Era jueves 9 de febrero de 1961 a mediodía cuando cinco jóvenes se dispusieron a dar el primer concierto que abrió un largo camino de éxito internacional. En un bar, antiguo refugio antiaéreo en la estrecha Matthew Street del centro de Liverpool, la banda de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Stuart Sutcliffe —que abandonaría más adelante— y Pete Best —después sustituido por Ringo Starr— reunieron a decenas de personas.
Nueve meses después de ese debut, el destino del grupo cambiaría por completo en ese mismo pub. Brian Epstein, a recomendación de un conocido, acudió a un concierto de los Beatles y se ofreció a ser su manager. En tan solo dos años, la banda convirtió a The Cavern en su sitio predilecto con casi trescientas presentaciones.
Influencers de los años sesenta
La boyband inglesa pronto empezó a causar furor con su peinado de flequillo y media melena (o mop top) y su vestimenta de traje y corbata. El surgimiento del fenómeno fan de los años sesenta coincidía con el declive del conservadurismo británico. Pasada la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, los adolescentes encontraron una fuente de identidad en las letras de The Beatles, gracias a su carácter liberalizador y antisistema.
Además de ser iconos musicales, los cuatro jóvenes se convirtieron en referentes para los movimientos sociales de la época, en especial con la difusión de la contracultura. Sin embargo, sus posiciones pacifistas les llevaron a ganarse la animadversión de grupos estudiantiles de la izquierda radical. Con la canción Revolution lanzada en 1968, por ejemplo, la banda se desvinculó de la violencia en las protestas contra la guerra de Vietnam.
La geopolítica de los Beatles
Como The Beatles no eran solo una banda de rock, la política nacional también les atravesó. En un primer momento, laboristas y conservadores aprovecharon su éxito para asegurarse el voto juvenil. Por ejemplo, cuando era candidato a las elecciones de 1964, el laborista Harold Wilson consiguió una foto con el grupo, la relación caló en el público y contribuyó a su triunfo en los comicios. Años después, el propio Wilson nominó a los Beatles para recibir la Orden del Imperio Británico, que la reina Isabel II les otorgó como reconocimiento a su contribución a la economía nacional.
La beatlemanía tampoco tardó en extenderse por Estados Unidos. Con el éxito de I Want to Hold Your Hand una semana después del asesinato de John F. Kennedy en noviembre de 1963, su llegada en febrero de 1964 ayudó al ánimo de una nación traumatizada. Una vez allí, también mostraron su apoyo a la población afroamericana, aunque la oposición a la invasión de Vietnam o la famosa frase “ahora mismo somos más populares que Jesús” de John Lennon generarían controversia, en el segundo caso entre fundamentalistas cristianos que intentaron boicotearlos. Incluso el Ku Klux Klan amenazó con represalias.
Ya populares por el mundo, a nivel internacional tampoco faltaron polémicas. El Gobierno de Israel, por ejemplo, se opuso a que los Beatles actuaran allí en 1965, y el de Indonesia mandó quemar todo registro del grupo para que no influyera en las identidades nacionales. Por su parte, el régimen de Alemania Oriental culpó al cuarteto de promover una crisis cultural, ya que los artistas habían comenzado a presionar para que el Estado fuera más benévolo.
El fin de una era
La separación de The Beatles llegó una década después de aquel debut en The Cavern, que siguió acogiendo a decenas de bandas, muchas de ellas homenaje. La muerte de Brian Epstein, las malas relaciones entre Lennon y McCartney, la presión mediática o el consumo de drogas marcaron el final de la banda más famosa de todos los tiempos. Entre teorías conspiranoicas como la supuesta muerte de Paul McCartney o que el tema Lucy in the sky with diamonds sería un himno al LSD, los Beatles marcaron un hito en la industria musical y sirvieron de modelo juvenil de libertad, progreso y cambio, pero su legado sigue patente cincuenta años después.






