Desde que llegara al poder, Bolsonaro ha sido criticado por las posiciones políticas que tenía de cara al Amazonas y su falta de respeto por la protección del medioambiente. Ya en 2012 —cuando era diputado federal— fue interceptado y multado por pesca ilegal por agentes medioambientales en una reserva ecológica en el estado de Río de Janeiro. Uno de los agentes al mando de la operación era José Augusto Morelli. Tiempo después, en mayo de 2018, Morelli pasó a ocupar el puesto de jefe de la División de Operaciones Aéreas del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA), responsable de perseguir las actividades ilegales en la Amazonia. Tras la victoria de Bolsonaro Morelli fue destituido de su puesto y la multa de Bolsonaro revocada. El caso de Augusto Morelli es una buena metáfora para entender el espíritu que ha movido la política medioambiental de Bolsonaro y su entorno: quitarse de en medio a las personas que puedan causar problemas para poder desarrollar políticas a su antojo.
Desde hace unas semanas Brasil vive una de sus peores olas de incendios de los últimos años. Se han registrado 74.155 focos entre el 1 de enero y el 18 de agosto —un 82% más que en 2018—. La concentración de focos en los estados de Rondonia, Acre y Paraná han hecho saltar todas las alarmas a nivel mundial. Sin embargo, estos incendios no han surgido de la nada, sino que son parte de una ola de fuego que arrasa la Amazonia desde la llegada del presidente al poder.
Para ampliar: “La deforestación del Amazonas”, Teresa Romero en El Orden Mundial, 2019.
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