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¿El fin de Kabila en la República Democrática del Congo?

¿El fin de Kabila en la República Democrática del Congo?
Joseph Kabila anuncia que no se presentará a las elecciones presidenciales del 23 de diciembre de 2018. Fuente: Presidencia de la RDC

La Comisión Electoral Nacional de la República Democrática del Congo anunciaba el pasado 10 de enero los resultados provisionales de unas elecciones que han mantenido a congoleses y a la comunidad internacional preocupados por miedo a irregularidades y el recrudecimiento de la violencia. Felix Tshisekedi, líder del tradicional partido opositor, ha sido declarado ganador provisional. Pero ¿supone esto un nuevo comienzo para un país marcado por la violencia interétnica, el virus del ébola y la pobreza?

El 30 de diciembre de 2018 la República Democrática del Congo (RDC) celebraba unas muy ansiadas elecciones, pues han supuesto el primer traspaso democrático de poder en el país desde su independencia de Bélgica en 1960. Oficialmente, el ganador ha sido Felix Tshisekedi, hijo de un respetado político opositor fallecido en 2017. Pero las elecciones, lejos de traer estabilidad a la RDC, han desatado numerosas críticas; las irregularidades en las elecciones fueron evidentes y todo movimiento parece orquestado por su presidente, Joseph Kabila.

Para empezar, las elecciones deberían haber tenido lugar en 2016, pero la Comisión Electoral Nacional (CENI) —supuestamente independiente— anunciaba que tenían que posponerse por falta de recursos económicos y retrasos en el cuento del censo. Kabila, que llevaba en el poder desde la muerte de su padre en 2001, pasaría a gozar —con el apoyo del Tribunal Constitucional— de dos años más de poder. Cuanto más tiempo pasaba en el poder, más demandaban los congoleses y la comunidad internacional un cambio.

Así, a principios de 2018, Kabila anunciaba que se comprometía a organizar elecciones democráticas ese año, pero, tras 18 años como presidente, no iba a dejar de disfrutar del poder antes de lo necesario. Las elecciones se fijarían apenas una semana antes de que terminase el año: el 23 de diciembre. En agosto, Kabila informaba por fin de que no se presentaría a las elecciones para ceder el testigo a otros candidatos. Aunque esta noticia era percibida como un acercamiento del país hacia la democracia, los planes de Kabila tras esta decisión se desvelaban rápidamente.

Kabila se tomó la libertad de apuntar a dedo quién sería la nueva figura del partido: Emmanuel Ramazani Shadary, sancionado por la UE por su implicación en violaciones de derechos humanos. A su vez, dejaba claro que no presentarse a estas elecciones no es sinónimo de su retirada de la política y no negaba su intención de presentarse a las elecciones en 2023. Esta declaración, unida al hecho de que, pese a ser otro el candidato, Kabila seguiría siendo el presidente del partido, dejaba claro que presentar a Shadary como presidenciable no era más que una maniobra para silenciar a aquellas voces que pedían un cambio; mientras, seguiría controlando a puertas cerradas el Gobierno hasta poder ser de nuevo presidente en 2023.

Diez días antes de las elecciones, un fuego repentino en un almacén de la capital donde se guardaban las polémicas máquinas para votar quemó alrededor de 10.000 dispositivos, lo que forzó a la CENI a retrasar las elecciones al 30 de diciembre. La policía no destapó quién o qué causó el fuego, pero la oposición no tardó en apuntar a los defensores de Kabila.

El día 30 finalmente llegó y, con él, unas elecciones sin observadores internacionales, cargadas de irregularidades y retrasadas hasta marzo en las circunscripciones de Beni y Butembo por violencia sectaria y el virus del ébola. Tras días de inquietud, el 10 de enero la CENI anunció los resultados provisionales, que daban como ganador a Tshesikedi con más del 38% de los votos. Martin Fayulu, el opositor favorito, quedaba en segundo lugar con aproximadamente un 35% de los votos, y Shadary obtenía un apoyo del 24%.

Sin embargo, estas cifras no coinciden con el recuento alternativo de la influyente Iglesia católica del Congo, que observó de cerca las elecciones y establece como ganador a Fayulu con un 61% del apoyo popular. La disparidad en los recuentos y las irregularidades en las elecciones han hecho saltar la chispa a nivel nacional e internacional y encender las alarmas de un posible fraude electoral. Pero ¿por qué había anunciado el CENI a Tshisekedi como ganador y no a Fayulu?

A simple vista, el revuelo no parece tan grave: ambos candidatos son de la oposición; Kabila, su elegido y su plan han perdido. Todo esto ya debería de ser un síntoma de mejoría para el país. Esta ecuación, no obstante, sería demasiado simple. Días antes de que los resultados se hiciesen públicos —días en los que cabe resaltar que el Gobierno, bajo la justificación de evitar noticias falsas, bloqueó el acceso a internet para impedir la comunicación entre la oposición—, Tshisekedi presentaba sus respetos a Kabila refiriéndose a él como una importante figura en la transición democrática del país.

Estas declaraciones, unidas a las críticas de que a Tshisekedi le faltan experiencia, preparación y carisma para ser presidente y que simplemente es la cabeza del partido por ser el hijo de, apuntan a que los resultados presentados por el CENI no son más que otra artimaña de Kabila, quien ha conseguido encandilar con su poder a Tshisekedi. Circulan sospechas de que ambos han llegado a un acuerdo a puerta cerrada tras las elecciones. Kabila, al ver la derrota que su predilecto iba a sufrir y cómo su plan A se desvanecía, ideó un plan B en el que él siguiese siendo el amo, pero con una marioneta distinta; veía en Tshisekedi una oportunidad para seguir siendo el gran ganador de las elecciones.

Además, para Kabila su principal competidor es realmente Fayulu. Fayulu no es el hijo de nadie; ha sido un hombre de negocios durante mucho tiempo y tiene una experiencia en política de casi 30 años, durante los cuales ha conseguido una reputación de honestidad y valentía y ha sabido ser un líder carismático que se ha ganado el apoyo del pueblo. Pactar un acuerdo con Tshisekedi, aun siendo miembro de la oposición, era mucho mejor para Kabila que ver a Fayulu como el próximo presidente de la RDC. Los cambios que el país pueda sufrir bajo la presidencia de Fayulu parecen más grandes y ambiciosos que bajo una presidencia controlada con Tshisekedi, que haría la vuelta en 2023 de Kabila más favorable.

Fayulu, sin embargo, aún no está listo para darse por vencido y está haciendo justicia a su apodo de “el soldado de la gente”. El 12 de enero se presentaba ante el Tribunal Constitucional y exigía un recuento de los votos para acabar con el fraude. Pero, siendo realistas, va a ser un desafío que la petición llegue a buen puerto; cabe recordar que estamos hablando del mismo tribunal que en 2016 apoyaba la extensión del mandato de Kabila a falta de unas elecciones. Todo apunta a que la balanza está desequilibrada a favor de los deseos del futuro expresidente.

Pero no todo está perdido para Fayulu; cuenta con un gran apoyo de los congoleses y la comunidad internacional. Francia y Bélgica han cuestionado los resultados y defendido la victoria de Fayulu. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunía el viernes 11 de enero y exigía transparencia, un recuento de los votos y ver los resultados. Asimismo, la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional se reunió de urgencia el viernes siguiente para discutir las elecciones. La Unión Africana también ha llamado a un recuento de los votos y a rectificar las proclamaciones realizadas; además, ha decido mandar una delegación a la RDC para solucionar la crisis poselectoral. Pero la mejor noticia para Fayulu aparecía apenas hace unos días con un análisis que demostraba que, efectivamente, los resultados han sido falsificados y que Fayulu —y no Tshisekedi— es el ganador con un 59,4% de los votos.

Llegados a este punto, solo cabe esperar y ver cómo se desarrollan los sucesos. Aunque se dice que Kabila ha sido el ganador de estas elecciones, su plan maestro se enfrenta cada vez a nuevos problemas. El apoyo de la comunidad internacional a Fayulu, que radica en su expectativa de que un nuevo Gobierno implique nuevas políticas y una mejoría y estabilidad en la RDC y en la región, va a ser determinante en la resolución de esta disputa. Igualmente, la presión mediática, con investigaciones como la del Financial Times que probó las irregularidades, tendrá un gran impacto informando a la población y permitiendo la movilización de los congoleses para tener el presidente que democráticamente han elegido. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha informado de que al menos 34 personas han muerto, 59 han sido heridas y 241 han sido víctimas de arrestos arbitrarios desde que los resultados se hicieron públicos.

Pero terminar con el mandato antidemocrático de Kabila no va a ser fácil. La comunidad internacional y las fuerzas regionales van a tener que mostrar unidad y robustez ante Kabila. No se puede olvidar que es el hombre que lleva nada más y nada menos que 18 años controlando el escenario político de la RDC.