Jair Bolsonaro, el favorito de la derecha brasileña

Todos los sentimientos juegan en política, y los brasileños están muy enfadados frente a un sistema que colapsa. Jair Bolsonaro es una expresión más de esta rabia. Racista, homófobo, machista, defensor de la dictadura… ¿puede este excapitán del Ejército convertirse en el próximo presidente de Brasil?
Política y eleccionesAmérica Latina y el Caribe
Jair Bolsonaro, el favorito de la derecha brasileña
Fuente: Wikimedia

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Los cines de Brasilia proyectan estos días dos películas. Una es el clásico western estadounidense donde solo un sheriff duro e intachable puede volver a imponer la ley y el orden en un pueblo tomado por los bandidos y la corrupción. La otra es más bien una cinta de tema social, al estilo de Caballero sin espada, donde el recto señor Smith se enfrenta al poder político, económico y mediático para salvaguardar los derechos de los más desfavorecidos. ¿Qué historia convence más a los brasileños? En ello estará la clave de las próximas elecciones presidenciales de octubre, aunque por el momento su señor Smith, el expresidente y todavía político más popular del país Luiz Inácio Lula da Silva, parece que no podrá concurrir a la contienda electoral.

Pero centrémonos en el tipo duro, ese hipotético sheriff que, a pesar de no ser John Wayne o Charlton Heston, dice que puede arreglar Brasil a base de “valores militares”. Al fin y al cabo, Jair Bolsonaro también fue militar, y su compañero de fórmula, el general de cuatro estrellas retirado Hamilton Mourão, también manifiesta cierto aprecio por la mano dura. Ya el año pasado, Mourão —aún en activo— afirmó sin rodeos que el país necesitaba un golpe militar, unas palabras que en cualquier otro país habrían significado el final de una carrera política, pero que en el Brasil actual se han vuelto un discurso bastante aceptado. Con unas instituciones en caída libre y solo el 13% de los brasileños satisfechos con su democracia, cualquier propuesta de cambio radical del sistema encuentra oídos dispuestos a escuchar. Además, Brasil cuenta con una particularidad en su entorno: el final de la dictadura se pactó con una ley de amnistía e impunidad que posteriormente limitó mucho el impacto de las comisiones de la verdad y ayudó a que entre la sociedad quedara una imagen del Ejército más favorable que, por ejemplo, en la vecina Argentina.

De hecho, esta no ha sido la única vez que desde el entorno de Bolsonaro se ha reivindicado la dictadura del 64. El propio candidato hace apología de ella y para la hemeroteca han quedado momentos como su dedicatoria al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra —responsable durante la dictadura de más de 500 torturas y 40 casos de asesinato— en la votación a favor del impeachment contra Dilma Rousseff, a quien Brilhante torturó, o cuando no tuvo ningún reparo en afirmar que los militares deberían haber asesinado a unas 30.000 personas más, empezando por el expresidente Fernando Henrique Cardoso.

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Adrián Albiac

Madrid, 1992. Graduado en Relaciones Internacionales y en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Una vez oí que describirse es limitarse.