La muerte de Stalin en 1953 fue un punto de inflexión para la Unión Soviética y del bloque oriental. Tras ella llegó un breve periodo de cierta estabilidad debido a las reformas auspiciadas por los dos hombres fuertes de la época estalinista: Gueorgui Malenkov, primer ministro, y Lavrenti Beria, ministro del Interior y jefe de la policía secreta. Pero pronto estalló una lucha por ocupar el puesto vacante de Stalin al frente de la Unión Soviética.
El tercer cargo de relevancia era la Secretaría del Partido Comunista de la URSS (PCUS), ocupada por Nikita Jrushchov, quien a priori partía con menos ventaja, ya que su puesto había perdido importancia en los últimos años de Stalin. En un primer momento pareció que Malenkov y Jrushchov apostaban por una tímida liberalización para evitar que el poder se acumulara en una sola persona.
Pero la realidad era otra. Las pugnas intestinas acabaron en primer lugar con Beria, ejecutado por traición en 1953, y posteriormente con Malenkov, que dimitió en 1955. De ese modo Jrushchov consiguió anular a sus competidores y se convirtió en la principal figura política de la URSS. El golpe definitivo lo dio el 25 de febrero de 1956 durante el XX Congreso del PCUS, con un discurso en el que emprendió el camino de la desestalinización.
El discurso contra el culto a Stalin
A finales de 1955, Jrushchov propuso una investigación sobre las purgas de Stalin que logró imponer pese al rechazo de los estalinistas del partido. Los resultados de esa investigación, elaborada por la Comisión Pospelov, fueron la base del discurso de Jrushchov en el XX Congreso del PCUS. Este fue conocido como el “discurso secreto” porque debido a sus implicaciones se pronunció a puerta cerrada. Aun así, el texto acabaría llegando a manos del Gobierno estadounidense, que lo filtró a la prensa en junio de 1956.
En su discurso, titulado “Acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias”, Jrushchov denunció el culto a la personalidad impuesto por Stalin y su represión contra “comunistas honrados”. El secretario general señaló al dictador fallecido y a Beria como únicos responsables de los crímenes, excusando su propio silencio y el de sus camaradas por desconocimiento o miedo a ser “relegado del cuerpo dirigente [del PCUS] y a la subsiguiente aniquilación moral y física”.
Asimismo, cargó contra el papel de Stalin en la Segunda Guerra Mundial por desoír las advertencias sobre la invasión nazi contra la URSS. Por último, le acusó de desviarse de los postulados leninistas originales. Sería Jrushchov el encargado en recuperar estos principios, en una estrategia para legitimarse a sí mismo y al partido frente a su pasado estalinista.
Desestalinización y deshielo
Tras afirmarse en el poder, Jrushchov inauguró una etapa del deshielo de la Unión Soviética: liberó a prisioneros e impulsó reformas socioeconómicas para mejorar la vida de los soviéticos, como la construcción de nuevas viviendas. En el plano simbólico, se eliminaron muchas referencias a Stalin en los nombres de edificios, canciones o incluso ciudades como Stalingrado, que en 1961 volvió a su nombre original que perdió en 1925: Volgogrado.
Fuera de la URSS el discurso secreto no dejó indiferente a nadie. Su publicación en Polonia y Hungría perjudicó enormemente a la dirección estalinista de los partidos comunistas de estos países y provocó protestas populares. Especialmente graves fueron las de Hungría, conocidas como Revolución húngara de 1956, que obligaron a Jrushchov a intervenir militarmente en la república para recuperar el control. El discurso también permitió restablecer las relaciones con Yugoslavia, paralizadas desde 1948.
Sin embargo, a causa de sus reformas económicas Jrushchov perdió los frágiles apoyos que habían posibilitado la desestalinización. Tan solo un año después de pronunciar su famoso discurso, la oposición cerró filas en torno al núcleo estalinista, el llamado Grupo Antipartido, entre los que se encontraba Malenkov y quien fuera ministro de Exteriores durante la IIGM, Viacheslav Mólotov. Jrushchov sorteó la destitución gracias a sus aliados de la política local y regional, pero no pudo evitar un segundo intento en 1964. La desestalinización de Jrushchov, con sus luces y sombras, llegó a su fin cuando el Comité Central del PCUS forzó su dimisión como secretario general en favor de Leonid Brézhnev.






