del freestyle, las lenguas indígenas o debates de actualidad, como en la batalla Roma vs. Dozer de la nacional argentina de 2019 sobre la legalización del aborto.

Una expresión cultural más allá de la industria

En los últimos años, el freestyle no solo ha progresado en los números. Al profesionalizarse, muchos participantes entrenan, se alejan de los insultos fáciles, cuidan el discurso y perfeccionan sus skills (‘habilidades’). Ahora es una disciplina compleja en la que intervienen muchos factores subjetivos. A las rimas improvisadas se suma la performance, marcada por la musicalidad, la expresión corporal y la relación con el público. Pero es sobre todo la elaboración del rap, con el idioma español como vehículo, lo que ha evolucionado hasta acercarse a la poesía. Los freestylers se apropian de figuras literarias, como aliteraciones, calambures, hipérboles o metáforas, para llenar las batallas de musicalidad e ingenio. 

Esta compleja expresión artística llega a un público joven cuyo único nexo es el español. Como dijo el host Mbaka al anunciar el ganador de la Red Bull Internacional 2019: “Compartimos una lengua y ahora un campeón”. El freestyle hispanohablante ha aprovechado el idioma para construir un universo que traspasa fronteras. Aunque también hay competiciones en otros idiomas y Red Bull tiene su versión francesa, polaca y serbocroata, el fenómeno no está tan extendido como en el mundo hispano, que es un referente para el resto.

Incluso la improvisación del rap en español no está limitada a Hispanoamérica, sino que se expande por el globo entre quienes hablan el idioma. La comunidad hispana de Estados Unidos es tan fuerte que tiene su propia Red Bull nacional. Esta competición no ha llegado a África, pero la reclaman los freestylers de Guinea Ecuatorial, que imitan los formatos en competiciones callejeras. No obstante, este año Red Bull ha dado la oportunidad de clasificar a la internacional a otros países sin competición nacional e incluso con otro idioma oficial, como Italia o Canadá, pero con la condición de improvisar en español. Así no solo crece la industria del freestyle, sino el mundo del free en español, con cada evento cada vez más popular que el anterior.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.