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¿Existe el derecho a migrar?

¿Existe el derecho a migrar?
Migrante en la frontera de Estados Unidos y México. Fuente: © Tomas Castelazo / Wikimedia Commons

La legislación internacional no reconoce el “derecho a migrar”, es decir, a entrar en un país viniendo de otro. Pero sí recoge el derecho de todas las personas a abandonar su lugar de origen, independientemente de sus causas o motivaciones. El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos recoge el derecho a la libre circulación en dos apartados. El primero estipula que “toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”, en referencia a la migración interna. El segundo, sobre la migración internacional,  añade que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.

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Por tanto, para que existiese el derecho a migrar sería necesario reconocer no solo la libertad de desplazamiento de las personas, sino también su derecho a entrar en cualquier país sin restricciones. Sin embargo, cada país decide a quién permite cruzar sus fronteras, y a menudo restringen la entrada en su territorio con medidas como la exigencia de pasaportes o visados, controles policiales o incluso vallas o muros a lo largo del perímetro fronterizo. Si existiera el derecho a migrar, los Estados no tendrían potestad para controlar sus fronteras ni restringir la entrada generalizada de personas en su territorio, perdiendo así uno de los elementos básicos de su soberanía nacional

Sí existen organizaciones y legislación para proteger a los migrantes

Que no exista el derecho a migrar no ha impedido que surjan iniciativas internacionales de protección de los migrantes. La Asamblea General de la ONU firmó en 1990 la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares con el objetivo de asegurar que la migración sea segura. La Convención, que entró en vigor en 2003, ha sido ratificada hasta la fecha por 56 países, la mayoría de ellos africanos y latinoamericanos, aunque no por Estados Unidos, China, Rusia, Australia, Canadá ni ningún país de Europa occidental. 

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), por otro lado, se creó en los años cincuenta como un comité europeo provisional en el marco de las Naciones Unidas, y tres décadas después se transformó en una agencia de la propia ONU. Sus funciones incluyen asegurar que las migraciones se gestionen de manera humana y ordenada, promover la cooperación entre países y dar asistencia humanitaria a las personas migrantes que la necesiten, entre otras.

A nivel regional, en Europa el derecho a migrar está asegurado para los ciudadanos del espacio Schengen, que tienen libertad de movimiento entre los países que lo conforman, incluyendo a la mayoría de la Unión Europea. La Unión Africana también reconoce el libre movimiento de personas, y su derecho de residencia y asentamiento. Por su parte, la Organización de Estados Americanos se centra más en defender los derechos humanos de los migrantes que en reconocer el derecho a migrar de manera explícita.

Migrantes, refugiados y desplazados

Pese a que el desplazamiento es un derecho internacional reconocido, persiste un rechazo generalizado hacia las personas migrantes, especialmente extranjeros, sobre la base de prejuicios económicos, socioculturales o de seguridad. Se afirma que los inmigrantes ocupan los puestos de trabajo del país, hacen bajar los salarios, abusan de los servicios públicos o aumentan la desigualdad económica. También que no se integran en la sociedad y socavan los valores y principios del entorno que los acoge, que delinquen con frecuencia o que perpetran ataques terroristas. Sin embargo, numerosos estudios han desmentido estos mitos

También se cuestiona si los migrantes voluntarios tienen menos derecho a abandonar su lugar de residencia que los forzosos, a pesar de que el derecho de desplazamiento es universal. Los migrantes voluntarios suelen desplazarse por motivos socioeconómicos, buscando mejorar sus condiciones de vida o estudiar, entre otros. Quienes escapan de la inseguridad son llamados migrantes forzosos, y entre ellos se incluye a los solicitantes de asilo y refugiados, personas perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, grupo social u opinión política, muchas veces en contextos de conflicto. Según la ONU en el mundo hay más de 280 millones de personas, un 3,6% de la población global, viviendo fuera de su país de origen, tanto de forma regular como irregular. Por otro lado, hay casi 46 millones de desplazados internos, personas que abandonaron para irse a otro punto de su país, y 26 millones de refugiados.

El Orden Mundial

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