Siguiendo el proverbio chino de no hacer nada y hacerlo todo, Pekín intenta involucrarse lo menos posible en el conflicto sirio pero intentando obtener el máximo beneficio posible. Durante los últimos siete años, a pesar de no ser uno de los actores sobre los que se haya puesto el foco mediático, China ha estado directa e indirectamente involucrada en el conflicto sirio de diferentes maneras, a diferentes niveles y por diversas razones.
China y Siria mantienen una relación comercial y militar sostenida en el tiempo; ejemplo de ello es que China ha sido uno de los pocos países que ha mantenido operativa de manera ininterrumpida su embajada en Damasco. Sin embargo, los intereses chinos en el conflicto sirio transcienden con creces la naturaleza de la relación residual —en términos comerciales, históricos y diplomáticos— entre ambos países. El Gobierno chino considera que la crisis siria es una oportunidad de oro para promover un marco normativo que refuerce y legitime la influencia de China en el mundo.
El enfoque de China del conflicto en Siria difiere notablemente del enfoque occidental. Esto responde al rechazo ideológico y estratégico de Pekín a la política exterior de Occidente, y especialmente de EE.UU. Desde el inicio del conflicto en Siria, China ha defendido el principio de no injerencia en los asuntos internos de los países soberanos y ha criticado el uso de la fuerza dentro de las normas de la Responsabilidad de Proteger, viendo las intervenciones y acciones militares de Occidente como una forma disfrazada de imperialismo. El máximo exponente de esta política han sido los múltiples vetos —junto con Rusia— que China ha efectuado en el Consejo de Seguridad de la ONU.
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