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“La globalización y el libre comercio están prácticamente muertos. Mucha gente desea que vuelvan, pero yo no creo que vayan a regresar”. Son palabras de Morris Chang, de 91 años, fundador del gigante taiwanes de los chips TSMC, durante la apertura de su nueva fábrica en Arizona el pasado 6 de diciembre. Figuras de primer nivel como Joe Biden o el director ejecutivo de Apple, Tim Cook, atienden al acto. El plan es que la fábrica produzca chips de nodos tecnológicos avanzados (5 nm y 3 nm) en 2026. En su discurso, Cook anunció la intención de Apple de fabricar sus procesadores en Estados Unidos.
No es la primera fábrica de TSMC en suelo estadounidense. En 1998, la compañía lideró el consorcio WaferTech para abrir una planta cerca de Washington, la cual todavía produce chips antiguos (350 nm). Pero Chang describe esa experiencia como una pesadilla: “Aún tenemos mil trabajadores en esa fábrica, y nos cuesta un 50% más que en Taiwán”. TSMC terminó optimizando su producción con diez nuevas fábricas en su país y dos más en China. Ahora, y pese a los altos costes, Estados Unidos busca relocalizar en su territorio parte de esa cadena.
Biden agita el tablero contra China
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