Quizás fue el momento de mayor tensión en el primer debate electoral en Alemania. En sus últimos compases, el candidato de la CDU, Armin Laschet, le pidió varias veces al candidato socialdemócrata, Olaf Scholz, que descartase una coalición de gobierno con Die Linke (‘La Izquierda’). Tanto Scholz como Annalena Baerbock, la candidata de Los Verdes, fueron claros: sus discrepancias con Die Linke eran muy grandes y no pactarían con ellos a cualquier precio. Pero Scholz, pese a la insistencia de Laschet, no rechazó un tripartito de izquierdas.
Durante décadas, coaligarse con Die Linke fue una línea roja que el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) respetó hasta sus últimas consecuencias. En 2005 y 2013, por ejemplo, los candidatos Gerhard Schröder y Peer Steinbrück se opusieron a negociar sendos acuerdos, pese a que ello otorgó la cancillería a Angela Merkel. Ocho años después, unas elecciones cada vez más abiertas han vuelto a poner sobre la mesa un posible tripartito entre el SPD, Los Verdes y Die Linke.
Pasado comunista y diferencias programáticas: las razones del veto
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