En las primeras tres semanas tras la publicación de los documentos desclasificados del pederasta Jeffrey Epstein, veinticinco millones de personas los han consultado sólo en Jmail, una plataforma que permite leer sus correos como si estuviéramos en su bandeja de entrada. Tiene algo de morboso: es asomarse a la mente de un monstruo, pero también entrar en un mundo aparte. Un mundo de lujo, riqueza e impunidad.
Entre los más de 3,5 millones de documentos de la base de datos del Departamento de Justicia sobre Epstein hay 399 menciones de Ibiza, 1.331 de Mónaco y 1.418 de Bahamas. Pero hay muchas más de las palabras prosecutor (‘fiscal’, 2.123) y settlement (17.344), el término legal que se usa en Estados Unidos para referirse a un acuerdo por el que las partes evitan ir a juicio. Los documentos salpican a figuras políticas y económicas nacionales e internacionales, incluidas las casas reales británica y noruega.
Esos acuerdos son una de las muchas herramientas legales que permitieron a Epstein escapar de las consecuencias de sus actos durante tanto tiempo. Herramientas que están sobre todo al alcance de los más ricos, de los miembros de esa élite que él supo mejor que nadie cultivar, agradar, manipular, estafar y probablemente también chantajear. Así, durante casi toda su vida, desde que era el profesor más popular de un colegio de niños ricos hasta que se colgó en su celda cuatro décadas después.
Suscríbete a EOM para seguir leyendo este artículo
Lo que pasa en el mundo te afecta. Comprenderlo es más necesario que nunca
Continuar
Anual · Cancela en cualquier momento