En el foco Geopolítica Oriente Próximo y Magreb

El papel de China en la guerra de Siria

El papel de China en la guerra de Siria
Fuente: Wikimedia

Aunque a primera vista pueda parecer que la implicación de Pekín en el conflicto sirio se circunscriba exclusivamente a las relaciones bilaterales entre China y Siria, lo cierto es que existen ramificaciones extensas para la política exterior china en general y su relación con Oriente Próximo en particular.

Siguiendo el proverbio chino de no hacer nada y hacerlo todo, Pekín intenta involucrarse lo menos posible en el conflicto sirio pero intentando obtener el máximo beneficio posible. Durante los últimos siete años, a pesar de no ser uno de los actores sobre los que se haya puesto el foco mediático, China ha estado directa e indirectamente involucrada en el conflicto sirio de diferentes maneras, a diferentes niveles y por diversas razones.

China y Siria mantienen una relación comercial y militar sostenida en el tiempo; ejemplo de ello es que China ha sido uno de los pocos países que ha mantenido operativa de manera ininterrumpida su embajada en Damasco. Sin embargo, los intereses chinos en el conflicto sirio transcienden con creces la naturaleza de la relación residual —en términos comerciales, históricos y diplomáticos— entre ambos países. El Gobierno chino considera que la crisis siria es una oportunidad de oro para promover un marco normativo que refuerce y legitime la influencia de China en el mundo.

El enfoque de China del conflicto en Siria difiere notablemente del enfoque occidental. Esto responde al rechazo ideológico y estratégico de Pekín a la política exterior de Occidente, y especialmente de EE.UU. Desde el inicio del conflicto en Siria, China ha defendido el principio de no injerencia en los asuntos internos de los países soberanos y ha criticado el uso de la fuerza dentro de las normas de la Responsabilidad de Proteger, viendo  las intervenciones y acciones militares de Occidente como una forma disfrazada de imperialismo. El máximo exponente de esta política han sido los múltiples vetos —junto con Rusia— que China ha efectuado en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Este es uno de los objetivos principales de China en Siria: bloquear todas las pretensiones de intervención directa e indirecta en los asuntos internos de distintos países por parte de Occidente. Muchos países en vías de desarrollo ven la posición de China en Siria positivamente y esto ha ayudado a Pekín a ampliar su cartera de aliados internacionales. El apoyo internacional a la posición de China sobre Siria es muy valioso para las ambiciones geopolíticas más amplias de Pekín, en particular su búsqueda de deslegitimar la oposición a sus reclamaciones en la cuestión del mar del Sur de China.

En ese sentido, el conflicto sirio también ha ayudado a fortalecer y evolucionar la cooperación bilateral entre Rusia y China, como componente importante para crear y reforzar el nuevo orden multipolar del mundo. Aunque existan diferencias estratégicas y límites palpables —sobre todo en el largo plazo—, la cuestión siria muestra cómo Moscú y Pekín comparten un interés claro en prevenir el uso unilateral de la fuerza en cualquier parte del mundo, enfrentando y limitando así la política de cambio de régimen llevada a cabo por Occidente. También comparten la necesidad de implementar una política antiterrorista conjunta que contenga y reduzca el avance del yihadismo por Asia Central, una zona muy sensible para ambos países.

En ese sentido, en el caso de Siria, el énfasis cada vez mayor de Pekín de reforzar su política antiterrostista responde en gran medida a las preocupaciones de Pekín sobre la militancia uigur. Se  calcula que hay unos 5.000 combatientes uigures pertenecientes a diferentes facciones yihadistas en Siria, principalmente al Dáesh y al Partido Islámico del Turkistán, un grupo afiliado con al-Qaeda y con especial influencia en la provincia siria de Idlib y en diferentes países de Asia Central. China  percibe su posible retorno a Sinkiang —al encontrarse cada vez más acorralados en terrritorio sirio— como un riesgo significativo para su seguridad nacional. Asimismo, el Gobierno chino percibe con preocupación este riesgo, también ante la posibilidad de que los activos chinos repartidos por el mundo —especialmente en Asia Central—, se acaben convirtiendo en objetivos de los uigures o incluso de otros yihadistas que abandonen Siria en busca de otros lugares donde llevar a cabo ataques terroristas.

Para ampliar: “Asia central: ¿el próximo feudo del yihadismo mundial?”, Daniel Rosselló en El Orden Mundial, 2017

Hasta hace poco, el compromiso de China se centraba casi en exclusiva en ayudar a fomentar las negociaciones de paz, adoptando una postura pública de no intervención en los asuntos sirios, mientras prestaba apoyo militar, económico y diplomático al Gobierno sirio. Sin embargo, Pekín ha ido desempeñando un papel cada vez más relevante y directo a medida que el conflicto sirio ha ido avanzando y transformándose en un tablero de potencias regionales e internacionales.

En agosto de 2016, durante una visita de altos mandos militares a Damasco, China anunció su intención de proporcionar apoyo militar y ayuda humanitaria al Gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad. A pesar de que 300 instructores militares no supongan una fuerza cuantiosa, fue la primera vez que China desplegaba tropas en algún país de Oriente Próximo, mostrando así la creciente implicación y visión estratégica de Pekín  del conflicto y de la región en general. Asimismo, el ejército chino también ha realizado ejercicios militares junto a su contraparte rusa en mayo de 2015 en la costa mediterránea de Siria, y en el 2014 prestó apoyo logístico al desmantelamiento del arsenal químico del Gobierno sirio.

En este sentido, se lleva también un tiempo especulando sobre la posibilidad de que China despliegue tropas de combate para tomar parte activa en el conflicto. Esto se debe en parte a que el conflicto ha convertido a Siria en una especie de laboratorio militar a gran escala y China no vería con malos ojos participar, siempre y cuando haya una petición formal por parte de Damasco. Esto, además de permitir adquirir experiencia en combate urbano a sus fuerzas de élite, también proyectaría la imagen de superpotencia de Pekín y reduciría el peligro que suponen los combatientes uigures. Sin embargo, debido a los riesgos que tal movimiento supondría para la filosofía internacional general de Pekín, y su estrategia a largo plazo, parece improbable que esto acabe occurriendo.

En el plano económico y comercial, Pekín también jugará un papel clave en la suculenta reconstrucción del país, para la cual se encuentra muy bien posicionada, si bien dependerá de si se alcanza siquiera alguna resolución política más o menos permanente. En este sentido, destaca el acuerdo alcanzado en agosto del año 2017 en la feria comercial de Damasco, resultando en un paquete de inversión de 2.000 millones de dólares para la creación de un parque industrial que atraerá a más de 150 empresas chinas, señalando claramente la estrategia de Pekín.

Asimismo, tampoco se puede obviar la importancia estratégica de Siria para China —situada en el cruce de Oriente Próximo y la salida al Mediterráneo— como valioso nudo comercial del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, piedra angular de la estrategia con la que Pekín pretende fortalecer y expandir sus rutas comerciales, tanto marítimas como terrestres, en el futuro.

Para ampliar: “La Nueva Ruta de la Seda: iniciativa económica, ofensiva diplomática”, Sandra Ramos en El Orden Mundial, 2016

El conflicto sirio entronca también de forma más amplia con el poder en ascenso de China en Oriente Próximo. Siendo China el primer consumidor energético del mundo, y saciando gran parte de su sed de hidrocarburos con importaciones provenientes de diferentes países de la región, aunque Pekín trate de mantener relaciones equilibradas con sus distintos socios en la zona y se mantenga apartada de conflictos demasiado complejos y no transcendentales para sus intereses, el país del dragón tiene particular interés en mantener lo más estable posible esta región del mundo.

De igual manera, como resultado de esta ofensiva geoeconómica, se une la necesidad de China de poseer cada vez más capacidades efectivas de defensa militar de sus crecientes intereses y activos económicos por todo el mundo, como demuestra la reciente apertura de su base naval en Yibuti. Esto también apoya la proyección de la imagen ascendente de China como nuevo centro de poder frente a Occidente, y aunque no lo parezca, Siria es uno de los campos más importantes donde se está dando esta batalla, aún por resolver.