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Desentrañando el Día de la Hispanidad: ¿nada que celebrar?

Con la hispanidad como fiesta nacional, España blanquea el legado del Imperio y dificulta las relaciones con Hispanoamérica

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España ha hecho de la hispanidad su fiesta nacional. Sin embargo, blanquea el legado del Imperio y dificulta las relaciones con Hispanoamérica, donde tampoco hay consenso sobre la festividad. Repensar los mitos nacionales es clave si se quiere forjar una identidad común.

La hispanidad es, cuando menos, un concepto controvertido. Ha perdido protagonismo en las celebraciones del 12 de octubre: mientras que en España es la base de la Fiesta Nacional, cada vez menos países la festejan. Es el Día de la Nación Plurinacional en México, de la Resistencia Indígena en Venezuela, del Encuentro de Dos Mundos en Chile o del Respeto a la Diversidad Cultural en Argentina. Aunque por definición la hispanidad reúne a pueblos que comparten lengua y cultura, y aunque se organicen fiestas en Madrid para celebrarla, su vinculación al nacionalismo español es problemática.

El concepto está marcado por el imperialismo: tres siglos en los que España hunde sus raíces como Estado nación y en los que dominó buena parte de América recurriendo a la violencia y la esclavitud. El legado imperialista, que también abarca los aportes culturales, sigue marcando el nacionalismo español y los latinoamericanos, frágiles ante las contradicciones que les plantea. Este legado imperial ha recuperado defensores en los últimos años y dificulta plantear una hispanidad alternativa. 

Los problemas de la hispanidad

Hablar de “hispanidad” es hablar de la identidad que comparten España e Hispanoamérica. Sin embargo, ligarla al nacionalismo español plantea problemas. Primero, es un concepto referente a otra época. Revivió hace un siglo para sustituir la celebración de la “raza española”, que priorizaba factores étnicos, por resaltar la lengua, la cultura o la religión católica común. Sus impulsores principales fueron el sacerdote Zacarías de Vizcarra o el ensayista Ramiro de Maeztu. Siguiendo esa idea, el régimen de Franco oficializó el cambio de “Día de la Raza” a “Día de la Hispanidad” en 1958. Y ante la “confusión al coexistir distintas fechas”, como admite la ley de 1987, la actual democracia española escogió como Día de la Fiesta Nacional el 12 de octubre: la llegada de Cristóbal Colón a América como origen de la hispanidad. Un evento fuera del país.

En segundo lugar, como todos los mitos nacionales, el del 12 de octubre puede desmontarse. De entrada, la noción de “descubrimiento” ha sido discutida, pues América ya estaba poblada. Además, la conquista y colonización involucraron a británicos, portugueses, franceses, holandeses o italianos. Por otra parte, la celebración de esta fecha surgió como reacción a Estados Unidos. En 1892, Washington anunció que celebraría el cuarto centenario de la llegada de Colón a América. El Gobierno español respondió reclamando esa fecha como fiesta común a las naciones hispanas y estableció el 12 de octubre como día de su Fiesta Nacional en 1897. Coincidía con el fin del Imperio, que perdería Cuba y Filipinas, sus últimas colonias, al año siguiente. El mito imperial necesitaba un sustituto y España eligió su legado: la hispanidad.

Finalmente, ese legado no se entiende sin el imperialismo: el dominio español sobre otros pueblos durante tres siglos. La expansión de la cultura y lengua españolas y de la religión católica se volvieron un orgullo, como haber sido un imperio donde “no se ponía el sol”. Sin embargo, la “civilización” de América como base de la hispanidad esconde la muerte de millones de indígenas y la esclavitud. El colapso demográfico indígena se debió tanto a enfermedades como a enfrentamientos y la dominación española. Las denuncias de religiosos como Bartolomé de las Casas motivaron las Leyes de Burgos para proteger a los indígenas, pero no impidieron los abusos y legalizaron su dominio. Además, la evangelización borró expresiones culturales y creencias previas, y el comercio de esclavos africanos existió hasta finales del siglo XIX.

Mapa imperio español

Con todo, buena parte de la historia del mundo se ha construido con violencia. Los Estados actuales son el resultado de siglos de guerras, expansión colonial, competencia por los recursos y la dominación de unos sobre otros. El problema es cuando omiten o exaltan esa violencia para construir y mantener una identidad nacional. Así, la España firmante de la Declaración Universal de los Derechos Humanos o defensora del principio de no intervención choca con la defensa del legado imperial que promueve su nacionalismo.

Orgullo, poder y críticas: las reacciones hispanoamericanas

Entretanto, Hispanoamérica nunca ha sido un bloque monolítico, por lo que la visión de la hispanidad varía y ha evolucionado en cada país. Buena parte de la región celebró el 12 de octubre como Día de la Raza o con relación a la hispanidad a lo largo del siglo XX. En México o Argentina, por ejemplo, había a principios de siglo unas élites que reivindicaban esa herencia como parte de su identidad. De hecho, los textos de Zacarías de Vizcarra y Ramiro de Maeztu bebían de su estancia en Argentina. Sin embargo, el auge de movimientos indigenistas y decoloniales en las décadas siguientes criticó ese legado impuesto. Los debates son distintos entre países: no es lo mismo Guatemala y Bolivia, con un 40% de población indígena, que México o Colombia, donde hay más mestizaje, o Argentina y Costa Rica, donde hay menos indígenas.

Pese a esas diferencias, los nacionalismos latinoamericanos comparten su mito fundacional en la independencia del Imperio español. Esa idea común, lejos de tensar las relaciones con España, sirvió para combatir el expansionismo estadounidense en la región. Por un lado, “lo hispano” se contraponía a lo anglosajón. Por otro, servía a las élites para legitimarse como gobernantes frente a otros grupos sociales: ocupaban el poder porque eran descendientes de quienes lo habían ocupado antes. De hecho, Argentina, Chile, Perú o Colombia continuaron reprimiendo a los indígenas décadas después de sus independencias.

Por su parte, el indigenismo y los discursos decoloniales perdieron fuerza en el contexto de las dictaduras de mediados de siglo, pero resurgieron en los años noventa y principios de los 2000. El auge de líderes progresistas revisó esa relación con la hispanidad: Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y recientemente Francia Márquez en Colombia han puesto sobre la mesa nuevos discursos que defienden la diversidad cultural de sus países. Así, en los últimos años el 12 de octubre ha pasado a celebrarse como el Día del Respeto a la Diversidad Cultural en Argentina, el Día de la Resistencia Indígena en Venezuela, el Día de la Nación Plurinacional en México o el Día del Encuentro de Dos Mundos en Chile.

Los cuestionamientos a la hispanidad también han afectado las relaciones entre España e Hispanoamérica. El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador ha demandado que España pida perdón a los pueblos indígenas, pero el Gobierno y la Casa Real se han negado. No obstante, es una práctica diplomática bastante extendida. En 2021, por ejemplo, el rey de Países Bajos pidió perdón por el pasado colonial de su país. Esto plantea varias preguntas: ¿tendría que pedir perdón la sociedad española mediante sus representantes o sólo la Corona? ¿Es justo que los españoles pidan perdón por actos de sus antepasados? Más aún cuando millones de personas en América comparten esa ascendencia y los Gobiernos han abusado de indígenas y afrodescendientes. De hecho, los de Chile o Canadá han pedido perdón por ello.

El mapa de las civilizaciones precolombinas

Exigir perdón también ha sido una medida electoralista de líderes como Chávez u Obrador. Apelan a un electorado con un pasado remoto de explotación, pero los Estados americanos actuales son los responsables desde hace dos siglos de las condiciones de vida de sus ciudadanos. Por otro lado, el perdón es un gesto simbólico que puede reconciliar a varios países o a un país con su propia historia. Sin embargo, mientras España siga celebrando el 12 de octubre como Fiesta Nacional, la disculpa quedará en papel mojado.

El renacer del nacionalismo imperialista

El legado del Imperio va más allá de las celebraciones: en los últimos años se ha vuelto un pilar ideológico de la derecha española. El partido ultraderechista Vox alude con frecuencia a la labor civilizatoria en América y a la grandeza de la hispanidad. Sin ir más lejos, su líder, Santiago Abascal, posó con el libro Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu. Pero esta defensa también es cultural, con ensayos como Imperiofobia, de Elvira Roca Barea, o el documental España: la primera globalización, donde autores, historiadores y políticos defienden el legado imperial. Si bien tratan de aportar una perspectiva histórica, el resultado blanquea toda esa etapa. También se ve en la cultura pop: con su musical Malinche, sobre la consejera indígena de Hernán Cortés, Nacho Cano quiso “sacar la parte buena” del imperialismo español.

Esta defensa del Imperio responde a dos amenazas al nacionalismo español. Una viene de la crítica decolonial: desde el lema “nada que celebrar” sobre el 12 de octubre, hasta el derribo de estatuas de Colón u otros personajes. Para los nacionalistas españoles, estas acciones vienen de la “leyenda negra”, la idea que vincula al Imperio español con la dominación, la muerte y el atraso. Los responsables de expandirla serían los competidores de España, es decir, los otros imperios europeos de la época y sus herederos. Hoy en día es la “angloesfera”, representada por Estados Unidos y el Reino Unido. Sectores más radicales incluso señalan al “globalismo” de la Agenda 2030, que ahoga “lo español” con la multiculturalidad.

La segunda amenaza son los nacionalismos periféricos, en especial el independentismo catalán, que cuestionan la unidad de España. La cuestión territorial, el regionalismo y la plurinacionalidad muestran la fragilidad de España como nación inquebrantable. Para sostenerla, se recurre a los mitos del Imperio en busca de un sentido histórico. Pero esta reacción a veces consigue el efecto contrario: evidencia esa fragilidad al intentar combatirla. También limita el debate sobre los aspectos negativos y positivos de la hispanidad. Impone una narrativa inamovible, impidiendo que el concepto avance y genere más consenso.

¿Es posible una hispanidad alternativa?

La respuesta sencilla es que sí, pero requiere cambios profundos a ambos lados del Atlántico. Para empezar, la hispanidad debería dejar de ser “españocéntrica”. Para ello, España tendría que dejar de verla como su principal orgullo nacional y aceptarla como una realidad supranacional donde caben otras historias y sensibilidades. Una forma de hacerlo sería dejar de celebrar la Fiesta Nacional el 12 de octubre y buscar otra fecha. Una candidata es el 6 de diciembre, Día de la Constitución de 1978, que inaugura la democracia actual. También está el 19 de marzo, por la Constitución de 1812, la primera democrática y propiamente española. Otra candidata es el 2 de mayo, por las revueltas populares contra la ocupación francesa en 1808.

También se puede seguir conmemorando el 12 de octubre, pero de forma diferente. Un ejemplo sería sustituir el desfile militar por actos oficiales que celebren el patrimonio cultural compartido: la lengua, la literatura y las artes. España también podría seguir el ejemplo de los países hispanoamericanos y renombrar la efeméride o resignificarla hacia el “encuentro de culturas” o la “diversidad cultural”. Todo ello alejaría la hispanidad de la reivindicación del imperialismo, pero también requiere repensar todo el nacionalismo español. Para que exista otra hispanidad, debe existir otro relato nacional.

El debate también afecta a los países hispanoamericanos. Por un lado, cada uno tendría que reconciliar sus diferencias históricas, culturales y económicas entre lo hispano y lo indígena y afrodescendiente. Es un proceso lento, ya que estas son las poblaciones más pobres e invisibilizadas. El reconocimiento de Estados plurinacionales, como Bolivia, ya es un paso, pero asegurar que además sean igualitarios supone un gran reto. Incluso en ese proceso puede que los países no quieran participar de esa hispanidad supranacional, o puede que para participar de ella tengan que ganar relevancia internacional para marcar agenda. Para ello tendrán que coordinarse, algo que décadas de fracasos en la integración latinoamericana anticipan difícil.

Por último, construir una hispanidad distinta requiere que los países involucrados se reconozcan como iguales. Pero esto abre otras preguntas: ¿es posible esa igualdad con condiciones económicas, sociales y geopolíticas tan dispares? ¿Son compatibles unas repúblicas con la monarquía de la que se independizaron? ¿Les interesa a los países hispanoamericanos contribuir a esa identidad común? ¿España podría conjugar la hispanidad con el europeísmo? Todas esas cuestiones plantean retos. Hasta que no se afronten, la hispanidad seguirá siendo sinónimo de identidad común, pero también de imperialismo y desunión.

16 comentarios

  1. Expandir comentario
    JOSE LUIS GARCIA PACHECO

    Empezamos por lo de “latinoamericanos” ¿?. La creación de universidades, ignorada. Que México llegara a ser tal vez la ciudad más importante del mundo como centro neurálgico del comercio mundial, sin duda no tiene importancia. El Real de a Ocho, como moneda global. Que el guaraní y otras lenguas perduren 500 años después. El mestizaje. El hecho de preguntarse en medio de una conquista sin los indígenas “son seres humanos” como los propios españoles y reconocerles derechos..
    Tengo ganas de ver el próximo artículo de Dº Alba, esta vez sobre el Imperio Romano. Como nos describe el imperialismo expansivo romano, la campañas militares con cientos de miles de muertos, la imposición del Latín, crucifixiones y persecuciones religiosas, y más cositas “fascistas”. Entiendo que ese sí que es un imperio y una historia “blanqueados”, ¿verdad?

    Decepcionado

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      Jorge Sanchez Seijo

      Estoy absolutamente de acuerdo con este comentario. La autora no hace más que insistir en la leyenda negra que persigue a la Hispanidad desde hace siglos. Afortunadamente ya somos muchos los que nos revelamos contra esto.

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    Helena González Valero

    Acabo de volver a ser suscriptora de EOM. No creo que pase de este primer mes. La Sra. Alba Leiva me ha hecho saltar en mi asiento en dos artículos de portada: el antisionista sin sonrojo y el del “blanqueo” español del imperialismo al celebrar la hispanidad.
    Me gustó esta publicación por la grande e interesante aportación de datos, mapas e infografías . No creo que ya me valga.
    Adiós, Orden Mundial

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    Helena González Valero

    Repito el comentario: la sra. Leiva, con este artículo acerca del “blanqueamiento” del imperio español y el abiertamente anti-israelí (más que anti-sionista ) me acaba de bajar de mi suscripción recién reanudada a EOM.
    Los mapas no me merecen la pena si he de leer en portada estos análisis tan absolutamente sesgados . Como artículos de opinión son tan válidos como otros cualesquiera , pero no es esto lo que espero de EOM.
    Para eso ya estoy suscrita a tres periódicos.

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    Juan Domínguez López

    Antonio Escohotado, uno de los grandes sabios del mundo en los siglos XX y XXI dice lo siguiente. Ver enlace dura menos de un minuto
    https://youtube.com/shorts/TIj6pTn0F_8?si=em4aHhQvDgFfPjvU

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    Antonio García Cid

    Bien.
    Con este artículo estoy en desacuerdo en varias cosas, trataré de explicarlo y no parecer un «nacionalista exacerbado» ni nada por el estilo.

    En primer lugar lo de buscar un consenso, me parece bien, hay que buscar consenso en las cosas, y precisamente en eso quiero hacer mi primer punto de vista.
    Creo que hay consenso en todos los historiadores en que no se puede ver la historia con los ojos actuales.
    Por poner un par de ejemplos, llamamos a la antigua Grecia la primera democracia del mundo pero creer que era una democracia tal y como la conocemos hoy sería un error. Que en España había esclavitud, si, y en los demás países, hoy nos parece aberrante, pero en la época estaba más que aceptado socialmente y era lo más normal del mundo.

    Teniendo en cuenta este punto, de que lo que pasó hace 500 o 2000 años con los romanos no lo podemos extrapolar al pensamiento actual paso al siguiente punto.

    España para bien o para mal siempre ha ido de la mano del resto de Europa, o mejor dicho, lo que se hacía en España era lo que se hacía en el resto de Europa y viceversa. Y España ha sido y es todavía en muchos aspectos un país «romanizado» y con esto quiero hacer una pequeña comparación con el Imperio Romano. Todos hemos oído hablar de los libertos romanos, esclavos antaño del sistema romano que un día el «amo» libera e incluso presta su nombre y lo toma como hijo adoptivo y lo patrocina como comerciante. Así se han dado casos de libertos romanos que llegaron a ser muy ricos (hoy en día se puede visitar una casa en Pompeya de unos libertos que eran muy acaudalados)
    Pues bien, en España seguía habiendo ese mismo sistema esclavista, y podemos poner como ejemplo más notable a Juan Latino, un poeta licenciado en gramática y lengua latina en 1556 y que obtuvo una cátedra en la Universidad de Granada. Era de raza negra ¿quiero decir con esto que era un sistema esclavista «bueno»? No, era un sistema esclavista y no todos los esclavos tuvieron esa misma suerte desgraciadamente, pero intento ver las cosas con objetividad, poniendo pros y contras en la balanza.
    Solo una pregunta.
    ¿Cuándo se licenció el primer negro en una universidad estadounidense?

    Tercer punto.
    Las leyes de Burgos:
    Es cierto que no fueron muy eficaces en el Nuevo Mundo, hay que tener en cuenta la extrema dificultad de la época de legislar desde la península y hacer que las leyes fueran efectivas en América.
    Pero como se suele decir, la intención es lo que cuenta, y al menos hubo intención ¿no cree?

    Cuarto.
    El descubrimiento:
    Es cierto que América ya estaba poblada y que se han encontrado pruebas de que los vikingos habitaron Groenlandia e incluso parece que llegaron a costas de Canadá mucho antes que Colón.
    El mérito de este último no fue llegar antes, sino ser el primero en volver para contarlo.

    Y por último:
    Los actuales países y el perdón.
    Los actuales países llevan 200 años siendo independientes, siguen conservando lengua, religión y cultura hispánica. Y podrían haberla cambiado.
    Las lenguas aunque se pueden denominar muertas, se pueden rescatar, y me consta que en Perú hay algún intento de rescatar el quechua, y esto personalmente creo que está muy bien, que las distintas culturas prevalezcan.
    El tema es que si el quechua, por ejemplo no se ha perdido fue gracias a Fray Domingo de Santo Tomás, que se encargó de publicar la primera gramática de Quechua, se podrá decir que era para que los monjes lo aprendiesen y así evangelizar a las tribus peruanas, pero sería como decir que Edison inventó la bombilla para enriquecerse, el «lado oscuro» pudiera ser ese, pero el bien también está hecho.

    Y en cuanto a pedir perdón:
    Soy partidario de pedir perdón por las cosas que seguro que se hicieron mal, que fueron muchas, seguro, pero también creo que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
    La práctica totalidad de los países han sido alguna vez, conquistadores, y otras conquistados, y todos, absolutamente todos tienen un punto negro en su historia.
    Países que hoy nos pueden parecer ejemplares como Japón perpetraron auténticas atrocidades en China durante la segunda guerra mundial, hace poco se ha sabido que Dinamarca tuvo un programa secreto de control de natalidad a la población innuit de Groenlandia colocándoles un DIU a las niñas sin que ellas ni las familias lo supieran, esto fue en los 70, no hace tanto.
    Y no quiero hacer un «mal de muchos» con esto pero que empiecen los italianos a pedirnos perdón por la invasión romana y después los franceses, pero que ya le digo yo que no va a ser así, y como decían los Monty Python en la genial Vida de Brian ¿Qué han hecho por nosotros los romanos? al final llegaban a la conclusión de que mucho aunque les pesase.
    Hoy los países iberoamericanos también se podrían hacer esa pregunta, ¿Qué hicieron los españoles por ellos? y la respuesta sería las primeras escuelas, universidades y hospitales de América, todo eso también costó dinero y se quedó allí, algunos de esos edificios funcionando todavía.

    Por tanto, creo que es bueno ver con ojo crítico lo que hicieron mal aquellos españoles, pero no sería justo ver solo lo malo y no ver lo positivo, que estoy seguro que también lo hubo, y más de lo que creemos.

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    Adrian Fernandez Sabido

    Estudia más antes de escribir sandeces

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      Fernando Arancón

      Adrián, este comentario está totalmente fuera de lugar. En este artículo hay comentarios que discrepan con enorme respeto y argumentos elaborados. Te animo a que sigas su ejemplo. Un saludo.

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    JOSE ANTONIO ALARCON PAVIA

    Simplemente lamentable una visión tan sectaria del papel de España en América y el orgullo por lo que representa

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    JOSE ANTONIO ALARCON PAVIA

    Sinceramente tengo la impresión de que ha habido poca inversión en estudio de Historia en este artículo.Lleno de tópicos, el colmo es llamar progresistas a regímenes como el de Venezuela.
    No entiendo eso de que la extrema derecha se ha apropiado de los símbolos ligados al imperio español . Hay mucha gente tanto de derechas como de izquierdas que son capaces de distinguir entre las cosas positivas y negativas de la etapa española en América.
    Proponer que no se celebre el 12 de octubre y dar fechas alternativas me parece de una banalidad manifiesta.
    Mi problema como suscriptor es que me aparecen dudas sobre la equidad de otros artículos de los que no tengo los conocimientos como los de la Historia de América.

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    Creo que la autora del artículo se olvida de citar a D. Marcelo Gullo Omodeo, que nos da una vIsión muy diferente. Su última obra es muy clarificadora para desmontar la Leyenda Negra. Después de haber publicado Madre patria para reivindicar la acción de España en la conquista y colonización de América, en este nuevo libro Marcelo Gullo, prestigioso historiador argentino, mira la llamada leyenda negra desde el punto de vista de la actitud de otros países en situaciones parecidas a las que llevó a cabo el Reino de España, en la época histórica correspondiente.
    Una época en la que muchos países con salida al mar se plantearon expediciones para conocer mundo. Portugal, Holanda, Inglaterra organizaban incursiones tanto en África como después, en el nuevo continente, sin abandonar la búsqueda de un modo más corto de llegar a la tierra de las especias.
    Primeramente trae testimonios de la época que hagan sospechosos de parcialidad los escritos de Bartolomé de las Casas, así como incoherencias de su modo de vida. Es conocido que la Reina Isabel acogió a los indios traídos a España por Colón como súbditos de pleno derecho de la corona de Castilla.
    El autor relaciona en gran medida el auge de la leyenda negra con la aparición del protestantismo, que aparte de cuestiones de fondo, tuvo el entusiasmo de los príncipes alemanes contrarios a un Carlos I plenamente identificado con la herencia de la Reina católica. El protestantismo y el calvinismo, ambos anticatólicos y antiespañoles difundidos en las zonas colonizadas por Inglaterra u Holanda.
    Sin dejar de reconocer que es más que posible que se produjeran abusos explica de manera muy extensa las múltiples, sistemáticas y legales tropelías cometidas por todos estos países que no admitieron ningún género de igualdad con los pueblos que habitaban anteriormente los territorios.
    El libro parece una presentación de los desmanes cometidos desde la época de la conquista hasta casi nuestros días por la intolerancia de los planteamientos de estas otras naciones.
    Está escrito de manera clara y ágil. Aunque tanta maldad, no falta de razón, deja el espíritu algo tocado.
    Público general, interesado en la historia de América.

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    Francisco Javier Butragueño Bravo

    Es un articulo bastante elaborado pero desde mi punto de vista cargado de mucho “presentismo”.
    Creo que ayudaría mucho mas a los articulos sobre este tema, tratar de presentarlos lo mas historicamente y contextualizados en su momento, que siempre haciendo referencia, en uno u otro sentido, al momento de hoy y sobre todo, al momento ideologico de hoy en dia.
    Y en estos analisis y artículos, casi siempre echo de menos comentarios la evolución de los paises de America en los dos ultimos siglos, es decir cuando se han gobernados ellos mismos.
    Por ejemplo comprarando todo los acontecimientos que han pasado y sufrido en Europa en los siglos XIX y XX, y como está ahora, y comparandolos con los paises de Hispanoamerica, y como estan ahora, en mi opinión, creo que han perdido una oportunidad historica de estar muchísimo mejor que se encuentran ahora en muchos aspectos, pero sobre todo en el aspecto social y en el aspecto económico.

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    Marcos Ruiz Escudero

    Buen artículo, que algo como la fiesta nacional sea objeto de discusión creo que en sí mismo demuestra que no es la más adecuada de las fechas y las conmemoraciones. Intentemos encontrar otro episodio histórico del que todos los españoles nos podamos sentir orgullosos. La de la primera Constitución creo que sería perfecta, ¡Viva la Pepa!

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    Marta Font Merino

    Ahora varios autores reivindican el dejar la historia negra a un lado y dejar la vergüenza atrás. Ciertamente no podemos juzgar como se actuó y si era legítima la colonización .
    Estoy de acuerdo en pro de ser puente entre Europa y Latinoamericana cambiar la fecha del 12 de octubre para celebrar nuestro día nacional. Pequeños detalles que suavizará el encrispamiento de muchas personas. Pedir Disculpas siempre es positivo, y como ejemplo la Iglesia Católica podría empezar como signo de humildad hacia las personas que tuvieron que bautizarse y renegar de sus creencias.

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    David Esteban Serrano

    Estuve escuchando el Podcast relacionado sobre el Día de la Hispanidad que publicasteis el 12 de octubre. Me gustaría recomendaros un libro que desentraña el concepto de nacionalismo español: es «Mater Dolorosa: La idea de España en el siglo XIX», de José Álvarez Junco, editado por Taurus en 2001. Álvarez Junco es quizá uno de los historiadores mayores expertos en nacionalismo español.
    El libro es un tocho de casi 700 páginas, pero de verdad que es muy ameno de leer. Desentraña cómo se ha ido conformando el nacionalismo español, primero respecto a otros nacionalismos, paralelismos y diferencias, las casuísticas particulares, los hechos que han conformado toda la simbología… Y por supuesto, entra en todo esto que llamamos Hispanidad y el 12 de octubre.
    Recomendadísimo, de verdad.

  14. Expandir comentario
    Cristian López Calderón

    ¿Por qué no puedo descargar PDF este artículo?

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