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No todos los aliados clásicos de Occidente han apoyado a Ucrania. Es el caso de Israel, que opta por una neutralidad interesada pese a haber condenado la invasión. Los amagos de acercamiento de los últimos meses han fracasado: ni los israelíes han obtenido el apoyo de Ucrania en las votaciones de la Asamblea General de la ONU sobre la ocupación de Palestina, ni los ucranianos han conseguido el armamento que les demandan a cambio. Con Rusia, el tono amigable de la última conversación en diciembre entre Vladímir Putin y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu tampoco anuncia cambios en las relaciones.
Aún así, la neutralidad israelí con la guerra es extraña, en especial desde que Irán le envía armas a Rusia. Los drones iraníes han sido clave para el Ejército ruso, que los ha usado en ataques kamikaze contra objetivos militares y civiles. Aunque Irán fortalezca sus relaciones con Rusia y eso le ponga en peligro por tratarse de su enemigo regional, las propias conexiones de Israel con Moscú y su agenda en Oriente Próximo le obligan a tomar una decisión difícil.
Judíos rusos y buenas relaciones personales
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