Disculpas políticas

La diplomacia del perdón o cómo los países piden disculpas por crímenes del pasado

Desde 1947 se han producido 346 disculpas políticas por violaciones de derechos humanos. El 72% han sido emitidas desde el año 2000
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Un gesto tan cotidiano como pedir disculpas en política puede adquirir una importancia trascendental. Puede, de hecho, tardar décadas en llegar, especialmente si el arrepentimiento supone admitir un error histórico del Estado y la vulneración de los derechos humanos de un colectivo concreto. A pesar de ello, desde comienzos de siglo muchos países con pasado imperialista o con importantes violaciones de derechos humanos a sus espaldas han comenzado a mirar con otros ojos a su historia y han tratado de reconciliarse con las naciones y minorías que un día sometieron a través del perdón.

Es el caso, por ejemplo, de las disculpas públicas en 2007 de Shinzo Abe, ex primer ministro de Japón, por el uso de la esclavitud sexual por parte de las tropas de su país durante la Segunda Guerra Mundial. O las del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, en 2017 por el fallo histórico de su país a la hora de respetar los derechos de los indígenas, la «gran vergüenza» de Canadá.

Según los datos del Political Apologies Across Cultures Project, un estudio que cuenta con el apoyo económico del Consejo Europeo de Investigación, desde 1947 se han producido 346 «disculpas políticas ofrecidas por un Estado o un representante estatal a un colectivo por violaciones de derechos humanos ocurridas en los últimos años o un pasado lejano». De todas ellas, 249 —el 72%— han sido emitidas desde el año 2000 en adelante y 143 —el 41%— desde 2010.

No todas, eso sí, han sido explícitas: tan difícil continua siendo pronunciar la palabra «perdón» para los líderes mundiales que muchos discursos políticos de disculpas la omiten y optan en su lugar por enrevesadas locuciones que vienen a significar lo mismo pero son más digeribles para el orgullo nacional. Ejemplo de ello es la visita de Emmanuel Macron a Ruanda en 2021, donde reconoció la «responsabilidad abrumadora» de Francia en el genocidio de 1994 y en el “engranaje que condujo a lo peor”, además de su «deuda» con las víctimas, pero evitó pedir perdón explícitamente —como sí hizo Bélgica hace ya más de dos décadas—.

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Entre los países que más veces han pedido disculpas desde 1947 destacan Japón, donde los dirigentes aún tienen muy presentes los abusos que cometió su país durante su época imperialista —desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial—; Alemania, que continúa pidiendo disculpas por las atrocidades cometidas por el régimen nazi; Reino Unido, por su uso de la esclavitud; y Estados Unidos y Canadá, aunque en su caso son las minorías nacionales las que más perdones han recibido.

En el extremo opuesto, los colectivos más mencionados en este tipo de discursos —pronunciados principalmente en conmemoraciones y visitas diplomáticas— son los judíos, ya sea en alusiones al Estado israelí o a toda la comunidad que sufrió la persecución del Holocausto; las tribus indígenas, desde los mapuches chilenos a los inuit de Groenlandia o los aborígenes de Australia; los surcoreanos, a quienes Japón pide frecuentemente disculpas por la ocupación de su país durante 35 años —desde 1910 hasta 1945—; las mujeres, a las que por ejemplo el Estado irlandés pidió perdón por obligar a madres solteras, jóvenes consideradas problemáticas o analfabetas a trabajar gratis en lavanderías regentadas por monjas a lo largo del siglo XX; o los esclavos.

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