Los videojuegos han supuesto una revolución en el mercado de las nuevas tecnologías: no solo se han convertido en un sector cuyo crecimiento económico es difícil de predecir, sino que cada vez abarcan más espacio en el entretenimiento de nuestras sociedades. Son muchos los países que han visto cómo una forma de entretenimiento que no estaba muy asentada ha crecido enormemente en los últimos años. El mejor ejemplo es China, que se ha convertido en el peso pesado de la industria. El país asiático no es solo el mayor mercado en términos económicos —en torno a un tercio del total de los ingresos mundiales—, sino también poblacionales: actualmente en China hay casi 620 millones de jugadores activos.
Sin embargo, en marzo de 2018 el Gobierno chino dejó estupefactos a todos cuando congeló a nivel nacional el estreno de nuevos videojuegos. ¿Por qué el mercado más grande del mundo ponía trabas a este sector? Pekín necesitaba reorganizar la regulación sobre qué se publicaba y qué contenido iba a tener. Videojuegos sí, pero no sin adaptarse a los estándares que marca el Gobierno chino.
El poder del juego
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