Después de proclamar su independencia de Yugoslavia en 1991, la República de Macedonia pasó a colaborar con la OTAN. El camino comenzó en 1995, cuando entró en la Asociación para la Paz (PfP), una iniciativa de la Alianza Atlántica para profundizar sus relaciones con otros Estados europeos. Cuatro años más tarde se unió al Plan de Acción de Membresía para desarrollar los preparativos de su adhesión.
Entre tanto, Macedonia contribuyó a las operaciones militares de la OTAN en Kosovo (1999), al permitir el despliegue de tropas extranjeras y el establecimiento de una base militar en su territorio, y en Afganistán (2002). Tras años de espera, solicitó su adhesión de cara a la Cumbre de Bucarest de 2008, pero el deseo macedonio se topó con el rechazo de Grecia.
La disputa por el nombre de Macedonia
La controversia de Macedonia con Atenas era por su nombre oficial, que marcó su política exterior desde la independencia. Para los griegos, el término “Macedonia” se circunscribe a su propia región noroccidental. Atenas defiende la identidad griega de la zona y rechaza cualquier reclamación histórica y lingüística eslava. Por ello, cuando el país se independizó como “República de Macedonia”, Grecia bloqueó su adhesión a la Comunidad Económica Europea en 1992. El Estado macedonio, sin embargo, sí pudo unirse a Naciones Unidas en 1993, aunque bajo la denominación de Antigua República Yugoslava de Macedonia.
La presión griega se intensificó con el regreso de Andreas Papandréu al poder ese año. El primer ministro socialdemócrata rompió las negociaciones y decretó un embargo económico contra Macedonia, pero las relaciones se estabilizaron en 1995 con la firma del acuerdo interino en Nueva York. Mediante este pacto, el Estado macedonio aceptaba eliminar de su bandera el sol de Vergina, símbolo de la cultura griega.
Pese a ello, Grecia siguió impidiendo la adhesión de Macedonia a la OTAN y a la Unión Europea. El veto encendió los ánimos de Skopie, que denunció a Atenas ante la Corte Internacional de Justicia. Aunque el tribunal dio la razón a los macedonios en 2011 al afirmar que Grecia había vulnerado el pacto suscrito, la problemática del nombre seguía irresuelta. La solución no empezó a llegar hasta 2017, cuando el nuevo primer ministro de Macedonia, el socialdemócrata Zoran Zaev, retomó los contactos con Grecia, que entonces gobernaba el izquierdista Alexis Tsipras.
«Macedonia del Norte»: un acuerdo histórico para levantar el veto griego
Las negociaciones entre Zaev y Tsipras desembocaron en la firma del acuerdo de Prespa en junio de 2018. El pacto establecía el cambio de nombre de Macedonia, que pasaría a denominarse República de Macedonia del Norte. De este modo, Grecia levantaba el bloqueo para su acceso a la OTAN y a la Unión Europea. Pese a que los sectores nacionalistas de ambos países rechazaron el acuerdo, tanto el Parlamento macedonio como el griego ratificaron el tratado en enero de 2019. Su entrada en vigor se produjo el 8 de febrero, cuando Atenas ratificó el protocolo de adhesión a la Alianza Atlántica para Skopie. Macedonia del Norte se convertía así en el trigésimo miembro de la OTAN el 27 de marzo de 2020.
Aunque la invasión rusa de Ucrania en 2022 ha acercado las posibilidades de una hipotética ampliación a Suecia o Finlandia, Macedonia del Norte todavía es el integrante más joven de la OTAN. Sin embargo, sus negociaciones desde 2009 para entrar en la Unión Europea han resultado más complejas. Skopie se ha topado con las reticencias de Francia y el recrudecimiento de sus disputas históricas con Bulgaria. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha mostrado su rechazo a una ampliación a los Balcanes hasta que el funcionamiento interno de la Unión mejore, mientras que Sofía ha exigido a Skopie que reconozca el origen búlgaro del pueblo macedonio.






