Estados Unidos ha descabezado a los regímenes de Venezuela e Irán en menos de dos meses. Para China son dos piezas relevantes en el suministro energético y en la resistencia al orden occidental, y Teherán ha sido su socio más firme en Oriente Próximo. ¿Sus respuestas? Limitarse a condenar el uso de la fuerza en Venezuela y resaltar la “amistad incondicional” con la República Islámica. Pero Pekín ni intervino para sostener a Nicolás Maduro ni va a hacerlo para sostener el régimen de los ayatolás.
China no es Estados Unidos: más que alianzas, teje relaciones comerciales a largo plazo. Involucrarse militarmente en regiones lejanas no está en sus planes. Menos aún cuando la ofensiva sobre Irán desgasta a Washington en la competición que mantienen por el liderazgo global. Eso le permitirá a Pekín sacar rédito económico una vez el conflicto se resuelva mientras le despeja el terreno en Asia-Pacífico.
Irán es clave para China, pero tiene alternativas
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