Coronavirus, ¿un nuevo clavo en el ataúd de la Unión Europea?

Falta de coordinación, de iniciativa y de valentía. Incluso abandono. Esas son las sensaciones que en los distintos países de la Unión Europea se asocian a la gestión de comunitaria de la crisis del coronavirus. Esta emergencia sanitaria podría haber sido una buena oportunidad para que Bruselas redimiese errores anteriores, pero todo apunta a que tomará el camino opuesto, acentuando la crisis que ya vive el proyecto europeo en otros frentes.
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Coronavirus, ¿un nuevo clavo en el ataúd de la Unión Europea?
Fuente: elaboración propia.

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A menudo se le atribuye a Churchill una frase que probablemente nunca dijo: “De derrota en derrota hasta la victoria final”. La cita quedó como ejemplo de la resignación ante la adversidad frente a tiempos mejores que están por venir. La dijese o no el primer ministro británico, esta frase bien podría estar en boca de los actuales dirigentes de la Unión Europea o, al menos, en su forma de actuar: 2020 está siendo un año oscuro para las instituciones comunitarias. Apenas tres meses desde el inicio del año, la Unión ya ha recibido tres golpes importantes: en enero se consumó el brexit, la primera salida de un país miembro en siete décadas de integración; y en febrero se produjo un nuevo conato de crisis migratoria en el Egeo que puso de manifiesto la debilidad de la UE frente a países como Turquía.

Sin embargo, la última crisis es más grave. En marzo, el coronavirus golpeó de lleno en Italia y España, agravado por una llamativa inacción de las instituciones comunitarias. Durante la primera semana de marzo, los casos aumentaron por toda Europa y los países comenzaron a adoptar medidas de forma unilateral sin ningún tipo de coordinación. Mientras en el norte de Italia cerraban escuelas y cines, unos pocos kilómetros al norte, en el Tirol austriaco, un resort de esquí funcionó durante dos semanas como foco de contagio a media Europa, a pesar de que las autoridades de Viena fueron avisadas. De poco habían servido las reuniones que los Gobiernos europeos mantuvieron durante el mes de febrero buscando la coordinación en materia sanitaria: Italia se descontrolaba, España le seguía y ni la Comisión Europea ni otros socios parecían dispuestos a echar una mano. 

Quizá eso evidenció que los Gobiernos no estaban preparados para la crisis y que temían que ayudar al vecino supusiese perder el control en su propio país. Alemania y Francia, por ejemplo, acapararon todo el material sanitario disponible en sus territorios; en el caso alemán se llegó incluso a prohibir la exportación. Bruselas criticó esta decisión, pero no tanto por la insolidaridad, sino por suponer una distorsión del mercado único. Finalmente, Berlín recapacitó un par de semanas después y, además de levantar la prohibición exportadora, ofreció su ayuda a Italia. La epidemia también ha afectado a la libertad de movimiento de personas por la Unión: a finales de febrero varios Estados miembro estaban de acuerdo en que no era necesario cerrar las fronteras italianas; menos de dos semanas después Italia cerró sus fronteras para detener la propagación.

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Fernando Arancón

Madrid, 1992. Director de El Orden Mundial. Graduado en Relaciones Internacionales por la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Especialista y apasionado de la geopolítica.