En el foco Política y Sociedad Europa

El sistema nacional de salud británico, la última víctima del brexit

El sistema nacional de salud británico, la última víctima del brexit
Marcha en defensa del Sistema de Salud Británico. Fuente: Garry Knight

El brexit lleva secuestrando la política británica desde hace más de tres años. Las causas de que este proceso se haya convertido en crisis son diversas, pero una de las más relevantes y a menudo ignoradas desde el exterior es el papel y la importancia del Sistema Nacional de Salud británico (NHS, por las siglas en inglés). Tras las décadas de reformas y recortes de Thatcher y Blair, la falta de financiación y problemas estructurales del sistema sanitario determinaron la campaña del brexit y continúan definiendo la política británica.

Las elecciones británicas del pasado doce de diciembre fueron, probablemente, las elecciones más importantes de la historia moderna del Reino Unido. Se las ha definido como las “elecciones del brexit, dado que funcionaron de facto como un segundo referéndum que va a definir cómo y quién llevará a cabo el proceso de salida de la Unión Europea, que lleva años secuestrando la política británica. Por el contrario, el debate sobre la sanidad pública ha pasado más desapercibido fuera de las fronteras del país, a pesar de ser otro de los grandes temas de estas elecciones: es la segunda mayor preocupación de los británicos, solamente superada por el brexit.

Los motivos de su relevancia son dos: en primer lugar, el importante papel que jugó el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) durante la campaña del brexit para el referéndum de 2016; y, en segundo lugar, la forma en que podría verse afectada la sanidad pública con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que podría abrir la puerta a una privatización en el que estuvieran implicadas empresas norteamericanas de la mano de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Reino Unido.. 

La campaña de los conservadores para estas elecciones ha estado centrada en dos temas principales, acordes con las preocupaciones de los británicos: el brexit, con el sencillo eslogan de Get brexit done (‘Saquemos adelante el brexit’); y la promesa del aumento de presupuesto para el NHS, para atacar los problemas estructurales que sufre la sanidad británica, principalmente vinculados a una extraordinaria falta de financiación. La mayoría absoluta conseguida por Boris Johnson facilita que ponga en marcha su programa. Todo apunta a que la salida del Reino Unido de la UE se producirá finalmente el 31 de enero de 2020, pero ¿qué hará el nuevo Gobierno con el NHS?

Para ampliar: “Boris Johnson y la batalla por el brexit, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2019

Nacer en los cuarenta, morir en los ochenta

El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo un nuevo consenso de los países europeos con sus ciudadanos, un nuevo contrato social. Dicho consenso nacía de la necesidad de hacer frente a una Unión Soviética en expansión que podía convertirse en una utopía en el imaginario de las clases trabajadoras occidentales si estos países no eran capaces de levantar un estado del bienestar. Surgido de este nuevo contrato social nació en julio de 1948 el Sistema Nacional de Salud británico con tres pilares: cubrir las necesidades de todos los británicos, la gratuidad en el momento del uso y que estuviera basado en la necesidad clínica y no en la capacidad económica.

Panfleto que anuncia la creación del servicio nacional de salud británico el 5 de julio de 1948: “Todo el mundo —ricos o pobres, hombres, mujeres y niños— podráf usarlo. Pero esto no es una obra de caridad. Estás pagándolo a través de tus impuestos.”Fuente:Wikipedia

El NHS apenas sufrió cambios hasta la llegada al poder de Margaret Thatcher en los años 80. La visión positiva que la ciudadanía tenía hacia el servicio nacional de salud impidió que Thatcher lo privatizara, pero la doctrina neoliberal de la primera ministra sí se introdujo en el NHS con una nueva hoja de ruta: ante la imposibilidad de una liberalización total del sistema sanitario sin graves consecuencias políticas, los responsables políticos buscaron conscientemente un empeoramiento de los servicios para así reducir progresivamente el apoyo popular hacia el NHS y acelerar los procesos de privatización. Durante las décadas de los 80 y 90 el grado de satisfacción de la ciudadanía con el NHS fue cayendo hasta llegar a cuotas por debajo del 40%, a pesar de que el 97% de los británicos sigue pensando que es responsabilidad del Gobierno proveer de un sistema sanitario.

Con la entrada del nuevo siglo, el primer ministro laborista Tony Blair se comprometió a aumentar los presupuestos e igualar el gasto en salud con la media de la Unión Europea, con la intención de socorrer un sistema sanitario que se tambaleaba tras décadas de políticas de recortes y austeridad. No obstante, Blair no detuvo la deriva neoliberal iniciada por Thatcher: como parte de la doctrina del New Labour, continuó con la privatización del Sistema Nacional de Salud británico. La vuelta de los conservadores al poder en 2010 supuso un aumento en el gasto en salud pública a pesar del programa de austeridad de David Cameron, que buscaba paliar los efectos de la crisis económica de 2008. El Gobierno continuó con la liberalización y facilitó el acceso de proveedores privados.

La dimisión de Cameron tras la derrota en el referéndum del brexit trajo al poder a Theresa May, que prometió un aumento del gasto en salud de 20.000 millones de libras entre 2018 y 2023. Sin embargo, este aumento en el gasto, del 3,4% anual, todavía está por debajo de la media histórica del NHS, del 3,7%, y eso sin tener en cuenta los recortes en dependencia y gasto social, íntimamente relacionados con el gasto en salud.

“Salva al NHS, ¡vota brexit!”

Replicando los ecos xenófobos vistos en otros lugares del mundo, en Reino Unido se ha culpado a menudo al extranjero de ser el responsable de las deficiencias propias, y el Sistema Nacional de Salud no es ninguna excepción. Han sido muchas las voces que han culpado a los inmigrantes de la pobre situación del NHS y su falta de financiación. Durante la campaña del brexit esta retórica se acentuó. Se alimentó un discurso que aseguraba que los responsables de las deficiencias del sistema eran los migrantes, que lo saturaban; y de la soberanía nacional arrebatada a los británicos, que les impedía controlar sus propias fronteras. Según los responsables de la campaña del brexit, la única forma de arreglarlo era abandonar la Unión Europea.

El 92% de los británicos consideraban en 2013 que el NHS necesita una mayor inversión y quienes hacían campaña a favor del brexit usaron esto a su favor: solo era necesario convencer a los votantes de que los problemas de financiación se solucionarían saliendo de la UE. Un autobús rojo aparcado frente al parlamento, que ha pasado a conocerse como el Boris Bus por ser su promotor el actual primer ministro Boris Johnson, clamaba: “Enviamos a la UE 350 millones de libras a la semana, financiemos nuestro Sistema Nacional de Salud en su lugar”. A pesar de que el eslogan es falso, su impacto fue tal que en octubre de 2018 tan solo un 36% de los encuestados no se lo creía.  Junto con la inmigración y las fronteras, el NHS fue uno de los grandes temas en torno a los que gravitó la campaña del brexit.

También en la campaña de las elecciones generales del pasado 12 de diciembre jugó el Servicio Nacional de Salud un papel decisivo. Uno de los grandes escándalos de la campaña estalló cuando se filtró un documento que probaba negociaciones entre los conservadores británicos y el Gobierno de Estados Unidos sobre un posible acuerdo comercial tras el brexit. Este acuerdo incluiría la liberalización del sistema sanitario, al que las empresas estadounidenses esperaban tener “acceso total”, si bien el documento no recoge de forma clara cuál era la postura de los negociadores británicos

Esta liberalización también tendría un efecto en el sistema de patentes británico y en el precio de los medicamentos. La regulación de patentes en Estados Unidos y Reino Unido es muy diferente: en EE. UU., las patentes están protegidas durante más tiempo, lo que se traduce en un precio más alto en la gran mayoría de medicamentos, como la insulina, que miles de estadounidenses no pueden pagar. El documento filtrado sí recoge que los negociadores llegaron a un acuerdo con relación a las patentes, a pesar de que los detalles aún no se conozcan al detalle. 

Cerca de cuatro millones y medio de extranjeros viviendo en el Reino Unido se verán afectados por el brexit, incluyendo miles de médicos y personal de enfermería.

Otra de las incógnitas que deja el brexit es qué ocurrirá con los muchos trabajadores extranjeros empleados por el sistema sanitario británico. Un 9,5% de médicos trabajando para el NHS tienen una nacionalidad europea distinta a la británica, y cerca del 95% de ellos obtuvieron la titulación en algún país de la UE. Hasta ahora, las titulaciones universitarias están reconocidas a nivel europeo, pero una salida sin acuerdo abre la posibilidad de que los médicos que trabajan en el Reino Unido habiendo estudiado en otro país se vean ejerciendo sin una titulación válida. Con todo, esa posibilidad debe considerarse improbable: un 37% de los médicos empleados por el NHS obtuvieron su titulación en el extranjero, por lo que es de esperar que, en el caso de un brexit sin acuerdo, el Gobierno británico tuviera previsto algún mecanismo legal que asegurara que todas esas personas pudieran seguir ejerciendo de forma legal.

Para ampliar: Brexit significa brexit: ¿y si no hay acuerdo?”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

Un brexit inminente

Es irónico que el brexit, un movimiento político que defendía la recuperación de la soberanía nacional, la protección de los intereses británicos y la defensa de lo nacional frente a lo extranjero, le pueda terminar costando a los británicos su propio Sistema Nacional de Salud. La salida del Reino Unido de la Unión Europea, sea con acuerdo o sin él, es solo otro paso de los conservadores en el rumbo marcado por Margaret Thatcher de romper con el consenso de postguerra. Y pocas instituciones encapsulan mejor ese consenso que el sistema sanitario británico, que ahora está en peligro. 

Tras su abrumadora victoria, Boris Johnson anunció que los ojos del Gobierno estaban ahora puestos en el sistema nacional de salud, para el que durante la campaña prometió incansablemente un aumento del presupuesto. El NHS es una de las grandes incógnitas de esta nueva etapa del Reino Unido, y su futuro irá ligado al acuerdo del brexit o a la ausencia de este. Tras la salida de la Unión Europea, prevista para el 31 de enero de 2020, los conservadores británicos tendrán problemas para achacar a causas externas la disfuncionalidad del Sistema Nacional de Salud en un país que se está agotando de ver imágenes de niños durmiendo en el suelo de los hospitales, como las vistas durante la última campaña electoral

Para ampliar: Brexit, una cuestión de identidad”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018