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La crisis del diésel llega a Europa, pero en el mundo ya se gestaba al menos desde hace dos años. Según recopiló la BBC, en más de noventa países hubo manifestaciones por la subida del precio de los combustibles entre enero de 2021 y septiembre de 2022. Los camiones se acumulaban en las gasolineras de Argentina, y la falta de diésel en Sri Lanka provocaba el verano pasado apagones históricos y las disculpas públicas del ministro de Energía. Ya en enero los camioneros colombianos se manifestaban contra el Gobierno, mientras que en Pakistán los precios del diésel vaticinan una nueva crisis económica.
Esta situación apunta a agravarse con el veto de la Unión Europea al crudo ruso que a partir de este 5 de febrero incluye a sus derivados. La medida dañará aún más la oferta de combustible en el mercado comunitario y global. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ya ha advertido que algunas regiones de Europa podrían sufrir escasez de diésel este verano y que se avecina una crisis mayor que la de 1973.
Diésel: menos exportado y más caro
Si en los meses pasados la crisis energética era por el gas, ahora preocupa el aumento del precio del diésel. Es el combustible que utilizan vehículos pesados como autobuses, camiones que transportan alimentos o barcos y ferrocarriles de mercancía, y las industrias para su maquinaria. La producción petrolera global y con ella la de diésel había caído en 2020, con la economía confinada por la pandemia. Cuando empezó la recuperación, muchos países en Europa, Asia y Norteamérica tuvieron que agotar sus reservas.
Con la reapertura económica desde 2021, el barril de petróleo incrementó su precio y con él sus derivados. Mientras el barril de petróleo Brent aumentaba de 45 euros en enero de 2021 a más de 76 en enero de 2023, superando los cien euros a mediados de 2022, el diésel pasaba de 1,09 a 1,69 euros por litro, con picos de más de dos euros. Sin embargo, tras la caída del precio del petróleo, el del diésel no hizo lo propio y ha seguido más alto que la gasolina.
Esta tendencia continúa por razones puntuales, como las huelgas en las refinerías francesas y la reducción de las exportaciones estadounidenses, y de fondo, como la falta de capacidad de refinado de Occidente. La guerra en Ucrania tensó aún más el mercado en 2022, pues Rusia es el mayor exportador de productos derivados de petróleo, mientras que Europa dependía un 46% del diésel ruso antes de la invasión. Y el único país que parecía librarse por su amplia capacidad de refinado, China, redujo sus exportaciones argumentando los compromisos climáticos, aunque más bien parece haber preferido conservar sus recursos.
De la invasión rusa a las huelgas en Francia
En un mercado energético tenso, la Unión Europea ha encarado la guerra en Ucrania y retos internos. Por un lado, el enfrentamiento con Rusia ha hecho que esta interrumpa el suministro de gasoil a Europa, generando escasez de diésel. Las refinerías de Hungría, Austria o Alemania han sufrido interrupciones de producción por falta de suministro. Mientras que Alemania, Austria, Suiza y Hungría han decidido liberar sus reservas durante los próximos meses, Bulgaria o Eslovaquia, más dependientes del diésel ruso, han solicitado exenciones a Bruselas para seguir importándolo de allí al menos hasta encontrar sustitutos.
Si bien Europa había reducido su dependencia del diésel ruso a un 27% el pasado enero, antes del nuevo veto, sus refinerías se han especializado en refinar petróleo ruso y no es fácil adaptarlas a otro suministro. La Unión mantuvo gran parte de las importaciones de diésel ruso en 2022, unos 600.000 barriles diarios, y las refinerías europeas aumentaron a finales de año las importaciones totales de energía rusa para asegurar su suministro. Mientras tanto, Francia pasó de refinar 1,2 millones de barriles al día hasta 2021 a enfrentar huelgas en sus refinerías como parte del descontento social. Las huelgas han paralizado el 60% de la producción de diésel y han forzado a comprar petróleo al exterior mientras el país reduce su propia oferta.
Ante este panorama, Europa ha vuelto la vista a Estados Unidos, del que ahora obtiene la mayoría de su combustible, aunque más caro. No obstante, las reservas de diésel de Estados Unidos llegaban a mínimos históricos de cara al invierno y el país ha comenzado a reducir sus exportaciones. Otros esperan que la salvación europea llegue de tres grandes proyectos en Kuwait, Nigeria y México que estarán listos a finales de 2023. En cualquier caso, es poco probable que el diésel ruso desaparezca, pero la Unión Europea tendrá que pagar más. Ya sea porque China lo revenda más caro, o porque tenga que hacerse con el diésel ruso a través de reexportaciones de otros países que hayan mantenido su vínculo con Rusia, como India o Brasil.
El motivo de fondo es la transición energética
Como en otras crisis, más allá de los motivos puntuales hay razones de fondo para la escasez y el aumento del precio del diésel. Occidente lleva décadas sin construir una refinería y ha invertido poco en las que tiene. El CEO de Chevron, Mike Wirth, afirmó que Estados Unidos ni siquiera tiene alicientes para construir una nueva, y Europa ha perdido en la última década un 10% de su capacidad de refino. Por su parte, el investigador del CSIC, Antonio Turiel, aseguró que después del pico de producción global de diésel en 2015, que se mantuvo hasta 2018, esta se ha reducido en un 15%.
El compromiso de muchos países por reducir el uso de energías fósiles ha desincentivado la inversión en el sector. Restricciones regulatorias y penalizaciones fiscales las hacen menos rentables. La situación no tiene visos de cambio, pues la Unión Europea está limitando la venta de vehículos diésel. El problema es que en la propia Unión los vehículos que consumen diésel son todavía un 42%, un dato que sube al 90% en Grecia, o al 60 y 70% en Países Bajos, Chipre, Lituania o Letonia. Mientras las recomendaciones energéticas de las instituciones europeas apuntan a reducir el uso de este combustible y a apostar por las renovables, los ciudadanos afrontan una transición para la que aún no parecen preparados.
La Agencia Internacional de la Energía ya ha advertido que el mercado del diésel está prácticamente en déficit permanente. Las existencias no han dejado de caer: en Europa se han reducido hasta su nivel estacional más bajo desde 2008, y en Estados Unidos están en el nivel más bajo desde 2005. La Unión Europea quiere impulsar la transición energética, pero afronta nuevos retos hasta alcanzarla. Para ello apuesta por las renovables y combustibles de respaldo como el gas, intentando eliminar otros más contaminantes como el carbón o más polémicos como la nuclear. Sin embargo, incluso con los buenos pronósticos sobre las renovables, son varias batallas energéticas al tiempo. El diésel es solo la más reciente.





